BIBLIOTECA

DE

HISTORIA HISPANO-AMERICANA

EL DESCUBRIMIENTO DEL ESTRECHO DE MAGALLANES

BIBLIOTECA DE HISTORIA HISPANO- AMERICAN A

BAJO LOS AUSPICIOS DE

S. M. EL REY DON ALFONSO XIII

PRESIDENTE HONORARIO

S. E. Monseñor Francisco Raconesi,

Nuncio de Su Santidad. CENSOR eclesiástico

R. P. Alfonso Torres, S. J.

DIRECTORES FUNDADORES

ExcMos. Sres. Conde de Cedillo-, D. Antonio Ballestergs y Beretta y D. José María Rivas Groot.

DELEGADO CENTRAL Sr. D. Jaime Torrubiano Ripoll.

COLABORADORES

Excmos. Sres. Alba (Duque de); Altolaguirre (D. Ángel); Avellaneda (D. Marco A. B^cker (D. Jerónimo); Beltrán y RózpiDE (D. Ricardo); Blázquez (D. Antonio); Bonilla y San Martín (D. Adolfo); Deleito y Piñuela (D. José); Echegaray (D. Carmelo); Ibarra (D. Eduardo); Lozoya (Marqués de); Mon- tes DE Oca (D. Ignacio), Obispo de San Luis de Potosí; Pacheco DE Leyva (D. Enrique); P. Pastells (D. Pablo); Pereyra (Don Carlos); Planas (D. Simón); Rubio y Lluch (D. A..«.onio); Rubio (D. Julián María) T'Serclaes (Duque de); Urrutla (D. Francisco José), y Zabala (D. Pío).

BIBLIOTECA DE HISTORIA HISPANO-AMERICANA EL DESCUBRIMIENTO

DEL

ESTRECHO DE MAGALLANES

EN CONMEMORACIÓN DEL IV CENTENARIO

POR EL

RvDO. P. Pablo Pastells

de la Compaiía de Jesiis CON LA COLABORACIÓN DEL

RvDO. P. Constantino Bayle

PARTE PRIMBRA

MADRID

SOCBSORES DH RiVADKNEYRA (S. A.

Artes Gráficas Paat* de San Vicente, aún. 20

1920

nii .

CENSURA ECLESIÁSTICA

NIHIL OBSTAT

fridericus Cervós, S. J.

Cens. ecclts.

imprimí POTEST Joannes Cañete, S. J.

^¿mtpoiitus Provintiae lolctantu.

IMPRIMATUR

Prudenfius,

f Episeopus Matritensis-Complutensis.

A LA

INMACULADA CONCEPCIÓN

DE LA SIEMPRE VIRGEN MARIA

MADRE DE DIOS

SOBERANA EMPERATRIZ DE CIELOS Y TIERRA

VICTORIOSA REINA DE LA PAZ

DEDICAN ESTA OBRA

SU AUTOR Y COLABORADOR

19890 u

£s propiedad de la Sa- ciedad de Historia Hispa- no-americana.

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,, Virgen del Retablo, de medio relieve, de la aiiligna Sala de la Contratación de Sevilla.

RAZÓN DE ESTE LIBRO

Este año se celebra el cuarto centenario de uno de los acon- tecimientos más portentosos realisados por los hombres. El por- tugués Fernando de Magalháes, al servicio de España, descu- bre en 1520 el brazo de m,ar que separa dos océanos y penetra en el piélago inmenso descubierto años antes por el extremeño Vasco Núñez de Balboa. La escuadrilla expedicionaria surca las ignotas aguas del Pacífico y explora las islas de Gceania. Muerto su jefe, regresa a Europa, después de haber circun- navegado el Globo. Magallanes puede ser considerado , como el nauta genovés, uno de los más intrépidos navegantes de la His- toria. Su obra gigantesca permanecerá en los fastos del pasado ^ntre las grandes audacias del espíritu humano.

La Biblioteca de Historia Hispcmoamericana quiso figurar en el certamen de los festejos conmemorativos, y encomendó la empresa de representarla al insigne investigador P. Pastells, que ha consumido los mejores años de su vida rebuscando no- ticicts en los legajos de nuestro riquísimo Archivo de Indias. Nadie podía desempeñar con más acierto tam importante come- tido. Documentos inéditos, de primera muño y en profusión exornan el estudio del sabio jesuíta, prueban sus afirmaciones, esclarecen hechos dudosos y dan a conocer sucesos y detcUles ignorados.

Dueña la Sociedad de tan valioso manuscrito, no ha perdo-

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nado sacrificio para lograr ilustrarlo con numerosos grabados, facsímiles y retratos, adicionando una hermosa tricromía. Por especial deseo del autor se han tirado aparte 500 ejemplares de gran lujo, sin finalidad venal, destinados, en su mayoría, a los congresistas que acuden a Punta Arenas. Estos ejempla- res fueron costeados por un millonario español (i).

Con estos dos volúmenes dedicados a los descubrimientos del Estrecho, la Sociedad brinda a los suscriptores y al público en general el trabajo más completo que hasta hoy existe acer- ca de tan transcendentales exploraciones.

{i) De estos ejemplares, la composición y los grabados los costeó la Sociedad, y el papel, el acaudalado Mecenas mencionado.

PRELIMINARES

Sabido €s que el descubrimiento de América estuvo fuera de todo cálculo humano. Colón, en su arriesgado viaje, tropezó al acaso con la infranqueable barrera del continente que, co- rriéndose de polo a polo, cerraba el paso a sus carabelas: tan lejos pjidaba el gran marino de pensar en América, que murió en la persuasión de que las tierras por él descubiertas eran el Gran Catayo, colindante con la verdadera India ; visitada luego por Vasco de Gama en 1498 y conquistada por las armas por- tuguesas. De ahí que extendiera a ellas el mismo nombre, e Indias se llamaron las nuevas islas y el Continente por él ha- llados.

Durante la Edad Media, el comercio de piedras preciosas, especería y perfumes orientales llegaba a Europa por Vene- cia. Las expediciones marítimas y terrestres de los portugue- ses los iban acercando poco a poco a aquellos centros de rique- za: por mayo de 1487 salieron de Lisboa Pedro de Cobillán y Alonso Paiva para investigar el paradero y estados del Preste Juan: Cobillán llegó hasta Goa y Cananor, y pudo dar cuenta autorizada de aquellos centros comerciales; y sabida la muer- te de Paiva, dio la vuelta por Abisinia, para ver de encauzar por allí, en beneficio de su patria, el comercio de la especería.

Cuando los héroes de Os Lusiadas, vencido por Bartolomé Díaz en 1484 el Cabo Tormentoso y la furia del Océano In- dico, arribaron a Calicut y volvieron cargados con los ricos

productos orientales; Portugal concentró su actividad y su es- píritu aventurero y magnánimo en la conquista de aquellos países, conquista comercial sobre todo que levantó al diminuto reino a esplendorosa altura.

Pero la navegación hasta aquellas partes era por demás peligrosa y molesta: las calmas equinocciales, los aires malsa- nos de Mozambique, los ciclones índicos acababan irremisible- mente con gran parte de las naves y navegantes, y las rique- zas allegadas a fuerza de sudores quedaban con harta fre- cuencia en el fondo de los mares.

Cristóbal Colón anduvo de Corte en Corte brindando su proyecto de hallar ruta más corta y más fácil; sólo la magná- nima Isabel de Castilla le dio oídos; los sabios desconfiaron de él, no precisamente porque creyeran el proyecto contrario a las Sagradas Escrituras, como han dicho algunos subjetivistas con sobrada ligereza o ignorancia, sino porque los argumentos de Colón nada probaban, ni se fundaban en otra cosa que en su concepto equivocado sobre la magnitud de la Tierra. La Rei- na Católica lo apoyó, y la fortuna, o hablando en cristiano, la Providencia de Dios le puso delante el Nuevo Mundo, cuya grandeza no quitó los deseos de la otra conquista de Oriente.

Colón repitió sus viajes en busca del paso a la Especiería, y tras él se lanzaron otros innumerables descubridores (i) como.

(i) La principal causa de haber enviado nuevos descubridores aun en vida de Cristóbal Colón fueron ios disgustos habidos entre éste y eS Visitador Diego de Bobadilla, aunque se procuró por los Reyes Cató- licos zanjarlos y sobreseer el pleito que a consecuencia de ellos S'e siguió en Valladoilid, cediendo en gran parte a las pretensiones de Colón; du- raron, sin embargo, hasta más allá de su muerte, y fueron caaisa de que después se variara la política del Rey Católico D. Fernando,, asesorado por el Arcediano de Sevilla D. Juan de Fonseca, quitando en absoiuto el dominio de las islas y tierra firme a sus descendientes, como se dedu- ce de la R. C. despachada en 15 12, en que se responde a unas cartas del Almirante D. Diego Colón, amonestándole que no se ponga en pre- eminencias de poea substancia, cuales eran las de querer poner y quitar a su arbitrio los capitanes ; pues sabe que cuando los Reyes txiandaron al

De izquierda a dereclia: Sr Director del Archivo de Indias, Rv'do. P. Pastells, S. J. V segundo Jefe del citado Areliivo.

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por ejemplo, Alonso de Ojeda y Diego de Nicuesa (i), Juan de la Cosa (2), Juan Díaz de Solís, Vicente Yáñez Pinzón y Amé-

Comendador Fr. Nicolás de Ovando por gobernador de la isla Española fué "a causa del mal recahdo que vuestro padre se dio eiv ese cargo que vos tenéis, y estaba toda alzada y perdida, y huibo quie darllc ol cargo absoluto porque no había otro remedio; por ahora, las cosas de esas partes las entiendo yo como las de Castilla, para que los vasallos estén como naturalles y no como esdavos." (A. de I., I39-I-4, üb. 3, fol. 250 vuelto, y lib. 4, fol. 222.)

Ya en vida misma de D. Cristóbail Collón, y hallándose él ocupado en di descubrimiento de las islas y tierra firme del Nuevo Continente, pro- siguieron otros sus descubrimientos, unos hacia el Norte, otros hacia el Sur, y aun en la misma costa central del mar del Norte.

En el citado Archivo de Indias se halla una R. C. de 1512 a Diego Colón para que él y los oficiales envíen al Adelantado su tío a poblar la provincia de Veragua y tener la gobernación en la tierra que fué des- cubierta por eil Almirante su padre, y no más ; pues lo que no descubrió está pendiente do la determinación del Consejo (139-1-5. 'Hb. 4, fol. 46).

De aquí se deduce que solamente la provincia de Veragua se conce- dió a los descendientes de Colón. Este fué eíl origen, en nuestro sentir, deil Ducado de Veragua.

Gustará a este propósito a nuestros lectores conocer la Genealogía de D. Cristóbal Colón hasta fines del siglo XVIII. Véase el fotogra- bado adjunto.

(i) Alonso de Ojeda, vecino de Cuenca, hizo asiento con los Re- yes Católicos en Medina del Campo a 30 de septiembre de 1504, para ir a su costa con dos o tres navios a la isla de las Perlas y Golfo de Urabá, y en lio que descubriese había de construir algunas fortalezas y pueblos, y para ir por capitán de su gente. En el mismo^ año se le nom- bró Gobernador de la tierra de Cuquebacoa y Urabá, desde el Cabo del Isleo hasta dos Copos, que es otro Caibo al Oeste del Golfo' de Urabá. En 1 5 10, contra la pretensión de Diego de Nicuesa, se resolvió que dicho Golfo estaba en la parte de Urabá, y, por lo tanto, perteneciente a la gobernación de Ojeda. Este pasó con Grijalba a Nueva España, y se halló en su conquista con Hernán Cortés, haciendo -a campaña a su costa. (Archivo General de Indias de Sevilla. 139-1-4, iibs. i, 2. 3, 4. In- diferente general, informaciones y probanzas, 1508-1528.)

Véase sobre Nicuesa (Diego), la Real cédula de Burgos, 9 de junio de 1508. Trata del asiento que se tomó con él y en nombre de Alonso de Ojeda para ir al Golfo de Urabá y Veragua; debía hacer cuatro forta- lezas, sería capitán Nicuesa en la parte de Veragua, y Ojeda en la de Urabá, pero éste había de llevar por su teniente de capitán a Juan de la Cosa. (139-1-1, lib. de Capitulaciones, fol. 3 vuelto.)

(2) Juan de la Cosa. Dice ser vecino del Puerto de Santa María. En 3 de marzo de 1503 se le dan 61.320 mrs. por salario y mejoría de 6U pilotaje. Por R. C. de 3 de abril die 1503 se le concede el título de

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rico Vespucci (i), los Niño (2), Cristóbal Guerra (3), Diego de Lepe (4) y Vasco Núñez de Balboa.

Alguacil mayor del GoUfo de Urabá, en Alcalá de Henares. Hízose con é! concierto por los Reyes Católicos en Medina del Campo, a 14 de fe- brero de 1504, para ir a dicho Golfo, isla de Has Perlas, para rescatar oro, plata, piedras preciosas, y llevar guamines, ropas y cosas de ailgodón a la isla Española, ordenándofl'e envíe relación de lo que descubra, y fa- cultándole para hacer poblaciones, y se 'le manda sea capitán de la gen- te que lleve consigo. En 1509 se le da licencia para que pueda llevar con otros dos una carabela con bastimentos y atavíos de casa a la isila Es- pañola. Murió trágicamente a manos de los indios en la costa que des- pués fué de Cartagena de Indias, por él descubierta. En 2 de abril se manda dar a su viuda, para ayudar al casamiento de una hija, atento a los servicios de su padre, 45.000 mrs. (139-1-4, Hib. i, f." 124.)

(i) Véase, sobre Vicente Yáñez Pinzón, el asiento que se tomó con él en Granada, a 5 de septiembre de 1501, sobre las islas y Tierrafirme, que había descubierto; dice que es vecino de Palos, y a su costa por mandado de los Reyes, fué con parientes y amigos a descubrir a las In- dias, con cuatro navios, y descubrió a Santa María de *a Conjo. ación y Rostro Hermoso ; siguió la costa al NO. hasta el río Grande, que llamó Santa María de la Mar Dullce, y siguiió hasta d Cabo de San Vicente, por !o cual se le nombra capitán y gobernador de dichas tierras, y ten- drá la sexta parte de todos los metales y ostras, y si dentro de un año va con otra expedición tome Has cviatro quintas partes, sacados los gas- tos ; pero no ha de sacar esclavos. Llevará personas que, en nombre de S. A., asistan y guarden los resicates, que se traerán a Sevilla o Cá- diz ; al salir se presentarán en Sevilla, y todos darán fianza de cumplir lo asentado, y la gente que lleve le obedecerá como capitán. (Indife- rente General. Registros generalísimos. 139- 1-4, lib i, fol. 36.)

Existe además una Real Cédula expedida en Toro, en 13 de marro de 1505, a los oficiales Reales de la Contratación de Sevilla: que hagan el asiento con Amérigo Vespuche y Vicente Yáñez, que para descu- brir dicen ser necesarias cuatro carabelas: una de 150 tJ.ieles, otra de ICO, dos de 60 y dos barcos, que será bien comprar y aderezar, y sean proveídos por dos años, y la gente, pagada por cuatro meseü, según Amérigo, la navegación será de mucho provecho.

En 24 de abril del mismo año se ordena que tenga ;a Capitanía y Corregimiento de ^ isJa de San Juan, y se manda al gobernador le re- ciba juramento.

El mismo día se le da la Tenencia de la fortaleza, que ha de cons- truir a su costa en dicha isla, y con 50.000 mrs. (139-1-4.)

De 6 de diciembre de 1513 hay una Real CéduJa que dice así: "El Rey: Vicente Yáñez Pinzón, porque de tal persona como la vuestra hay necesidad para ir en esta armada que agora mandamos ir a Cistilla del Oro, con Pedro Arias Dávila, nuestro Capitán general della; por

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Esle, acompañado del indio Comagre, tuvo al fin la fortuna de descubrir el mar del Sur, el 25 de septiembre de 15 13, y

ende, Yo vos mando y encargo que por mi servicio os dispongáis a me servir en Ha dicha armada, y vais en ella con el dicho Pedrarias, y en todo hagáis lo que él de mi parte vos mandare con la buena diligencia y voluntad que siempre tovisteis para me servir, de que en ello me ser- viréis.—Yo el Rey." (109-1-5, lib. i, foll. 128.)

En Carta del Rey a los oficiales de ila Contratación, de 14 de marzo de 1514, dice: "Vicente Yáñez Pinzón escribe que está muy indispues- to para poder ir en esta jornada, y me suplicó .le licencia para que se quede a curar; si no está en disposición para buenamente poder ir, dad lugar que se quede y procurar de enviar otro en su lugar, porque diz que la armada va algo falta de piílotos. (109-1-5, (lib. i, fol. 161.)

En 23 de marzo de 1508 se despachó R. C. en Burgos, la cual contiene la capitulación concertada con Vicente Yáñez Pinzón, vecino de Moguer, y Juan Diaz de Salís, vecino de Lepe, ambos pilotos; y en ella Se dice que saldrán de Cádiz y que Díaz de Soilís dirigirá la nave- gación y derrota ; que no tocarán en tierra del Rey de Portugal, y que al saltar en tierra obedecerán a Yáñez Pinzón como capitán. Iban a des- cubrir el canal o mar abierto para trasladarse ail mar del Sur, con orden de que ail volver podían recalar en lia isl'a Españdla, y habían de entrar en España en el puerto de Cádiz. (139-1-1, lib. de Capitulaciones, fol. i.)

En 1510 se manda a los oficiales de la Contratación que tomen juramento a Amérigo que nO' ha de dar a ninguna persona aviso ni carta de marear de las Indias sin mandato de S. A. (139- 1-4, lib. 3, foí. 16.)

Hay otro llamado Mister Juan Vespuche, piloto, el cual, con Juan Díaz de Solís, piloto mayor, hicieron por orden de S. M. un padrón general de Indias descubiertas y por descubrir, y los pilotos que van a las Indias han de llevar un traslado de él, y en 1512 se manda que sólo pueda sacarlo y venderlo, con licencia de S. M., Vespuche y el piloto Andrés de San Martín. (139-1-4, iib. 3, fol. 325.)

El mismo año se manda a Juan de Solís y Vespuche que amboi. se junten con líos más pilotos que se pudiere en la Contratación, y los dos hagan el "Padrón Real de todas las Indias", e" pergamino, y se ponga en la dicha casa pana que todos los pilotos se rijan por él en sus viajci y éstos den noticias de todas las nuevas tierras que hallaren para aña- dirlas a él. (ídem, lib. 3, fol. 327, y Jib. 4, fol. 170.)

En 1551 se manda al Tesorero de la Casa de la Contratación de Se- villa, pague a este capitán, que fué a descubrir Tierrafirme, 32.182 mrs., que se le debían de sueldo por su viaje. (139-1-4, lib. 3, fol. 296

y 298.)

(2) Según información hecha en la Audiencia de Guatemala por Alonso Venegas, clérigo, en 1551 consta que Juan Niño, su abuelo y padre de Leonor Niño, su madre, fué con Cristóbal Coilón en la primera armada que se hizo para el descubrimiento de América, de capitán con un navio suyo, a su propia costa, y sólo volvieron dos, el de Colón y el

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tomó posesión de él en presencia de otros sesenta y siete ca- balleros hijo dalgo y hombres de bien, cuyos nombres y a|>e-

d* Pinzón. Este Niño se halló en d descubrimiento de la isla Española y otras sujetas a ella, donde estuvo más de veinticinco años, y fallecié en el servicio de S. M.

Andrés Niño fué la primera persona que descubrió, conquistó y po- bló la Tierrafirme, y abrió eíl camino que v^ desde el Nombre de Dios a Panamá, y fué el primer descubridor que hubo en eil mar del Sur, y fué con la armada de Pedrarias Davina para Tierrafirme; por su in- dustria se descubrió la provincia de Nicaragua y toda aquella costa hasta Teguantepec, y murió atravesando la Tierrafirme desde el puert» de Caballos para Nicaragua, en compañía del capitán Gil González Dávila.

Aíonso Niño acompañó al gobernador Antonio Sedeño en la pacifi- cación de la Trinidad y otras islas y fué muerto por los caribes, habiend» servido a S. M. más de treinta años.

Francisco Niño, recién llegado de España, estuvo en el puerto de Caballos con Gil González Dávi'la, desempeñando el cargo de Alcalde mayor de la Armada, y falleoió en «1 mismo puerto. (A. de I. Patro- nato, 1-2-6, 26.)

(3) Véase el Memoriall, hecho por Cristóbal Guerra en Sevilla a 28 de septiembre de 1509, tocante al asiento que había hecho de construir siete carabelas para ir al descubrimiento de la isla de ilas Perlas, y en el que pide que se reduzcan a cuatro navios que tengan el mismo bu- íjue. (A. de I. Patronato, i-i-i, 26.)

4 Lepe (Diego de). Vecino de lia villa de Palos. Asiento que tomó con él en Granada a 14 de septiembre de 1501 : "Que a su costa callafatee dos o tres navios para llevar a Indias, y pueda rescatar oro, pilata, otros metales, joyas y piedras preciosas, trayéndolo todo a Se- villa o a Cádiz ; siea el capitán de la gente que lleve ; (los navios carguen y descarguen en Cádiz, y dando fianzas de cumplir ío dicho se le guar- darán todos sus derechos. (Indiferente. Registros generalísimos. 139-1-4, lib. I, f6l. 29 vuelto.)

Vecino de !a villa de Palios, que va a descubrir. Reail Cédula de Gra- nada, despachada en 16 de octubre de 1501, mandando a Gonzalo Gó- mez de Cervantes, Corregidor de Jerez de Ja Frontera, poner en Oos na- vios de Lepe un escribano en cada navio, que lleve libro y razón de los rescates y compras que se hagan. (139-1-4, flib. i, fol. 64 vuelto.)

Real Cédula a Gonzalo Gómez úe Cervantes, despachada en Ecija a 17 de noviembre de 1501, para que Lepe no lleve, como quería, más na- vios que los capitulados. (Fo'. 69.)

En 30 deil mismo mes se prorroga a Lepe eJ término hasta el 30 de diciembre para hacer él viaje en cuatro navios. (Fol. 69.)

En 17 de enero de 1502 se le permite que además de los cuatro na- vios pueda llevar otro pequeño de 30 o 40 remos. (Fol. 77.^

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nidos refiere Gonzalo Fernández de Oviedo en su Historia de las Indias, libro XXIX, capítulo III (i).

La impresión que el suceso produjo en España consta por la Cédula Real, expedida en Valladolid a 20 de agosto de 15 14, y comunicada al gobernador y capitán general de Castilla del Oro, Pedrarias Dávila.

Dice asi:

"Alia avreis sabido como Vasco Nuñez llego hasta descu- brir la mar del Sur. Sera bien que por la mas corta parte y menos fragosa y que mejor sea probeyda y bastecida se hagan desde la villa de nuestra Señora Santa María del Darien hasta la dicha del mar del Sur tres o quatro Asyentos en las partes que paresgieren mas provechosas en el golfo de Vrava para atravesar y ollar la tierra de la una parte a la otra y donde con menos dificultad la gente pueda andar y en los lugares que pa- resgiere que son más sanos y tengan buenas aguas y asientos

(i) Son los siguientes: Andrés de Vera, clérigo; Francisco Pizarro, Diego Albitez, Fabián Pérez, Bernardino de Morales, Diego de Texe- rina, Chrisptobal de Valdebuso, Bernardino de Cienfuegos, Sebastián de Grijalba^ Francisco de Avila, Johan de Espinosa, Johan de Vdlasco, Be- nito Duran, Andrés de Mollina, Antonio de Baracaldo, Pedro de Esco- bar, Chripstobail Daga, Francisco Pesado, Alonso de Guadalupe, Her- nando Muñoz, Hernando Hidallgo, Johan Rubio de Malpartida, Alvaro de Bolaños, Alonso Ruiz, Francisco de Lucena, Martín Ruiz, Pascual Rubio de Malpartida, Francisco González de Guadalcama, Francisco Martín, Pedro Martín de Palos, Hernando Díaz, Andrés García de Jaén, Luis Gutiérrez, Alonso Sebastián, Johan Vegines, Rodrigo Velázquez, Johan Camacho, Diego de Montehermoso, Johan Matheos,, Maestre Alonso de Santiago, Gregorio Ponce, Francisco de la Tova, Miguel Crespo, Miguel Sánchez, Martín García, Chripstobal de Robledo, Chrips- tobal de León, platero; Johan Martínez, Valdenebro, Johan de Bras Loro, Johan Ferrol', Johan Gutiérrez de Toledo, Johan de Portillo^ Johan García de Jaén, Matheo Logano, Johan de Medellín, Alonso Mar- tín, esturiano ; Johan García, marinero ; Johan Gallego, Francisco de Lentín, siciliano; Johan del Puerto, Pedro Fernández de Aroche, Ñu- ño de Olano, de color negro; Pedro de Orduña, Francisco de Arias. ("Historia de las Indias", por Gonzai'o Fernández de Oviedo, Hb. XXIX, cap. III.)

Así lo certificó el escribano de SS. AA. que estuvo presente y dio fe de ello, natural de San Martín de Va'.deiglesias.

PARTE PRIMERA

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conforme a la ynstrucgion que llevastes y el asiento que se ouiere de hacer en el golfo de Sant Miguel en la mar del Sur debe ser en el puerto que mejor se hallare y mas convenible para la contratagion de aquel golfo. Y porque según lo que Vasco Nuñes escribe serian muy necesarios que ally aya algu- nos navios asy para descobrir las cosas del golfo y de la co- marca del, como para la contratación de rescates y de las otras cosas negesarias al buen proveymiento de aquello y para ques- tos navios aprovechen, es menester que se hallen alia: Yo vos mando que si con vos llevastes maestros que los sepan hacer deys orden como en el Asiento que se hiziere en el dicho Golfo se hagan luego tres o quatro caravelas al modo de Andalucía las dos, y las otras dos pequeñas, latynas como las de Portugal de hasta onze a doze toneladas; y puesto tengo por cierto que con vos llevastes maestros para hazer los dichos navios por- que en la prouisyon desto va mucho; enbyo a mandar a los maestros oíigiales de la Casa de la contratagion de las yndias que resyden en Seuilla, que luego se enbien los ofigiales y ma- teriales que fueren menester para hacer los dichos Nauios; que en esto no aya dilación ni se pierda tiempo, porque im- porta mucho hazerse con brevedad los dichos Navios; asy para que si rúan en lo susodicho, como para que por aquella parte en breve tiempo se descubra todo lo que se pudiere descubrir. Y esto del descubrir debéis encomendar a personas discretas y que sepan dello, tales, como se les deva confiar, y que en- tiendan en ello con toda diligencia y limpieza." (Archivo ge- neral de Indias, 109-1-5.)

En efecto, a partir ya de este descubrimiento se dejó sentir la suma necesidad de establecer la comunicación del mar del Norte con el del Sur.

De aquí nació escribe Navarrete (i) el cuidado con que el Gobierno encargaba la investigación de algún estrecho a

(i) Prólogo del tomr IV de 3os descubrimientos de las Américas.

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todos los navegantes y la vigilancia, y esmero con que éstos hacían sus reconocimientos en las costas del Nuevo Conti- nente por ambos mares. Cada río caudaloso, cada estrecho o bahía anchurosa, cada archipiélago o grupo de islas se les figuraba un estrecho; y de ahí tantas opiniones y tantas pro- puestas con que fatigaban al Gobierno durante aquel siglo y el siguiente. Después de los reconocimientos hechos por Colón, Cortés, Gil González Dávila, Francisco Hernández de Córdoba, Alonso de Pineda, y otros, ya se tenía conocimiento seguro en el año 1525, de que desde el golfo de Urabá hasta la Florida no había tal estrecho.

Entonces se intentó buscarlo en mayor altura, hacia la costa de Terranova o tierra de los Bacallaos, y salió de la Coruña, con este objeto, mandando una carabela, el piloto Esteban Gó- mez (i) ; pero regresó a los diez meses con nuevos desengaños, después de haber reconocido tierras no vistas por los navegan- tes anteriores.

Sobre el Estrecho, por la parte Norte, escribía Cortés ni

(i) El piloto Esteban Gómez (uno de los que llevó Magallanes, y que «e volvió con la nao de Mezquita) hizo asiento con el Emperador, en 1523, para que se armase una carabela de hasta 50 toneles, e ir a buscar por el mar del N. un estrecho a'l del S. ; salió eil' siguiente año; se ade- lantó bastante por la Costa de la Florida; pero sin lograr el fin volvió salvo a Castilla a los diez meses. (Petri Martyr, epist. 800. Gomara, ca- pitulo 40 y 102, fol. 15 y 46 b, Herr. dec. 3, lib. IV, cap. XX, pág. 143, y lib. VIII, cap. VIII, pág. 241.)

También Cortés intentó buscar este pasaje, con orden del Emperador, por huir de 'las quejas de los portugueses. (Her. ib., lib. 5, cap. 7, página 161.) Y antes que todos éstos y con el mismo fin Gaspar Cortés Reaks, en 1502. (Gomara, cap. 2>7- Fol. 14.) Por donde se ma- nifiesta la equivocación del capitán inglés Phips, que en la introducción de su viaje al Polo atribuye a su nación la primera idea de ir a las Indias Orientales por el N., fundado en un Memorial que en 1527 presentó a Enrique VIII un comerciante de Bristol. En la colección de los viajes holandeses, tom. I, pág. 261, no sólo se da noticia de Gómez, sino de otros anteriores a los ingleses, en una disertación al intento. Con el mismo fin de encontrar este estrecho, en las pacificaciones que hizo Cortés en 1522 de las provincias del Imperio mexicano, que baña el mar del S, por medio de sus capitanes AJlvarado, Sandovall, OUd y

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Emperador: "Está por descubrir la costa entre el río de Patines a la Florida... y desde allí a la costa de la dicha Florida por la parte del Norte, hasta llegar a los Bacallaos : porque se tiene por cierto que en aquella costa hay estrecho que passa a la mar del Sur : y si se hallase según cierta figura que yo tengo del parage adonde está aquel archipiélago, que descubrió Ma- gallanes, por mandado de vuestra alteza, paresce que saldría muy cerca de allí : y siendo Dios servido que por allí se topase el dicho Estrecho, sería la navegación de la Especiería para essos Reynos de V. M. muy buena y muy breve...: he deter- minado embiar tres Caravelas y dos Vergantines en esta de- manda, aunque pienso que me costará más de diez mil pesos de oro...

Asimismo pienso embiar los Navios que tengo hechos en la mar del Sur, que queriendo Nuestro Señor, navegarán en fin del mes de julio deste año de quinientos y veinte y quaitro por la misma costa abajo en demanda del dicho Estrecho: porque si le hay, no se puede esconder a estos por la mar del Sur y a los otros por la mar del Norte : porque estos del Sur llevarán la costa hasta hallar el dicho Estrecho o juntar la tierra con la que descubrió Magallanes y los otros dd Norte, como he dicho, hasta la juntar con los Bacallaos..." (i).

Por el Sur no se halló estrecho, porque no lo había, fuera del de Magallanes ; por el Norte, el de Anian se descubrió mu- cho después (2), y poco hubiera servido para el comercio de la

Andrés de Tapia, mandó reconocer toda la costa por si se hallaba este paso de ambos mares, y emprender por él el viaje a las isilas de las Es- pecerías, sin que de ningún modo puidies'en quejarse los portugaleses. Con este último objeto, en uno de los pnertos de CoHima,; mandó cons- truir buques, encargando mucho su pronto despacho a Olid. (Herr., dé- cada 3, lib. 3, cap. 17, pág. 105.)

(i) P. Cuevas. Carta IV de Hernán Cortés ai Emperador Carlos' V.

(2) Iviucho se habló en aquellos tiempos del estrecho dell Norte, y aun se fingieron relaciones de viajeros que aseguraban haberlo nave- gado. El Duque de Lerma, en oficio de Madrid, 29 Dic. 161 1, al Con- sejo de Indias, envía dos papeles que ha recibido S. M. del Virrey

Especiería. Pensóse, pues, en suplir el Estrecho por canal arti- ficial, y a este propósito se idearon no pocos arbitrios.

Don Antonio Herrera, en la Década IV, líb. III, cap. II, hablando de la laguna de Nicaragua y de la población que hay en la boca de ella, llamada desaguadero, donde había comen- zado a poblar Gabriel de Rojas, dice: "Ea cosa notable aque- lla laguna, por la grandeza, poblaciones e islas que tiene: crece y mengua; y estando tres o cuatro leguas de la mar del Sur, bacía sus aguas en la del Norte. Los que deseaban dar con- tento al Emperador, porque le veían inclinado a buscar camino para las islas de la Especiería decían que pues no se hallaba el estrecho que deseaban de la mar del Norte a la del Sur en la parte que más se habia pensado que le había, que era desde el golfo de Urabá hasta el desaguadero de Nicaragua : que se podía hacer paso de una mar a otra por una de cuatro partes: la primera por el desaguadero de esta laguna, por donde suben y bajan grandes barcas, aunque hay algunos saltos peligrosos, que abriéndose canal por aquellas pocas leguas que hay de la tierra de la laguna a la de la mar del Sur, fácilmente po- drían salir a la mar navios. La segunda por el rio de Lagartos que llaman de Chagre que nace a cinco o seis leguas de Pa- namá; las cuales se andan con carretas de que se ha tratado en su descubrimiento : y también decían que se podían cortar,

de Plandes, y en ellos se dice que Juan Huds-on navegó hacia el Fretum Davis, que está en 60° latitud, tiriando desde aquí hacia Groenlandia y tierra del Labrador, halló dicho Fretum o ribera de 150 ó 200 leguas largo y 25 ancho; a! cabo de la ribera se halló <en 51° en !a mar del Sur, porque de la r^ibera navegaron allí bien 45 leguas kjos hacia el Sur y hallaron una marea bien cinco brazas creciendo y menguando y corriente Oeste; pero se volvieron por amotinarse la gente del navio y por fallta de provisiones. Este navio lo armó la Compañía de las In- dias Orientales de Ing!'aterra, lo quería tener secreto, ell Príncipe de Gales lo protege, quiere continuar la navegación y contribuir para ella y prohibir que ningún otro navegue por alli, y para di negocio se ofre- ce ya un ciento por ciento. (Indiferente gral. Descripciones, etcétera, 145-7-7.)

para que la marea subiese por d Canal has>ta el rio de la Cruz o Teguantepec, por el cual traen y llevan barcas de una mar a otra los de la Nueva España con mercancías. La tercera, por el paso de Nombre de Dios a Panamá, en que afirmaban que aimque habia sierras, no habia gran dificultad en abrir camino. La cuarta, decían también que del golfo de Urabá a San Miguel no habia mas de 25 leguas y que aunque había dificultad, era mayor la potencia de los Reyes de Castilla y que con tal paso se escusaba la tercera parte de la navegación a la Especiería y se iría siempre por la demarcación de Castilla sin contradicción de nadie, escusandose muchos gastos y tra- bajo."

En Real Cédula de 6 de septiembre de 1521, expedida en Burgos al gobernador de Castilla del Oro, Pedrarías Dávila, decíale S. M.: que al poblarse la ciudad, el gobernador le ha- bía señalado términos muy extensos que en dicha Cédula se describen, y que a instancia de los vecinos los aprobaba y con- firmaba ; i>ero que "por cuanto placiendo a nuestro Señor en- tendemos mandar poblar en el comedio del camino de la dicha cibdad y la cíbdad del Daríen y las villas de Acra 3' el nombre de Dios y un pueblo para seguridad del dicho camino, y para la contratación que se espera que ha de haber, y la dicha po- blación ha de ser muy necesaria : entiéndese que en los medios de ellos ha de quedar un termino redondo de tres leguas en ancho y para que se edifique el dicho pueblo o lo que nos fuere mas servido mandar hacer ; de las cuales dichas tres l^ua?. la mitad quepa dentro de los dichos límites e términos que desuso van declarados a la dicha cibdad, e la otra mitad en los otros términos que con ellos se juntan, lo cual sera en la parte o lugar que pareciere a vos el dicho nuestro lugar teniente general o gobernador: e que las dichas tres leguas no entren ni sean término de las dichas cíbdades, ni villas, sino del pueblo que nos mandaremos proueer, no embargante que entren dentro de los dichos términos e límites, que como dicho

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es, están o estuvieren dados. Y que esta dicha merced y con- firmación no se entienda ni extienda en lo que toca a las dichas tres leguas de termino redondo. Por ende Nos vos mandamos a todos y a cada uno de vos, que en todo guardéis e cumpláis esta nuestra provisión merced e confirmación en ella conte- nida..." (i).

En 1524, refiere en el lugar citado Navarrete, vino a Es- paña el tesorero de la Armada Real, que bajo el mando del ca- pitán Gil González Dávila se ocupaba en los descubrimientos del mar del Sur, Andrés de Cereceda, con planos y cartas para presentarlos en la Corte, el cual dijo que, caminando por aquel país hacia el Poniente, separados tres leguas de la costa, ha- llaron un mar dulce en altura de 13° que crecía y menguaba alternativamente y se creía comunicaba con la mar del Norte, siendo de tierra llana para andar con carretas dos de aquellas leguas, y la otra capaz de habilitarse o disponerse para tran- sitar del mismo modo: que por aquella parte había en la mar del Sur dos buenos puertos, y que si se verificase haber salida a la del Norte se lograría facilitar y abreviar el viaje desde España a la Especiería (2).

En el capítulo V de la Instrucción dada por S. M. a D. Pe- dro de los Ríos, gobernador de Tierra firme, a 3 de mayo de 1526, se le encarga averigüe el paso más cómodo para el comercio de la Especiería por el mar del Sur, y que haga dos ca^s: una en Panamá y otra en la costa del Norte, para que de uno y otro punto se conduzca la especiería en carros o en bestias.

Alonso de Cáceres, contador de la Real Hacienda, comu- nica, por carta de 11 de febrero de 1528, el camino que se puede hacer desde Nombre de Dios a Panamá, y por R. C. de 31 de julio de 1529, manda S. M. tratar de este asunto.

(i) a. de I. 109- 1-5, :ib. I, fs. 298-299 vto.

(2) Ibdd. Patronato i-i-S, publicado por Navarrete.

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En su consecuencia, la ciudad de Panamá expone los per- juicios que se le irrogan de conducir a lomo los géneros por lo costoso de su transporte, y que no se podía hacer por el río Chagre y luego en carretas, a lo cual respondió la Empe- ratriz, esposa de Carlos V, por R. C. de 12 de marzo de 1532, que se enviasen al juez de residencia de aquella provincia, licenciado Gama, tres hombres prácticos del país para que, reconociendo los malos pasos de la ¡travesía desde Panamá a Nombre de Dios, procurasen limpiar el río Chagre haciéndo'le navegable hasta el punto más próximo a Panamá, y que desde allí se abriese un camino transitable para carretas, constru- yéndose a ambas orillas del río almacenes para cargar, des- cargar y custodiar los géneros que se condujesen para el tráfico.

Reiteró la ciudad de Panamá su instancia, pidiendo que la ciudad de Nombre de Dios (i) se trasladase cerca de la boca del río, y de Real orden se mandó, a 8 de marzo de 1533, in- formasen sobre ello el gobernador y oficiales reales de Tierra firme. Hízose, en efecto, la información de testigos ante el licenciado Gama, quien dijo ser conveniente limpiar el río, aderezar el camino y hacer las dos casas propuestas. Despa- chóse con este motivo otra Real Cédula en Toledo, a 20 de febrero de 1534, al gobernador de Tierrafirme, Francisco Barrio Nuevo, mandándole hiciese limpiar el río Chagre, gas-

(i) Nombre de Dios (ciudad). Reall cédula de Valladolid, 7 de diciembre de 1537. dándole por armas un escudo con efl campo celeste, con un puerto de mar en que haya una nao, sobre unas aguas azules, surta al puerto y cogidas sus velas y echadas sus áncoras, con una bandera encima de la gavia de da nao y una fortaleza de oro sobre e! puerto, que de la torre princi- pal y homenaje de ella salga una bandera cuadrada tendida de coJora- do, orlada de oro, que en el medio de ella esté una corona de oro real, y por oríla del escudo letras de oro, en campo colorada, que digan : "nomen menm foveat me", y por timbre y divisa un león coronado que tenga abrazado el escudo y coligado del cuello con una cinta de oro. (Audiencia de Lima. Registros de oficio. Reales órdenes 109-7-1, lib. 2, f.° 331 v.")

OESCJSNDIEÍÍTKS DE COLON

Árbol tomado del expedienta eobre la pertenencia del Satado de Veragua, que pratendíatn D. Marleino Colon y Sarraategui, el Duque da Ber- vik, el Marqués de 3a-n Leonardo y el da Belgida. Añadidas algunas notas .

( Indiferente general -- ■'^xpadlantes ■é instancias l''e7 á 790 -- 144 -6-3.

Árbol genealógico de Colón. (Figura 1.*)

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Árbol genealógico de Colón. (Figura 2.''(

Árbol genealóg:ico de Colón. (Figura 3.°>

Árbol genealógico de Colón. (Figfura 4.")

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tando en ello ha-sta mil pesos de oro, y con igual fecha se ordenó averiguar el modo de abrir la tierra y juntar ambos mares, el del Sur con el del Norte, por medio del río, aprecian- do el costo y las dificultades de esta empresa, enviándolo todo pintado a S. M., manifestando la parte con que contribuirían a su realización aquellas provincias (i).

El gobernador de provincia, Pascual Andagoya, contestó a S. M. desde el puerto de Nombre de Dios, en 22 de octubre de 1534, que este proyecto sólo podía aconsejarlo un hombre de cor- to talento y que desconociese aquel país; que, sin embargo, en el verano próximo, por no ser posible hacerlo en invierno, ejecuta- ría lo que S. M. ordenaba, y aseguraba que no había monarca tan poderoso en el mundo que pudiese lograr, con el auxilio de los habitantes de aquellos continentes, la unión de los dos mares, ni costear la empresa de abrir aquel paso hasta el río Chagre; pero que para habilitar y reparar los caminos de Nombre de Dios a Panamá y abrir el río Chagre hasta el punto donde se descargaban las barcas, a cinco íeguas de aque- lla ciudad, era preciso que S. M. mandase enviar cincuenta negros con sus mujeres, pues sólo así se conseguiría realizar y mantener esta empresa con poco gasto.

El P. José de Acosta, de la Compañía de Jesús, en su Historia Natural y Moral de las Indias, lib. III, cap. X, pá- gina 138 de la primera edición, publicada en Sevilla, decía a propósito de la apertura del canal de Panamá: "Han plati- cado algunos de romper este camino de siete leguas, y juntar el un mar con el otro, para hacer cómodo el pasage al Perú, en el cual dan mas costa y trabajo diez y ocho leguas de tierra que hay entre Nombre de Dios y Panamá, que dos mil trescientas que hay de mar. A esta plática no falta quien diga que sería anegar la tierra; porque quieren decir que el un

(i) Véanse sobre esto los Registros de partes de Tierrafirme que se hallan en el A. S. I. 109-1-5.

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mar está más bajo que el otro, como en tiempos pasados se halla por las historias haberse dejado de continuar p>or la misma consideración el mar Rojo con el Nilo en tiempo del Rey Sesostris y después del Imperio Otomano. Mas para tengo por cosa vana tal pretensión, aunque no hubiese d m- conveniente que dicen, el cual yo no tengo por cierto; pero eslo para mi que ningún poder humano bastará a derribar el monte fortísimo e impenetrable que Dios puso entre los dos mares, de montes y peñas durísimas que bastan a sus- tentar la furia de ambos mares...

Cesando, pues, de este cuidado de abrir la tierra y unir los mares, hubo otro menos temerario, pero bien difícil y peligroso de inquirir, si estos dos grandes abismos se junta- ban en alguna parte del mundo y esta fue la empresa de Fer- nando Magallanes, caballero portugués, cuya osadia y cons- tancia grande en inquirir este secreto, y no menos feliz su- ceso en hallarle, con eterna memoria puso nombre al estrc- dio que con razón por su inventor se llama de Magallanes."

Sin embargo, a pesar de las sumas dificultades aducidas por el P. José de Acosta y Andagoya, lo que los antiguos juz- gaban humanamente imposible; en estos últimos tiemipos, mer- ced a los adelantos de las ciencias físicas, químicas y me- cánicas, ha venido a ser un hecho consumado y justificada- mente comprobado.

:^ La obra grandiosísima del genio del inmortal Lesseps, aun- que salió triunfante con éxito esplendoroso en la terminación del Canal de Suez, fracasó, sin embargo, en el istmo de Pa- namá (i), y la perforación de los graníticos montes y la apertu- ra definitiva del Canal estuvo reservada a los industriosos nor-

(i) Antes, sin embargo, de dar principio a la abertura del cana! por Panamá, intentó Lesseps abrirlo por el Darién. A este propósito, creo será deÜ agrado de nuestras lectores copiar al pie de la letra en este lugar la hermosa carta que el Dr. D. Ernesto Restrepo, antiguo Direc- tor de la Academia Nacional de Oa Historia de la República de Colom-

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teamericanos, quienes, con inquebrantable insistencia e invir- tíendo en ello enormes capitales, han dejado expedito el paso de uno al otro mar, aun para los buques de mayor calado.

bia y dignísimo Cónsul actual de la misma en Sevilla, dirigió al P. Ni- colás Campos, y es como sigue :

"Sevilla, agosto 10-1920.— Rvdo. Padre Nicolás Campos S. J. Muy respetado y distinguido amigo : Mucho recuerdo !a conversa- ción que tuve con el R. P. Pastells acerca de un viaje que hice al Darién y que publiqué en el Repertorio Colombiano, del cual siento mu- cho no haber conservado ningún ejemplar. Coixretándome a los puntos que me señala usted en su apreciable de 5 del presente, le diré que e! proyecto de un canal entre los dos Océanos, por el Darién, fué estudia- do por la Comisión internacionail enviada por Mr. de Lesseps antes de dar principio a la abertura de! canal por Panamá. La componían dos ingenieros franceses, dos italianos, uno americano, uno inglés y otro colombiano. Casi todos optaron por la vía de Darién, pero los intereses ya creados por los americanos en el ferrocarril de Panamá y considera- ciones políticas para con los yankees, decidieron a Lesseps a adoptar la vía actual.

La vía del Darién consistía en unir los ríos Atrato o Darién del Norte, y el Tuyra o Darién del Sur. Entrando por él golfo de Juabá los barcos, debían remontar el Atrato hasta su afluente al Cacarica (Carriqui de los franceses). Entre eíl Cacarica y el Tuyra hay una estribación de la cordillera que separa las hoyas hidrográficas del At- lántico y el Pacífico, de poca elevación y corta extensión. En ella se debía practicar el canal que uniera los dos ríos, y los barcos, ayudados por Has fuertes mareas del Pacífico, vendrian al golfo de San Miguel.

Yo hice el viaje, en un día, desde las orillas del Tuyra hasta el Ca- carica, a pie, y regresé a! punto de partida, por mal camino y teniendo que atravesar varios torrentes.

Este proyecto, con sus allturas, planos y perfiles, está muy bien es- tudiando en la obra de Napoleón Wyse "Le Canal de Panamá", que sin duda encontrará usted en ías bibliotecas de Madrid y en un perió- dico de este mismo nombre que se publicó en París por líos años de 1876 a 78. Yo estuve en aquellas regiones el año de 1884, en busca de tas minas de Santa Cruz de Cano, que hallé y puse en explotación; iutgo pasé a estudiar las costumbres de los Cunas, a orillas deil río Vaya, afluente del Tuyra, y la curiosidad me llevó a ver la ruta que habían seguido los exploradores del Canal Internacional, pues tanto Reclus como Verbrughe (que también escribió sus viajes a Panamá y Darién), me habían entusiasmado a que fuera a conocer "la única vía posible para el canal a cido abierto", como ellos decíaa

Me sería muy grato si estos datos pudieran ser de allguna utilidad *1 R. P. Pastells (c. m. b.)

De usted atto. s. s. y amigo, Ernesto Restrepo Eirada."

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La descripción de esta portentosa obra nos la da minucio- samente detallada en un mapa gráfico, Eduardo Everet Win- chell, que, con ocasión de la Exposición universal de San Fran- cisco de California, celebrada para conmemorar el cuarto Cente- nario del descubrimiento del mar del Sur por Vasco Núñez de Balboa, publicó, para agasajar a sus abonados, la Compañía de las máquinas Remington. La explicación del mapa es como sigue :

"Cuando en 1492 partió Colón, su intención, era encon- trar un camino al Oriente por el Oeste; Balboa tuvo el mis- mo propósito y durante los últimos 400 años, españoles, por- tugeses, alemanes, holandeses, ingleses, franceses y america- nos han intentado hacer lo que la Naturaleza les negaba: un camino para los buques, uniendo a los Océanos Atlántico y Pacífico por el Istmo de Panamá, pero todos han fracasado.

Parece que los Estados Unidos ahora han conseguido el éxito. El canal de Panamá, desde el agua profunda del Atlántico hasta el agua profunda del Pacífico tiene 50,4 mi- llas de largo ; de una costa a la otra unas 40 millas. Unas 7 mi- llas están al nivel del Atlántico, y aproximadamente 8 millas al nivel del Pacífico.

El acceso, desde el Atlántico, es por un canal que tiene 500 pies de ancho y 41 pies de profundidad, a marea media, por la bahía de Limón a la presa de Gatún. Hay una serie de tres presas que levantan los barcos 85 pies hasta el nivel del lago de Gatún, un lago artificial de agua dulce que tiene una ex- tensión de 171 millas cuadradas. Por este lago, unas 33 millas hasta Bas Obispo, el canal tiene un ancho navegable de 500 a 1. 000 pies, y una profundidad de 45 a 85 pies. Desde Bas Obispo a Pedro Miguel, unas 9 millas por el Culebra Cut, tiene el canal un ancho de 300 pies y 45 de profundidad.

En Pedro Miguel, los buques bajan 30 pies al nivel del lago de Miraflores, donde pasan por una milla y media hasta las presas de Miraflores y allí bajan en dos tiempos 55 pies,

Vasco Núñez de Balboa, Adelantado.

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Autógrafo de Vasco Ni'iñez de Ballioa

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o sea al nivel medio del Océano Pacifico. Desde estas presas hasta el agua profunda del Pacífico, el canal tiene 500 pies de ancho y 45 pies de profundidad a la marea media. Hay una diferencia aproximadamente de 21 pies entre el máximo de la marea alta y de la marea baja, y por consiguiente, la profundidad del canal tiene una variación de 35 a 55 pies. En el Atlántico la diferencia máxima no pasa de 2 Y2 pi^s.

En el canal hay seis pares (12) de presas, cada una de las cuales tiene una longitud aprovechable de i.ooo pies y un ancho de 110 pies. Los tres pares en Gatún levantan en con- junto 85 pies ; el par de Pedro Miguel, 30 Va pi^s, y los dos pares de Miraflores, en conjunto, 54 ^/g pies. Las puertas de ias presas son de acero, y cada una tiene un espesor de 7 pies y de 65 de ancho, pero su altura varía de 47 a 82 pies; en conjunto, hay 92 planchas que pesan 57.000 toneladas.

Para mover estas puertas y remolcar los buques se emplea fuerza eléctrica, generada por la presión del agua producida por las presas de Gatún, usándose turbinas de agua. No se permite que ningún barco entre ni salga en las presas por su propia fuerza. Todos deben ir remolcados por locomotoras eléctricas.

Se emplearán cuatro de estas locomotoras, una por cada lado, a la proa y a la popa. El promedio de tiempo para pasar un buque por las presas se calcula en tres horas, y desde agua profunda a agua profunda, entre nueve a doce horas.

En todo el canal hay 22 ángulos o cambios de rumbo, pero también amplia provisión para que los buques, hasta i.ooo, puedan navegar fácilmente y con seguridad. La presa de Ga- tún se ha formado para recoger y retener las aguas del río Chagres y sus tributarios.

Tiene aproximadamente i ^/^ millas de largo, Yz milla de espesor a su base, 400 pies al nivel del agua del lago y 100 a la cima; está 115 por encima del nivel del mar y 30 encima del nivel normal del lago. Esta presa contiene unos 21.000.000

-se- de yardas cúbicas de piedras, hormigón y otras materias ; tiene puertas para regular el nivel del agua del lago de Gatún y mantener una profundidad uniforme del canal, por la parte central y más elevada del mismo, o sean 31,7 millas.

Miraflores es un pequeño lago que tiene una y media millas de largo y forma la unión entre las presas de Miguel y Mi- raflores."

Las únicas contrariedades que se experimentan son las are- nas movedizas, que se hallan formando capas debajo de las rocas graníticas cortadas para dar paso a las aguas proceden- tes del Océano hasta el Chagre; y las probables de las erup- ciones volcánicas o conmociones terrestres, que modifiquen aquellos terrenos y los imposibiliten de nuevo para la nave- gación.

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EXPEDICIÓN

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1

Preparativos.

Si grande fué la gloria de Cristóbal Colón que, lanzándose a través de mares ignotos, descubrió un nuevo continente, no fué menor la de Magallanes, cuando, conocida la existencia del mar del Sur por Vasco Núñez de Balboa en 15 13, se aven- turó en busca de otro novísimo mundo, después de atravesar el Estrecho que inmortalizó su nombre.

Natural de Oporto, hijo de Rui de Magallanes y M. de Sosa, y nieto de Pedro Alfonso de Magallanes, todos hidalgos, crióse en la Corte de Portugal al servicio de Doña Leonor, es- posa de Juan II, y de su hijo D. Manuel, que comenzó a rei- nar en 1495.

Ganoso de gloria, decidióse a conquistarla por el camino descubierto por Vasco de Gama, en la escuadra de 22 navios que llevaba el primer virrey de las Indias orientales D. Fran- cisco de Almeida. Asistió a la toma de Quiloa y de Mombaza, y en el naufragio que padeció una de las naos que volvían de Cochín a Portugal en los bajos de Padua, mostró su ánimo heroico y compasivo quedándose con los náufragos y haciendo prometer a los que se fueron que, en llegando a su destino, tnviarían por ellos.

Siendo capitán de una nao, hallóse en 15 10 con D. Alfon- so de Alburquerque en la toma de Malaca, donde salvó la vida general Diego López de Sequeira y su tripulación, y amparó <n ella a Francisco Serrano, acosado por la escuadra enemiga.

PARTE I-RTMKRA 3

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Aquel mismo año comisionóle Alburquerque para extender las conquistas de las Molucas. Antonio de Abreu, Francisco Se- irano y Magallanes, caída cual en su respectivo tajel, aporta- ron en región diversa ; llegando Abreu a la isla de Banda, Se- rrano a la de Lucopino y Magallanes a otras, distantes 600 leguas de Malaca. Encantado Serrano del país, adonde su suerte le había llevado, quiso atraer a él a Magallanes. Con su correspondencia concibió éste grandiosos proyectos, para cuya realización le era preciso trasladarse a Portugal. Eran éstos hallar ruta al Maluco por dirección opuesta a la seguida por los portugueses, o sea, caminando de Occidente a Oriente.

Inmensa barrera le cortaba el paso: el continente america- ijo ; pero en eso cifraba él sus esperanzas : en topar con el anhe- lado y rebuscado estrecho que llevara sus naves desde el Atlán- tico al mar del Sur, sospechado entonces y descubierto poco después por Vasco Núñez de Balboa. Volvió, pues, a Europa a principios de 15 12, y como la tradicional lentitud de las Cor- tes daba tiemjpo para otras ocupaciones, pasó a Berbería, don- de fué herido por los moros en un choque que tuvieron con ellos los portugueses cerca de la ciudad de Azamor. Distin- guióse en el combate, y, para premiar su valor, nombróle cua- drillero mayor el capitán de aquella fortaleza, Juan Suárez; pero la honra tuvo pronto su contrapeso ; porque habiéndose tomado a los moros 2.000 vacas, Magallanes vendió parte de ellas, por lo que le pusieron pleito los moradores de dicha ciu- dad, que pretendían tener parte en el botín sin haberla tenido en la ipelea.

Las pretensiones de Magallanes en la Corte portuguesa se reducían a que se le acrecentara su moradía (i) en cinco rea- les, aumento bien merecido por sus servicios. La petición fué

(i) Así llamaban a ciertos gajes de honor o ventajas obtenidas en Ja Corte Reaí, que si bien de corto interés material, eran de mucho aprecio entre la nobleza áusitana, como prueba o indicio d.e mayor es- timación para la calidad o lustre de caballero.

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desechada por el Rey; y Magallanes, poco sufrido por carác- ter, ofendido de que tan mal se recompensaran sus méritos y servicios, decidióse a buscar en otra parte quien mejor los es- timara. Ya para entonces había obtenido sentencia favorable en el pleito de las vacas.

Extendió por escribano público el instrumento jurídico de su desnaturalización de Portugal, y se trasladó a España para ofrecer al joven Rey Carlos su espada, su persona y la reali- zación de sus acariciados proyectos. Habíanle confirmado en ellos su antiguo amigo Serrano y el trato con pilotos y cosmó- grafos, y más que nada el derrotero trazado por Martín de Bohemia (i), donde se delineaba el estrecho deseado ; derrotero custodiado rigurosamente en la Contaduría de S. M. fidelísima, pero del que logró sacar copia muy exacta, según afirma Piga- feta (2). Aseguróse también de que las Molucas pertenecían a la Corona de Castilla, según la demarcación de la famosa Bula

(i) El derrotero y ila carta de Martín de Bohemia se guardaban con sumo cuidado en la Contaduría del Rey D. Manuel de Portugal, de donde Magallanes sacó copia de ellos, y forzosamente habían de ser de gran crédito cuando Magallaíies y su compañero Riii Failero, que era gran astrólogo y matemático, se fiaron de ella para empeñarse con el Emperador, "y así, escribe el P. Pedro Chirino, los desempeñó e'l tiempo". (Véase Historia de la Provincia de Philipinas de la Compa- ñía de J. H. S., primera parte, libro i.°, cap. 3.", manuscrito originall.)

(2) Antonio Pigafeta, que según la opinión recibida es el Antonio Lombardo, naturall de Bizancio, en Lombardía, de que habla la relación de ías personas que iban con Magallanes, iba en la nao capitana como sobresaliente, con mil mrs. por mes ; escribió una relación de lo suce- dido en el viaje; presentóla al Emperador; otra copia ofreció al Rey de Portugal, otra a la Regente de Francia, madre de Francisco I. y otra al Gran Maestre de Roidais Felipe de Villiers, que, acaso por ello, le dio lia cruz de San Juan; lia Regente mandó; traducir su copia al francés, pero el encargado, Mr. Le Febre, se contentó con extractadla.

No es escasa la importancia del libro, aunque se deben rebajar mu- cho (las aventuras en que loma parte ; tiene no poco de novellista, y su carácter movedizo, que tan pronto lo llevaba a servir a un Cardenal de secretario como de sobresaliente a Magallanes, se refleja en sus páginas.

La revista Nuovo Archivio Véneto, núm. 115-116, julio-diciembre' de 1919, publicó un estudio biográfico y bibliográfico sobre este perso- naje, firmado por Angela di Poli.

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íje Alejandro VI de 4 de mayo de 1493, y de que para llegar a ellas no era preciso tocar en los dominios de Portugal, según lo exigía el Tratado de Tordesillas del siguiente año: prere- quisito indispensable lo primero para recabar el apoyo del Cé- sar, que no atropellaría la justicia por meras esperanzas; y lo segundo, para librarse de la nota de traidor, que, aun desnatu- ralizado, merecerla si ayudase contra los derechos de su Rey a otra nación extranjera.

Dos socios buscó Magallanes para efectuar su proyecto: el insigne astrónomo Ruy Faleiro, que, ofendido asimismo del Rey de Portugal, se decidió a acompañarlo en persona, y don Cristóbal de Haro, rico mercader de Amberes, que para sus \ astas empresas comerciales tenía desparramados sus factores jor la India y que, por lo tanto, poseía conocimientos muy exactos y numerosos sobre aquellos mares.

A fines de 15 16 llegó Magallanes a Sevilla, donde contrajo íntima amistad con el comendador Diego de Barbosa, teniente de alcaide de los Reales Alcázares de dicha ciudad, con cuya hija, Beatriz de Barbosa y Caldera, se casó y veló el 20 de ene- ro de 1 5 17 en la iglesia de San Bartolomé, Fruto de este ma- trimonio fué un hijo llamado Rodrigo (i), a quien su padre dejó, para no verlo más, a la edad de seis meses.

El 18 de septiembre de 15 17 desembarcaba en Villaviciosa el Rey Carlos I, de donde se trasladó por mar a Santander, y de allí, por Burgos y Palencia, llegó el 18 de noviembre a Va- lladolid, después de haber visitado en Tordesillas a su señora madre Doña Juana.

Iba a entrar Magallanes en conciertos con los oficiales rea- les de la Casa de Contratación de Sevilla; mas, al observar que no se hallaban facultados para efectuarlos, suspendió con

(i) "Auto.'; fiscales con los herederos de Hernando de Magallanes, sobre el cump-limiento de una capitulación que había hecho con e! Em- perador antes d.e sa'ir a la expedición del Maluco." (A. de I. 1-2-3/3.)

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ellos sus relaciones, y tan luego se le hubo juntado en Sevilla su compañero Ruy Faleiro, se dirigió con él a Valladolid, donde se hallaba la Corte, para agenciar directamente con Su Alteza la resolución de sus proyectos. En Medina del Campo se les unió el factor de la Casa de la Contratación de Sevilla, Juan de Aranda, ofreciéndoles emplear todas sus influencias y vali- mientos para que salieran airosos en la Corte en el logro de sus intentos. Llegados a Valladolid, condújoles el factor ante la presencia del primer ministro, el gran canciller Sevres Ayo, y del Obispo de Burgos D. Juan Rodríguez de Fonseca. No era desinteresado el celo de Aranda : dimes y diretes pasaron sobre la recompensa que éste exigía, y al fin Magallanes y Fa- leiro otorgaron escritura pública cediéndole a Aranda la octava parte de sus futuras ganancias, con tal que el Rey hiciese a su costa la armada (i).

(i) En el A. de I. 1.-2.-1/1, núm. 3, existen las autos que a instan- cia de Juan de Aranda &e hicieron en Barcdlona durante julio y agosto (le 1 5 19, sobre premiar ilos servicios que el dicho Aranda hizo a la Co- rona, logrando que Magallanes y Faleiro no se volviesen a Portugal, de donde les ofrecían muy grandes mercedes. En estos autos constan las declaraciones juradas hechas por Magallanes y Faliero en los Al- cázares reales de Sevilla ante éi doctor Juan Fernández de la Gama, te- niente de asistente de la dicha ciudad, el 6 de noviembre de 1519. Pre- guntado Magallanes, dijo: "Que 'la verdad es que este que depone par- tió del Reyr.o de portugal despedido del rey de portugal e que llego a esta cibdad de Sevylla a vcynte dias del mes de otubre este que agora paso fizo un año e que vino con determynacion de yr al rey nuestro señor para le faser saber un negocio que mucho ymportava a su servicio e primero que de aqui partiese quiso saber de tíos oficiales de üa con- tratación sy tenyan poder e facultad para tomar con ellos asiento sobre el uicgocio que traya e porque de todos los tres oficiales no fallo ninguno tají aparejado para se ynformar de lo que quería como a juan de aranda fator de la dicha casa de íla contratación que este que deponele pregun- to por los poderes que tenga porque el traya un negocio cntremanos de mucho servicio de sus altezas e que sy ellos tenyan comisión defl rey nuestro señor para que todo lo que con este que depone se asentase se cumpliese que el daría parte dello e que el dicho juan de aranda le respondió que ellos tenyan comisión para tomar asiento e consierto con las personas que a su alteza quisiesen servir para descobrir tierras e fazer relación dello a sus akezas e que este que depone viendo como

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Comenzaron las consultas y conferencias entre Magallanes y Faleiro y los consejeros reales: por medio de la esfera te- rrestre demostraron cómo las Molucas estaban comprendidas dentro de la jurisdicción de los Reyes de Castilla, y se compro-

ellos no tenyan compüdo poder no les quiso dar cuenta del' negocio que traya a d ny a los, otros oficiales con determynacion de yr a su aitza e porque el tenya dado su fee a ruy falero de no yr a la corte syn el e de le esiperar en esta cibdad se detuvo algunos dias en esta cibdad esperandollo e que en este medio tiempo el dicho juan de aranda factor embio a portugal a tomar ynformacion deste que depone que persona era e lo que de alia 'e escribieron con alguna poca ynformacion que este que depone del negocio le avia dado a el dicho juan de aranda escrivio al grand chanciller que dios aya faziendole saber de su estancia en esta cibdad e como era persona que podía fazer mucho servicio a su alteza e esto fizo sin 'o dezir ni dar parte dello a este que depone e después del dicho ruy fallero llegado a esta cibdad e queriendo poner en obra su camyno para yr a la corte ambos a dos el dicho juan de aranda dixo a este que depone como avia escripto al gran chanciller para que fiziese relación deste que depone a sus altezas e que esperase a que viniese la respuesta e que ruy fallero e el se quejaron del' dicho juan de aranda por aver escripto al gran chanciller syn su licencia e se partieron syn esperar 'a respuesta a este que depone e el dicho ruy falero a la corte di veynte de enero que paso de este año en que estamos e fueron por el camyno de toTedo e que él' dicho juan de aranda se patio e fue por eil camyno de 'a pilata e que en el camyno el' dicho juan de aranda falló una carta de su alteza en que dezia que le agradezia lo que Te avia escripto e de su parte rogase a este que depone que qui- siesie yr su corte porque el deseaba de le conoscer para le fazer mer- cedes e que 'luego el dicho juan de aranda envió vn mensajero con la dicha carta a este que depone e que le axanqo all puerto del herrado con otra carta del dicho juan de aranda en que les fazia saber que los esperaua en medina a donde le fallaron e que alli se fabilaron e partie- ron todos juntos camyno de valladoüd e yendo camyno de la puente de duero el dicho juan de aranda dixo al dicho ruy falero e a este que deporte ya no estareys quejosos de lo que tengo escripto al gran chan- ciller antes por ello e por lo que yo fare en dezir a su alteza la ynfor- macion que de vos tengo de portugal me devriades de dar parte dd bien que dios vos fiziese de manera que este que depone e ruy falero le pro- metieron al dicho juan de aranda que de lo que oviesen de sus altezas armándolos que le darian la otava parte de aquello que ellos oviesen de aver e que sy ellos armasen a su costa que no le darian nada con tal condición que armando ellos syn que 'os armase su alteza d armase con ellos dos mil ducados e que a respeto de lo que armase oviese su parte de lo mueble que se oviese de la dicha armada pero no de la ferencia de la tierra que se descubriese aviendo ellos respeto a la buena

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metieron a hallarlas, por la vía de occidente, sin tocar en los dominios de los Reyes de Portugal.

Tanto a S. M. como a los de su Consejo pareció irreali- zable el proyecto y dieron largas al asunto; mas al observar

voluntad con se movió a escrevir a su alteza e asy a ofrecerles dineros aquy e alia sy los oviesen menester como cree este que depone que los presto a ruy fallero e por todo lo dicho por lo mas que esperavan que avia de faser el dicho juan de aranda en dar de ellos la ynformascion que tenya le fizieron vna escriptura en valladolid de la dicha otava parte segund dicho es ante vn escrivano público que no sabe el nombre porque en poder deste que depone no quedo la escriptura ny razón dello salvo en poder del dicho juan de aranda e del escrivano ante quien paso.

"Preguntado sy en la dicha escriptura se fizo mincion que sy su ailteza no los armase en la armada que fiziesen que armasen al dicho juan de aranda los dos mili ducados que tiene dixo que no. Preguntado a que tiempo otorgaron esta escriptura sy fue antes que fablasen a su alteza o después dixo que el partido de la otava parte lo concedieron yendo de camyno llegando a lia puente de duero e que eH dicho juan de aranda les demandava quynto e el dicho ruy faleyro no quiso con- sentir en ello e que el dicho juan de aranda dixo entonces pues no me quereys otorgar el quinto por lo que tengo de trabajar en este ne- gocio no quiero nada e que de allí el dicho juan de aranda se fue de- recho a valkdólid e que este que depone e el dicho ruy faleyro dere- chos a symancas donde estovieron tres dias e de alU fueron a valladolid e posaron un dia en la posada del dicho juan de aranda que era en casa de diego lope de castro donde el dicho juan de aranda quisiera que posara con ellos e ellos se pasaron a otra posada e que de alli el dicho juan de aranda los llevo a fablar con el gran chanciller e con el Cardenal e con d obispo de burgos e después fue con ellos a su alteza e que en todo su negocio el dicho juan de aranda como servidor de su alteza deseando que este negocio se fiziese lo solicitava todo lo a el posyble e que después de su alteza aver tomado ed concierto con ellos e estando ya fechos sus asientos con sus altezas avn que no firmados el dicho juan de aranda dixo a este que depone a el dicho ruy faleyro e que sy le querían satisfacer algo por el travajo que avia rescibido e ayuda que les avia dado que se lo ternya en merced e que entonces le otorgaron el otavo de que antes le tenyan dada la palabra e entoiKes se fizo la dicha escriptura dello como dicho tiene en casa de diego lopes de castro e que esta es la verdad de lio que en razón de lo susodicho a pasado e que en razón desto no ay otra cosa. Preguntado sy acá en Sevilla o en otra parte sy ha pasado entre ellos otra capitulación o asiento sobre el dicho negocio dixo que no salvo que de primero dia del mes de otubre que agora paso el dicho juan de aranda dixo a este que depone como de la corte le avian escripto como el contador e el obispo de burgos avian fecho rdlacion a sus altezas de lo que pasaba

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Carlos I la insistencia de Magallanes y su oferta de ir per- sonalmente al descubrimiento, y la de Cristóbal de Haro de armar a su costa y la de sus amigos las naos necesarias para el viaje, creyó ser más decoroso aprestar a sus expensas la Ar-

cerca deste negocio e que rogo a este testigo que de todo lo que entre ellos avia pasado sobre este caso lo quysiese declarar ante vn escribano publico i>orque lo quería enviar a su alteza para guarda de su derecho e que este testigo dixo que de lo que avia fecho e su alteza sera sabidor le pesava mucho e que no lo diría ante escrivano publico ny se antyci- paria a ello porque lo que ellos le avian prometido sera de ilo suyo dellos e que por esto no le parecía que ofendía a servicio de su alteza preguntado que sy all' tiempo que el dicho juan de aranda les pedía el quinto si les puso algún temor e syntieron en el que les estorvaria sy no se lio otorgavan dixo que no les puso nyngund temor ny menos íes mostró ser tanta parte que les podría estorvar ny fazedo facer syno dar la ynformacion que tenya de portugal e por esto e viendo que este negocio era grande e que estava en la corte de su alteza embaxador del rey de potugal que los podría estorvar este testigo temió que sy el dicho juan de aranda quisiese les podria estorvar esle testigo díxj al dicho ruy faleyro que le diesen e! diezmo e que el dicho juan de aranda no lo quiso acebtar salvo el quinto o nonada como dicho tiene e que después se ovieron de concertar como dicho tiene de le dar ia otava parte. Preguntado si sabe que esta la escriptura en poder de juan de aranda dixo que después que este testigo vino de la corte a esta cibdad puede aver dos meses e medio e poco mas o menos el dicho juan de aranda rogo a este testigo que oviese por bien que el pudiese dar cuenta de la escriptura que entre ellos estava fecha a su alteza para que su allteza se la confirmase e que este testigo le dixo que no quería que a su alteza ny a otra persona que se diese parte dello por que era mngua suya e que 1<3 que el tenía puesto con el que lo cumpliría a su tienpo e que entonces el dicho juan de aranda éixo a este testigo que confiava tanto de su pai'Jabra que le daría la escriptura si la quisiese e que este testigo dixo que fablaria a ruy faleyro desde que vinyese e que verían lo que devrian faser. Preguntado a quien escrivio ©1 dicho juan de aranda a portugal para se ynformar deste testigo dixo que el dicho juan de aranda dixo a este testigo que avia escripto a cobarruvias mer- cader e a diego de faro mercader que residían en Lisboa que tenían co- noscimiento teste testigo e que esta es la verdad por el juramento que fizo el dotor de da gama femando de magallayns."

A continuación siguen las declaraciones juradais de Ruy Faleiro y las de Juan de Aranda ; la presentación de '.a escritura signada y firma- da de Diego González, escribano de S. A„ que parece ser fecha en Vñlladolíd a 23 de febrero de 1518; cuatro peticiones y defensas de Aranda justificando su conducta ante S. A. El Real Consejo de Indias, reunido en Barcelona a 25 de junio de 1519, dio pocos días de tiempo

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mada; y en consecuencia dio instrucciones a Magallanes para el mejor éxito de su empresa.

En un memorial, presentado al Rey en Marzo de 1518, se ofrecieron a descubrir Magallanes y Faleiro dichas islas y po- nerlas bajo el dominio de Su Majestad, con las condiciones por ellos aprobadas ; ora se verificase el armamento a costa de Su Majestad, ora a expensas de los exponentes. Entretanto cundió por la Corte la noticia de la proyectada expedición. El emba- jador de Portugal, D. Alvaro de Acosta, comunicóla a su Rey, y éste le encargó estorbarla por cuantos medios pudiera; mas todo fué inútil, porque Magallanes contestó que le era punto de honra seguir adelante, y D. Carlos, encariñado cada día más con la empresa, merced a los favorables informes dados por el Obispo de Burgos, encargado de los negocios de Indias, y del gran canciller Sevres Ayo, firmó la capitulación y asiento con- certado por ambas partes para el descubrimiento de la espe- ciería, en Valladolid a 26 de marzo de 1518; confirmado, apro- bado y mandado cumplir en virtud de otra real provisión de la misma fecha.

Las principales cláusulas de dicha capitulación fueron:

Que por término de los diez años siguientes, no daría el Rey licencia a persona alguna para que fuese a descubrir por la misma derrota sin advertirlo antes, por si ellos se ofreciesen a hacerlo con las mismas condiciones.

Que si las islas que descubriesen pasasen de seis, desipués de verificada la elección regia, podrían de las restantes señalar

a Aranda para que escogiese la forma en que queria se dirimiese este asunto, si por vía del pleito por medio del Fiscal de S. M., o buena- mente por .decisión del mismo Real Consejo. Insistiendo Aranda, co- metióse all Procurador Fiscal Licenciado de Prado para que respondie- se, como lo verificó a 2 de jtiilio, dirigiendo una serie de cargos a Aran- da por haber extendido aquella escritura de obligación, siendo Factor de S. M., sin licencia de S. A. Al fin Juan de Aranda se contentó con pedir una recompensa por los méritos contraídos en faci'itar a Maga- llanes y Palero inteligencias con S. M. y los del Real Consejo de las Indias.

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dos de las cuales llevasen la quincena parte de las rentas y de- rechos limpios que debían percibir los Reyes ; y que por aquella primera vez pudiesen percibir el quinto de los intereses lim- pios pertenecientes a la Corona.

Comprometióse S. M. "a armar cinco navios, los dos de cien- to y treinta toneladas cada uno, e otros dos de noventa, e otro de sesenta toneles, bastecidos de gente e mantenimientos e ar- tillería; conviene a saber, que vayan los dichos navios baste- cidos por dos años (i), e que vayan en ellos doscientas y treinta y cuatro personas para el gobierno de ellos, entre maestres y marineros y grumetes e toda la otra necesaria, conforme al memorial que está fecho para ello.

ítem: "que si alguno de los dos muriese, sea guardado al otro lo convenido entre los dos" ; y, por último, que había de nombrarse un factor, con tesorero contador y escribano de las dichas naos, para llevar cuenta y razón de todo, a quien se pa- sase y entregase cuanto en dicha armada hubiese.

Concedió el Rey a Magallanes y Faleiro título de capita- nes de la Armada de Su Majestad con 50.000 maravedises de sueldo anualmente, y en cuanto se hubieron celebrado las Cortes de Castilla en Valladolid a primeros de abril, partió- se para Aragón (2). Magallanes y Faleiro le seguían en el via-

(i) Según consta de otro documento firmado por el Rey eu Valla- dolid a 13 de noviembre de 1522, Carlos V y doña Juana, su madre, mandaron proveer de todo ilo necesario a la gente que iba con Maga- llanes en los cinco navios, por tiempo de tres años.

(2) Los Oficiailes de la Casa contratación de Sevilla manifestaron su disgusto a S. M. por haber asentado estas capitulaciones sin su in- formación y consejo. Contestóles el Rey de Aranda de Duero a 16 de abril: "Bien nos ha parecido do que decís que no se ha dejado de hazer por falta de no teneros por personas muy celosas de nuestro servycio y de esperiencia é que sabréis muy bien lo que en semejantes cosas se debe hazer sino que como al tiempo de su venida uvo con my partida iantas ocupaciones no se miró en ello y luego que los portugueses by- nyeron y dieron sus memoriales de lo que se ofrecieron a descubrir yo .k) mande ber al mi gran chanciller é ail muy ilustre é reverendo padre arzobispo de rrosario é Obispo de Burgos del nuestro consejo é á

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je, a fin de activar las providencias que faltaban para el apres- to de la Armada. En Aranda de Duero, a 17 del mismo mes, lecibieron varias Cédulas reales, donde se les aumentaba el sueldo en 8.000 maravedises al año, mientras anduviesen en la Armada sirviendo a Su Majestad, y como ayuda de costas mandó el Rey que les fuesen abonados 30.000 maravedises, y que las mercedes vitalicias a ellos concedidas se transfiriesen también a sus legítimos herederos, siempre que dejasen las instrucciones y regimiento para el término de aquella empresa a los que a ella fueren, y además que pudiesen presentar a exá- menes de piloto real a la persona que ellos nombrasen, con sa- lario anual de 23.000 maravedises, y otros 3.000 mensuales a más de aquellos, durante el tiempo que estuviesen embarcados. Habiendo llegado la Corte a Zaragoza, y visto el peligro que de parte de los portugueses corrían Magallanes y Faleiro, y las insistentes reclamaciones del embajador de Portugal ; creyó Su Majestad más oportuno enviarlos sin dilación a Sevilla: y.

otros éd nuestro consejo y porque pareció que conbcnia a nuestro ser- vicio que el dicho viaje no cesase se a dado en su despacho ailguna priesa é se tomó con ellos cierto asiento é trasilado del qnaí vos mando enviar con la presente y demás desto mandado al dicho Obispo de Burgos que vos escriva largamenite lo que en ello pasa y las cosas que a ávido para lo hazer para que vosotros lo veáis y si vos pareciere deis parte de ello a S'ebastián Caboto é Juan Vespuche y Andrés de San Martyn y los otros nuestros pilotos como lo recibiereis vadlo iodo é avisadme de lo que será menester probeer y áe lo que á todos vos pareciere del dicho biaje." Y más abajo en la misma R. C, añade : " Porque como bereis por el dicho asiento que con los dichos portugueses mandé tomar yo he de nombrar personas que vayan por tesoiero, veedor y escribano de la armada que an de llevar y demás de las dichas personas que an de yr con ilos dichos cargos á parecido que conbenia que fuese un tercero con los dichos portugueses no si- guiesen Ja derrota que deben para acabar ed viaje que van á hazer y por ventura no tovesen buen fin para las cosas de nuestro servycio yo vos mando que desde agora comenseys á pensar qué personas habrá jen esa casa para que vaya por tercero con los dichos portugueses é asi- mismo las otras dos que an de ir por tesorero y veedor y escribano de 'la dicha armada y lo mas presto que se pueda me enSiad vuestro pare- cer... Yo el Rey..." A. de I. 139, i. 5, L. 7, f." 51.

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previa audiencia, les vistió S. M. por propia mano el há- bito de caballeros de la Orden de Santiago, y les confirmó los lítulos de capitanes y las condiciones estipuladas en la capi- tulación que por ambas partes se había concertado en Valla- dolid.

Volvieron, pues, satisfechos a Sevilla: presentaron los des- pachos reales a la Casa de la Contratación; empero los oficia- les de ella escribieron con fecha ii y 12 de mayo a Su Majes- tad representándole varias dificultades que se les ofrecieron tocantes a la habilitación de la Armada para el 25 de agosto, que era el tiempo prefijado por Magallanes y Palero para zarpar. Su Majestad les respondió, con fecha 21 de mayo. desde Zaragoza, apremiándoles a fin de que entendiesen eti proveer todo lo necesario, empleando desde luego las can- tidades que en adelante llegaren de las Indias. Al tesorero doctor Sancho Matienzo le dijo: ''Procurad de hazer relación muy larga y particular de todo lo que viereis que conbiene pro- veerse para las Indias y para el despacho de los dichos portu- gueses", y al contador Juan López de Ricalde le escribió con igual fecha: "Traed muy platicado lo que toca al biaje de los portugueses, que, aunque mi yntención no es que se les deje de cumplir lo que con ellos está asentido, querría que se prove- yese de manera que ellos asentasen en ello". Y a Magallanes y Faleiro les dijo al propio tiempo: "si por ser corto el térmyno no creéis que en él se podrá bien probeer y que sería mejor que la dicha Armada se ficiese despacio para que estaviese a pun- to para el dicho tiempo (diciembre) y vosotros así lo temíades y lo dixistes, y asy ha parecido acá ; envío a mandar que mi fator primero entienda en proveer la dicha Armada lo mejor que se pueda ; vosotros entended con ellos en el despacho dello para que se faga como al nuestro servicio convenga... yo es- cribo a los dichos oficiales daldes entera fee e creencia" A. de I., 139-1-5, lib. 7.°, f.^ 52, 53 vtos.

Nuevo viaje de Magallanes a Zaragoza, donde estaba la

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Corte, para solicitar la diligencia en los despachos; una Cé- dula real, fechada en Zaragoza el 19 de julio, mandó llamar a Cristóbal de Haro, vecino de Burgos, para interesarle en di- cha Armada. Magallanes regresó a Sevilla y presentó a los de la Casa de la Contratación carta de Su Majestad con lista de las cosas que se habían de proveer para el viaje, firmada por el Arzobispo Fonseca. (A. de I., 41-6-2/25.)

A 16 de agosto respondieron los jefes y oficiales de la Casa de la Contratación a Su Majestad manifestando el placer que habían recibido con las disposiciones ordenadas; mas como- quiera que se les hubiese limitado la cantidad de 5.000 pesos para ocurrir a los gastos indicados, suplicaban a S. A. que les mandase escribir, si gastarían de los 27.000 y tantos pesos que habían llegado, como a S. A. tenían escrito (i). Su Majestad les respondió de Zaragoza en de septiembre facultándoles para que empleasen 5.000 ducados más en dicha Armada, es- perando que vendría oro de las Indias para poder cumplir lo que faltare (2).

A 15 de octubre escribía de nuevo Magallanes a Su Majes- tad que mandase proveer con el dinero que menguaba para el cumplimiento de los 16.000 ducados, sin los cuales no se podía acabar aqueíla Armada, y fuese la provisión para que de los 11.000 ducados que están en la Casa se gasten los 5.400 que faltan para el cumplimiento de los 16.000. A esto contestó Su Majestad con una Real cédula, fecha en Zaragoza 22 de oc- tubre del mismo año, dirigida a los oficiales reales de la Casa de la Contratación, autorizando el empleo de los 5.400 ducados que faltaban para completar la suma concertada de 16.000. (A. de I., 139-1-5, lib. 7, í. 122.)

En la lista de las cosas que Su Majestad había mandado comiprar para el despacho de la Armada, figuraban en primer

(i) a. de I. 2-5-1/6, nútn. 9. (2) Ibid. T30-1-5. Hb. 7, f." 84.

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término cinco navios de porte ; los dos de a cien toneladas cada uno, otros dos de a ochenta, y el último de sesenta, aparejado para maje de dos años. Además, en la relación del gasto hecho en el apresto de la Armada que Su Alteza mandó armar para la expedición de Hernando de Magallanes y Ruy Faleiro, que se comenzó a 19 de agosto de 1518; entre otras partidas, cons- tan las siguientes: "en quynze del dicho mes de Nouiembre del dicho año a diego fernández Pintor por ocho banderas que el pintó la una de la Concepción de Nuestra Señora, y la otra con las armas reales y las seis de las insignias de Santiago, la de Nuestra Señora y de las Armas reales a seis reales y las otras seis al precio de seis reales e medio cada una, y que mon- tan 27 reales que son maravedises 818."

Un conflicto inesperado vino a entorpecer el apresto de la Armada y poner hasta en peligro todo el negocio. Determinó Magallanes se varase la nao Trinidad. A este efecto, en 21 de octubre de 15 18, los oficiales reales concertaron con él que el viernes siguiente el factor de la Casa de la Contratación lleva- se el pendón real para izarlo encima de la nao, y Magallanes pondría sus armas fuera de ella. Madrugó Magallanes, y cre- yendo que el pendón real estaría ya arbolado, colocó el de sus armas en el cabrestante que estaba en tierra. Hallóse presente un tal Sebastian Rosero, teniente de almirante, y se alteró al ver armas portuguesas desplegadas. Dijolo a Magallanes. Protestó éste que las armas eran suyas, de vasallo leal del Rey de España, y no de Portugal. El piloto Juan Rodríguez Mafra salió en defensa de Magallanes y empezóse a arremoli- nar gente, desnudándose algunas espadas; y el pobre piloto recibió varios espaldarazos. Como la cosa iba encendiéndose, el Rosero vase a dar cuenta al cabildo de la ciudad. Acudió el teniente del almirante, con mucha furia y gente a la ribera a prender al capitán, trabándole de los pechos y haciendo otras co- sas en afrenta suya. Intervinieron algunos caballeros, entre otros el doctor Sánchez Matienzo, abad de Jamaica, tesorero de la

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Casa de la Contratación y canónigo de Sevilla, y la cosa no llegó al extremo.

Magallanes se quejó amargamente en 24 de octubre al Rey Don Carlos, quien le contestó desde Zaragoza con fecha 11 de noviembre: "Por cierto que a me ha desplacido y he sido deservido de ello, porque yo os tengo por servidor y criado y como a tal os tengo que mandar favorecer como vuestra vo- luntad para nuestro servicio merece; yo envío a mandar a San- cho Martínez de Leiva de esta ciudad que haga información de lo que en ella pasó, y castigue los culpables, el cual lo hará como convenga como mas largo lo escribo al doctor Sancho, a quien me remito. Yo el Rey. Refrendada de Covos. Señalada del Canciller e del Obispo de Burgos." (i).

(i) a Sancho Martínez de Leyva, con igual fecha envió S. M. la siguiente R. C. para el Cabildo de Sevilla: "El Reytr^Cabildo Asistente, a'lcaildes alguacil mayor e veinte e quatro caballeros jurados, escuderos oficiales e homes buenos de la muy noble muy 'leal Ciudad de Sevilla yo soy informado que estando Fernando de Magallanes nuestro Capi- tán entendiendo en varar una nao para cierta armada que mando hazer para yr a cierto descubrimiento porque puso el pendón de sus armas sobre d cabestrante de ¡a dicha nao diz que el tenyente de asistente y su alcalde alborotaron el pueb'.o y fueron á prender al dicho capitán y lo pusyeron por obra y sobre ello uvo otros ruydos y escándalos de que he seydo y soy maravillado de vosotros dar causa de que pasase ío susodicho y no favorecer en ello a los nuestros officiales de la casa de la contratación y al dicho nuestro Capitán que como sabeys estos suellen y han de ser favorescidos quando van a semejantes viajes y porque como vereys esto ha sido en deservisio nuestro yo vos encargo y mando que de aqui adelante no deys lugar á que se hagan semejantes cosas y quando algo de esta calidad >acaesciere favorezcays é ayudeys á los nuestros officiales y «ipitanes de Ja dicha casa que en ello seré servido y de lo contrario recebiré deservisio de Zaragoza a onze de No- viembre de mil quinientos diez y ocho años=yo el Rey^refrendada de Covos seña'ada del Chanciller é del Obispo de Burgos."

Y al Cabildo de Sevilla envió otra R. C. para d Asistente, a fin de que abriese Información sobre lo ocurrido con Magallanes, del tenor siguiente: Real Cédula al Asistente de Sevilla="El Rey=Sancho Mar- tínez de Leyva nuestro Asistente de la muy noble y muy leal Ciudad de Sevylla ya habréis sabido como los nuestros oficiales que rresiden en la dicha Ciudad por nuestro mandado entienden en hazer cierta ar-

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Aliá por la primavera de 15 19, teniendo ya ultimados los aprestos de la expedición, dirigióse Magallanes a Barcelona, donde se hallaba el Rey D. Carlos, para recibir las últimas ins- trucciones, antes de darse a la vela. Obtuvo Real cédula para los pilotos y maestros de las naos, en que se les prometían para

mada para yr a cierto descobrimiento la qual plasiendo á nuestro señor han de llevar Fernando de Magallanes y Ruy Faleiro caballeros de la borden de Santiago nuestros Capitanes agora yo soy ynformado que estándose proveyéndose las cosas necesarias para !a dicha armada en veinte y un dia del mes de Octubre pasado los dichos nuestros oficiales concertaron con e! dicho Fernando Magallanes que otro dia viernes se varase en tierra una de las naos que han de yr en la dicha Armada y que e! fator de la nuestra dicha casa llevase el pendón de nuestras Armas reales a ila dicha nao para lo poner encima della y el dicho Ma- gallanes las suyas para poner de fuera de la nao como diz que es uso y costumbre y que como el dicho Capitán madrugó creyendo que e' dicho fator avia llevado e!l dicho pendón como avia quedado asentado puso las banderas de «us Armas en ell cabrestante que estaba en tierra para varar la diha nao y diz que un Sevastian Rosero the- niente deíl Almirante dixo que no paresaa bien que estoviesen alli Armas de portogail y que el dicho Capitán Magallaynes Oe respondió quél no tenya Armas del Rey de Portugal sino las suyas como nuestro basallo y servidor sobre lo que diz que otras personas ovieron question con Juan Rodriguez Maíra nuestro piloto y íe dieron ciertos espalda- razos y hirieron en una mano y estando asy diz que el dicho Rosero, alcalde fué al cabildo de esa Ciudad y a'l dicho theniente del a'mirantc y dixo que el dicho Magallaynes avia puesto armas de Portugal y que sobre ello avia grand rruido estando ya diz que todo pacifico el quaS dicho teniente del almirante salió con mucha furia diziendo que acu- diesen todos a íla ribera y vino con mucha gente a prender dicho Ca- pitán que andava travajando como la dicha nao se subiese y puso por obra de lo prender travandole de Jos pechos y haziendo otras cosas en afrenta suya y por que desto yo seydo y soy deservydo asy por ser causa que las cosas del dicho viaje se ynpidiesen como por tocar att dicho Capitán á quien yo tengo por cierto criado y servidor y á nuestro servicio conviene que sea castigado confiando de vos que lo hareys con aquella diligencia y cuydado que á nuestro servycio y á la execucion de la nuestra justicia cumple fue acordado que devia mandar esta Ce- dula para vos en la dicha razón, y yo tóveJo por bien, por ende yo vos mando que luego hagáis ynfcrmacion cierta de do que sobre lo susodicho paso y procedays contra las personas que en ello hallardes culpantes por todo rigor de justicia la qual executeys en sus personas y bienes que si nescesario es por la presente vos doy poder complido con todap

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la vuelta de aquel viaje privilegios de Caballería y gralificacio- nes de sus servicios, mandando, en cambio, a los oficiales rea- les de la Contratación de Sevilla que a los nombrados o que nombraren para efectuar aquel viaje, "los constriñesen y apre- miasen con todo rigor de derecho a que fuesen en la dicha Armada y sirviesen en ella sus oficios como eran obligados, pagándoles el sueldo que por ello habían de haber (i), sin que en ello pusieran excusa ni dilación alguna" ; y a Cristóbal de Haro se le ordenó en 6 de Abril, por otra Cédula, que fuese luego a Sevilla para obrar conforme a las instrucciones que les

sus yntcidencias é dependencias anexidades e conexidades y enbíad ante my la relación de lo que en ello oviere pasado y del castigo que ovier- des fecho firmado de vuestro nombre en manera que haga feé para que yo sea ynformado de ello=fecho en Zaragoza á honze de Noviem- bre de mil quinientos diez y ocho años=Yo el Rey=Refrendada de Francisco de los Covos señalada del chanciller é Don Garcia é C^pa- ta." A. de I. I39.— I- 5-— L. 7, f-° m6:

Al doctor Sancho de Matienzo, Abad de Jamaica, Tesorero de la casa de la Contratación de Sevilla y Canónigo de aquella Iglesia Ca- tedral, contestó asimismo el Rey: "Vi vuestra letra de veinte y cuatro de Octubre pasado en que me hazeys saber lo que pasó al teniente de almirante y su alcalde con Hernando de Magallaynes nuestro Capitán y vos agradezco y tengo en servicio lo que vos en ello hicisteys y el cuy- dado que tovisteys de me lo hazer saber que es todo dicho y fecho con aquella voluntad y afición y fidelidad que siempre aveys tenido y teneys en las cosas de nuestro servicio yo mandado proveer sobre el caso lo que vereys para que la asistencia de esta ciudad castigue las personas que en ello ovieren seydo culpantes por todo rigor de justicia y demás desto yo le escrivo mandanddle que en ello entyenda con mu- cha diagencia da'.de mi carta y notficalde la dicha cédula y fazcdme saber como lo faze y el castigo que en ello oviere. De lo que dezis en lo que toca al dicho Hernando de Magalíaynes tengo yo por muy cierto y del 'la confianza que es rrazon y asi se lo podeys certificar y que en todo lo tengo de mandar mirar é faborecer como á cierto cryado y ser- vidor nuestro. De Zaragoza á onze de Noviembre de mili quinientos diez y ocho años==:Yo el Reyi=Refrendada de Covos señalada del Chan- ciller y Obispo de* Burgos." Ibid, f." 141.

(i) La relación del sueldo que se pagó a los marineros, grumetes y pajes de Ha Armada de Magallanes, se halla en el A. de I. Casa de la Contratación 41-6-2/25. La ha publicado la Compañía General de Ta- bacos de Fi'.ipinas en el tom. HI de su Colección, páginas 28-69.

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PARTB PRMERA

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serían comunicadas por el Obispo de Burgos; y por otra de i8 del mismo mes se ordenó a los oficiales reales del Tribunal de la Casa de la Contratación el cumplimiento de la paga de los 16.000 ducados para la Armada, sin descontar de ello el im- porte de ciertos tiros de pólvora, otras armas y algunas mer- caderías que podrán ir en las naos a cuenta de las otras mer- caderías que en ellas van. Y para este efecto se ha proveído que ciertos mercaderes las pongan como más largamente les mani- festará el Obispo de Burgos, y que si algo faltara para la pro- visión de la Armada, lo provea Magallanes con toda diligencia."

Dispuesto ya el material de las naos, por Real cédula de 30 de marzo de 15 19 nombró S. M. por tesorero de la Armada a Luis de Mendoza, con 60.000 maravedises de salario anual, mientras durare la expedición; por veedor general de la mis- ma y capitán de la tercera nao, a Juan de Cartagena, con 70.000 maravedises por el primer cargo y 40.000 por el segundo du- rante el viaje, sin detrimento del salario que percibía por con- tino de la Real Casa.

Por otra Cédula de 6 de abril fué nombrado capitán del cuarto navio Gaspar de Quesada ; y por otra del 30 del mismo mes, contador de la misma nao Antonio de Coca, con 50.000 maravedises al año.

Según Real cédula, expedida en Barcelona a 5 de mayo de 1519, se dispuso que fueran al descubrimiento 325 hombres; que los oficiales reales de la Casa de la Contratación recibiesen por escrito la derrota que habían de llevar Magallanes y Faleiro en aquel viaje, y que de mancomún éstos y aquéllos redactasen una instrucción en que se declarasen, juntamente con la derro- ta, todos los regimientos de altura que dichos capitanes sabían para el referido viaje; de todo lo cual se debía dar traslado a los pilotos firmado por ellos, para el debido cumplimiento, y a los capitanes, pilotos, maestres, contramaestres y marineros de los navios de la Armada se les ordenaba que en el marear cumpliesen la instrucción que por los capitanes Magallanes y

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Faleiro, juntamente con los oficiales reales de la Contratación, les sería dada, sin exceder de ellos cosa alguna (i).

Dictó asimismo S. M. en 74 capítulos instrucciones detalla- das con fecha 6 de mayo, expedidas en Barcelona, las que señalaban el modo cómo se debían conducir durante el viaje los que fuesen al descubrimiento de las islas del Maluco.

Concedió el Rey a Magallanes y Falerio los títulos de ade- lantados y gobernadores de aquellas tierras e islas, con la vein- tena parte de rentas y derechos, sacadas de las costas, de lo que produjeren, durante su vida y la de sus hijos y here- deros de juro; y les otorgaba que pudiesen llevar gratis ida y vuelta cada año a las islas y tierras que descubrieren por va- lor de 1. 000 ducados de primer coste en las naves reales.

Los aprestos llegaban a su término; Magallanes se desvivía con el ansia de verse al fin al frente de la Armada que tanta gloria había de darle; cuando nuevas contrariedades se le atra- vesaron. La condición de portugueses de los dos capitanes los hacía sospechosos a algunos ; y éstos sembraron sus recelos en

(i) He aquí el texto de la R. C. de ref€rencia, dada en Barcelona a ig de abrid de 1519: ''Capitanes e pilotos e maestres e contramaestres e marinaros de los navios del armada de que van por nuestros Capita- nes generales femando de magallanes e ruy falero cavalleros de la horden de santiago porque los dichos nuestros Capitanes están ynfor- mados que saben de la forma e manera que se a de seguir e/1 dicho via- je, y ellos en presencia de nuestros oficiales de la casa de la contrata- ción de las yndias que resyden en la cibdad de seuilla vos mostraran la derrota con todos Jos Regimyentos de altura que saben para el dicho viaje por ende que yo vos mando que en el marear del guardeys e cum- p'.ays la intención que por los dichos Capitanes juntamente con los di- chos nuestros oficiales de la dicha casa vos sea dada e de aquello no excedays ny fagays en manera alguna por quanto asi cumple a nuestro seruicio e bien del dicho viaje lo qual asi fazed e cumplid so la pena o penas que por ¡os dichos nuestros capitanes vos fueren puestas las quales yo por la sentencia vos pongo e mando que sean executadas en vuestras personas e bienes lo contrario faziendo. fecha en varcelona a diez e nueve dias dell mes de Abrill de mili e quinientos e diez y nueve años yo el Rey por mandado del Rey francisco de los covos." A. de I. 41. 6. 2/25.

el pecho de Carlos I, que escribía ya en Cédula del lo át abril de 1518: "convernia que fuese un tercero con los dichos portugueses para que, en caso de muerte o para también si los dichos portugueses no siguiesen la derrota que deben para acabar el viaje que vfin a hacer, y por ventura no tuviesen buen fin para las cosas de nuestro servicio...'' Por otra parte, Fa- leiro empezó a mostrar su ninguna inclinación de ir sometido a Magallanes. La discordia que tantas tragedias acarreó más tarde a la expedición, amenazaba ahogarla antes de nacida.

No dejó escapar la ocasión el factor real de Portugal Se- bastián Alvarez, y quiso probar si conseguiría ahora lo que el embajador no logró primero. Habló a ambos ponderándoles se disminuían y falseaban sus instrucciones con las últimas da- das a Juan de Cartagena y Juan Esteban. Oigamos sus pala- bras, escritas al Rey Fidelísimo, fecha 18 de julio de 15 19, desde Sevilla: "Acaban de llegar juntos a ésta Cristóbal de Haro y Juan de Cartagena, factor mayor, y Juan Esteban, te- sorero de esta Armada, y en las instrucciones que traen hay capítulos contrarios a la instrucción de Magallahes. Visto por los oficiales de la Contratación, como no pueden tragar a Ma- gallahes, se pusieron de parte de los nuevamente venidos...; yo, viendo ocasión oportuna para hacer lo que mandó Vuestra Alteza, fui a la posada de Magallahes... y de dije que parecía conclusión de su mal propósito y porque esta sería la última vez que como su amigo y buen portugués le hablaría, pensase bien el yerro que iba a hacer... di jome que era punto suyo lo empezado... que él pensaba en su viaje hacer servicio a Vues- tra Alteza y no tocar a cosas suyas... me dijo que él no deja- ra la empresa si no en caso de faltarle a alguna de las capitula- ciones... Yo acudí: qué más quería ver que instrucciones con- trarias, y decir Rui Palero abiertamente que no habría de se- guir su farol ; que él creía ir de capitán mayor y yo sabía lo contrario, y que a él no se lo darían a entender sino en tiempo que no tuviese remedio su honra. Hablé con Rui Palero dos

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veces... ; paréceme que tiene vuelto el juicio, pero, como yo ganase a Magallahes, él seguiría."

Resultado tal vez de las cizañas sembradas por el mal ge- nio del factor portugués, fueron las discordias habidas entre Magallanes y Faleiro, sobre quién habría de llevar consigo el estandarte real y el farol. Consultado el Rey, contestó de Barcelona a 26 de julio que, en atención a que Faleiro no se hallaba con entera salud, se quedase en Sevilla hasta otro viaje, y fuese en su lugar, como conjunta persona de Magallanes, Juan de Cartagena, nombrando, en cambio, a Francisco Falei- ro, hermano de Rui, capitán de una de las naos de aquella Ar- mada.

Conformóse Magallanes con la disposición regia, con tal que Rui entregara a él y a los oficiales de la Casa de la Contra- tación el método que adoptara para observar "la longitud del este oeste con los regimientos correspondientes".

Sea dicho en honor de la verdad, que el motivo verdadero por el cual se descartó a Faleiro de aquel viaje no fué la locu- ra, que, degenerando más tarde en furiosa, le produjo la muer- te en una casa de locos, como, mal informados, lo afirman Barros, Oviedo, Argensola, Illescas, Fray Juan Francisco de San Antonio y Colín ; sino solamente el peligro de discordia que podría más tarde ser fatal al buen éxito de aquel viaje.

Quedó, pues, en tierra Falero. Después de partida la Ar- mada para las Malucas, volvió a Portugal con el fin de visitar a su familia; y allí fué preso por orden de S. M. Fidelísima. Desde la cárcel escribió una carta en latín, cuyo original se conserva en el Archivo General de Indias, al Cardenal de Tor- tosa Adriano Florencio (que más tarde ciñó la tiara pontificia y se llamó Adriano VI), gobernador de España durante la co- ronación del Emperador de Alemania en Aquisgrán el 22 de Octubre de 1520; suplicándole le recabase de éste una car- ta para el Rey de Portugal, en que exigiese su libertad. Por esta vía o por otra logró la excarcelación, pues estaba en

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Sevilla por Pascua florida de 1521, según comunicaron a Su Majestad el licenciado Matienzo y Juan Ricalde, por mayo del mismo año, con estas palabras: "A Rui Palero e su hermano Francisco Palero que venyeron de su prisión de Portogal por Pascua florida pasada, habernos pagado hasta el fin de abril sus cuestaciones, porque venyeron gastados de Portogal y por- que éstos quedaron acá por mandado de V. M."

A 13 de febrero de 1523 mandó el Emperador pagar a Francisco Faleiro el sueldo de su hermano Rui Faleiro, mien- tras durase su enfermedad, sacar el enfermo de la Casa de la Contratación, donde estaba aposentado, y que se le buscase casa a propósito para su residencia. En su estado de locura escribió, sin embargo, cuerdamente, dos cartas a S. M. en 22 de marzo de 1523 sobre la importancia de conservar y proteger la contra- tación de la especiería, pidiendo licencia para armar una o dos naos y comerciar a su costa y riesgo, cediendo a S. M. el ter- cio de la mitad de las ganancias; y que se le nombrara capitán mayor en la Armada que se preparaba aquel año para el Ma- luco, donde podría prestar, con sus cartas e instrumentos, gran- des servicios a España.

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Documento original con la firma de Magallanes.

II

La Armada.

Compuestas las diferencias habidas entre los oficiales de la Real Casa de la Contratación de Sevilla y Magallanes, acer- ca del nombramiento del personal de dicha Annada, el asis- tente de Sevilla, Sancho Martínez de Leiva, obedeciendo a las órdenes de S. M., recibió en la iglesia de Santa María de la Victoria, de Triana, el juramento y pleito homenaje de Ma- gallanes, conforme al fuero y costumbre de Castilla, de que haría con toda fidelidad el viaje, cual cumplía a buen vasallo de S. M., y le entregó inmediatamente después el estandarte real con el ceremonial y la solemnidad prescrita para tales casos.

Igual juramento y pleito homenaje prestaron aquel mismo día y en la misma iglesia, ante su capitán general, los capi- tanes y oficiales de la Armada de que seguirían su derrota y obedecerían sus prescripciones.

Otorgó S. M. varías mercedes y privilegios a Magallanes y a áus compañeros de expedición; escribió éste su plan de señales y los reglamentos para el mejor gobierno de la Es- cuadra y disciphna de los que habían de embarcarse, y com- pletada la tripulación zarpó del puerto de las Muelas, de Se- villa, el día lo de agosto de 15 19, deslizándose mansamente las carabelas por las dulces aguas del anchuroso Guadalquivir, mientras los héroes que en ellas se lanzaban en busca de igno-

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tos mares y vías jamás surcadas se despedían de los atónitos habitantes que llenaban las márgenes: saludaron con salvas estruendosas a los vecinos de San Juan de Aznalfarache y a ios de Coria del Río y a los demás pueblos de ambas orillas, hasta fondear frente al castillo, propiedad entonces del Du- que de Medina Sidonia, donde se hallaba situado el famoso puerto de Sanlúcar de Barrameda. Allí permaneció anclada la Arinada hasta el 20 de septiembre en que se dio definiti- vamente a la vela.

Durante este intervalo de tiempo subían y bajaban de Se- villa por el río para terminar sus asuntos el almirante y capi- tanes, ocurriendo a las dificultades a medida que se iban pre- sentando y proveyendo a la Escuadra de cuanto creyeron necesario para el buen éxito de su larga y difícil navegación.

Entonces fué cuando Magallanes declaró en su memorial al Rey las alturas y situación de las islas de la especiería y de las costas y cabos principales, que se hallaban dentro de la demarcación de la Corona de León y Castilla, añadiendo al fin de su relación: "Esta membranza que a Vuestra Al- teza doy, mande muy bien guardar, que ya podría venir tiem- po que será necesaria y excusará diferencias."

Preveía, en efecto, las muchas y duraderas que surgirían entre castellanos y portugueses, tanto de los de la Península como en las islas del Maluco, las cuales no terminaron hasta que se hizo el empeño con pacto de retroventa en 350.000 du- cados, el día 13 de abril de 1529, pasando nuevamente al dominio de España en virtud de la unión de las dos Coro- nas, en 1580, en que fué proclamado Felipe II por Rey de Portugal. Y habiendo sido tomadas aquellas islas por los ho- landeses, fueron rescatadas por el gobernador de Filipinas D. Pedro de Acuña, hasta que se desmantelaron por temor a las correrías del corsario chino Kog-Seng, en tiempo del go- bernador de Filipinas D Sabiniano Manrique de Lara.

A 24 de agosto de 15 19 hizo Magallanes su testamento en

Nuestra Señora do la Victoria.

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Sevilla, en el cual resplandece su tiernísima devoción a María Inmaculada. He aquí algunas cláusulas sacadas de él, que co- rroboran su fe, piedad y amor hacia esa Señora :

"En el nombre del muy alto é muy poderoso Dios Nro. Se- ñor, que vive sin comienzo é reina sin fin, é de la Bienaven- turada Virgen gloriosa Nra. Sra. Santa María, su bendita Madre, á la cual todos cristianos tenemos por Señora é por abogada en todos los nuestros fechos, y á honra é servicio 6uyo é de todos los Santos é Santas de la Corte celestial. Amén. Sepan cuantos esta carta de testamento vieren como yo el Comendador Fernando de Magallhaes capitán gene- raí de SS. AA. de la Armada del Especería, marido que soy de doña Beatriz Barbosa, vecino que soy de esta muy noble é muy leal cibdad de Seuilla en la collación de Santa María..."

Y tratando de las mandas que dejó, dijo: "ruego é pido por merced á la gloriosa siempre Virgen Nra. Sra. Santa María, su bendita Madre, que con todos los santos é Santas de la Corte del cielo, sea intercesora é rogadora á su Fijo pres- cioso por mi ánima, la quiera perdonar sus culpas é pecados, é la poner en su santa gloria é reino celestial ; é cuando fina- miento de mi acaesciere desta presente vida para la vida per- durable mando, que si falleciere en esta cibdad de Seuilla, que mi cuerpo sea enterrado en el monesterio de Santa María de la Vitoria que es en Triana, guarda y collación desta cibdad de Seuilla en la sepoltura que me fuere dada; é si falleciere en el dicho viaje, mando que entierren mi cuerpo en una igle- sia de la abocacion de Nra. Sra. del más cercano lugar donde yo falleciere é me tomare la muerte, é mando á la obra de la Capilla del Sagrario de la Santa Iglesia de Seuilla, por reve- rencia de los Santos Sacramentos, que de la dicha iglesia é rescibido é tengo de rescebir, si la voluntad fuere de Dios Nr. Señor, mil mrs. é mando á la Santa Cruzada un real de piala, é mando á las órdenes de la Santa Trenidad y Santa María de la Merced, desta cibdad de Seuilla, para ayuda

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a la redención de ios fieles cristianos que están cavtivos en tierra de moros, enemigos de nuestra santa Fe católica, a cada una borden un real de plata é mando á la casa é enfermos del Sr. San Lázaro, que fuera é cerca desta cibdad de Seuilla, en pitanza é porque rueguen a Dios por mi ánima, otro real de plata é mando ai Hospital de las Bubas desta cibdad de Sevilla, por ganar los perdones que en él son, otro real de plata é mando á la casa de San Sebastián que es en el campo de la Tablada, por ganar los perdones que en ella son, otro real de plata é mando á la obra de la santa iglesia de la Seo de Seuilla, por ganar los perdones que en ella son, otro real de plata é mando que dicho dia de mi enterramiento, mi cuerpo presente me digan treinta misas, dos cantadas y 28 rezadas é que me ofrendan la ofrenda de pan é vino é cera que mis albaceas quisieren é mando que me digan en el dicho monesterio de Santa María de la Vi- toria un treintanario de misas cerrado, por mi ánima é que den por lo decir la pitanza acostumbrada é mando que el día de mi enterramiento se vistan tres pobres que son aquellos que con mis albaceas yo tengo hablado é que a cada uno de- llos le den un sayo de pana pardillo é una caperuza é una ca- misa é unos zapatos, porque ruegen á Dios por mi anima" é asimismo mando que el dicho dia de mi enterramiento den de comer a los dichos tres pobres e más a otros doce pobres, porque rueguen á Dios por mi ánima é mando que el dicho día de mi enterramiento den en limosna por las ánimas del purgatorio un ducado de oro ; é confieso, por decir verdad a Dios é al mundo é guardar salud de mi ánima, que e resce- bido é rescibí en dote é en casamiento con la dicha doña Beatriz Barbosa mi muger 600.000 mrs. de que le tengo otor- gado conocimiento de ellos por ante Vernal Gonzalo de Va- llecillo, escribano publico de Seuilla; mando que antes de todas cosas la dicha doña Beatriz Barbosa mi muger, sea pa- gada é entregada de los dichos 600.000 mrs. del dicho su

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dote é asi mismo de las arras que yo le mando, é por cuan- to yo voy en servicio de SS. AA. en la dicha Armada y de todo el interés y provecho que de ella, con ayuda de Dios Nro. Señor, se ouiere, sacadas las primeras costas que SS. AA. han fecho en la dicha Armada, yo tengo que haber el quinto de todo ello, é mas todo lo que yo oviere de mi facienda que llevo yo en la dicha Armada, é desto quie- ro disponer el diezmo de todo lo que oviere de la dicha Ar- mada,— por ende yo por esta carta deste mi testamento quie- ro é mando é es mi voluntad que el dicho diezm.o se gaste é distribuya en la manera siguiente :

Primeramente el tercio del dicho diezmo quiero é mando y es mi voluntad que lo aya el dicho monesterio de Nues- tra Señora Santa María de la Victoria de la dicha Triana para facer la capilla del dicho monesterio é porque los frai- les de dicho monesterio siempre jamás tengan cargo de ro- gar á Dios por mi ánima.

Otro si mando y es mi voluntad que de los otros dos ter- cios del diclio diezmo se hagan tres tercios, y que el uno de ellos lo haya el monesterio de Nra. Sra. Santa María de Monserrat, que es en la cibdad de Barcelona, y el otro ter- cio lo haya el monesterio de San Francisco de la Villa de Aranda de Duero, para ayuda de la caustral del dicho mones- terio, y el otro tercio lo aya el monesterio de Santo Domingo de las Dueñas de la cibdad del Puerto de Portogal, para las cosas que más necesarias fueren al dicho monesterio; lo que dicho es yo les mando, porque rueguen á Dios por mi ánima.

E otro si mando é quiero y es mi voluntad que de la mitad de toda la otra hacienda que a mi me pertenece de la dicha armada é de la otra facienda que yo tengo en esta dicha cibdad de Seuilla, se saque la quinta parte de todo ello para cumplir las cosas de mi ánima, é que mis albaceas del dicho quinto cumplan las cosas de este dicho mi testamento.

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en lo que más á ellos les pareciere que se conviene hacer para descargo de mi ánima é conciencia..."

Esta misma acendrada devoción hacia Nuestra Señora la Madre de Dios demostró Magallanes en el solemnísimo acto de exigir el juramento de fidelidad del reyezuelo cristiano de Cebú al Rey de España, recibido el cual puso el comendador su espada delante de la imagen de Nuestra Señora, decla- rándole al reyezuelo que debía morir antes de faltar al ju- ramento hecho, y que él mismo estaba dispuesto a perecer mil veces antes que faltar al juramento que había hecho por la imagen de Nuestra Señora.

Afirma Pigafeta, por otro nombre Antonio Lombardo, que antes de partir las naos de Sanlúcar se confesaron to- dos, y mientras permanecieron allí fondeados oyeron misa todos los días, sin permitir Magallanes que fuese en la expe- dición mxujer alguna, imitando en ello a Alfonso de Albur- querque, el célebre conquistador de Malaca en la India Orien- tal, y al perínclito Hernán Cortés, el conquistador de Mé- xico.

Componíase esta Armada de las cinco carabelas siguien- tes : Trinidad, San Antonio, Concepción, Victoria y San- tiago.

La Trinidad, que era de porte de no toneles (cada cin- co toneles equivalían a seis toneladas), cos,tó 270.000 mara- vedises; la San Antonio, de 120 toneles, 330.000 maravedises; la Concepción, de 90 toneles, 228.750 maravedises; la Victo- ria, de 85 toneles, 300.000 maravedises, y la Santiago, de 75 toneles, 187.000.

De orden de S. M. compró dichas naos el factor Juan de Aranda ; tenían cada una castillos a proa y a popa ; fue- ron carenadas en Sevilla, y aparejadas de velamen, anclas, ca- bles, artillería, armas y municiones.

Entre las armas de fuego, llevaban cincuenta escopetas

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con un frasco de pólvora para cada una, y el resto del arma- mento consistía en cien coseletes con armaduras de brazos, espalderas y capacetes ; cien petos, con sus barbotes y cas- quetes, sesenta ballestas con trescientas sesenta docenas de saetas, doscientas rodelas, noventa y cinco docenas de dardos, mil lanzas, doscientas picas, ciento cincuenta varas de mecha y otros adjuntos menos importantes.

Completaban la artillería ciento diez versos de hierro de a dos quintales cada uno, diez y siete falcones, diez y siete lombardas gruesas y tres pasamuras.

La pólvora embarrilada pesaba cincuenta quintales, y juntamente llevaban los dados y pelotas de hierro y de pie- dra correspondientes con seis moldes para hacer pelotas de pasamuras, falcones y versos, con planchas y pelotas de plo- mo para artillería y escopetas.

Embarcaron, además, instrumentos de marear, mercade- rías para el rescate, provisiones de bizcocho, vino, aceite, vi- nagre, pescado seco y bastina seca por pescado; tocinos añe- jos, habas, garbanzos, lentejas, harina, ajos, quesos, miel, hi- gos, azúcar, carne de membrillo, alcaparras, mostaza, arroz, vacas, puercos y sal en cantidad suficiente todo ello para el viaje.

La Trinidad la gobernaba Magallanes, que llevaba por pi- loto a Esteban Gómez de Elorriaga, portugués ; por capellán, a Pedro de Valderrama, natural de Ecija; por escribano, a León de Espeleta; por contramaestre, a Francisco Albo; por cirujano a Juan de Morales; y, además, había en la nao bar- bero, carpintero, despensero, calafate, tonelero, catorce mari- neros, tres lombarderos, diez grumetes, cinco pajes o criados, dos sobresalientes, un merino, y por intérprete el esclavo de Magallanes, Enrique de Malaca.

En la nao San Antonio iba como capitán Juan de Carta- gena, veedor de la Armada; llevaba por capellán a Bernardo

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Cálmela, francés; contador, Antonio de Coca; escribano, Je- rónimo Guerra; pilotos, Andrés de Sanmartín y Juan de Ma- f ra ; maestre, Juan de Elorriaga ; contramaestre, Diego Her- nández, y, además, barbero, despensero, carpintero, tonelero, dos calafates, trece marineros, tres lombarderos, diez grume- tes, dos pajes, tres sobresalientes y doce criados.

Conducía la nao Concepción su capitán Gaspar de Quesa- da, llevando por escribano, a Sancho de Heredia; por piloto, a Juan López Carballo ; por maestre, el celebérrimo Juan Se- bastián del Cano; el contramaestre Juan Acurio, y, además, barbero, calafate, despensero, tonelero, diez marineros, tres lombarderos, diez grumetes, dos pajes, cuatro criados, dos merinos, un herrero y dos sobresalientes.

Montaba la nao Victoria el capitán Luis de Mendoza, te- sorero de la Armada, y por piloto iba Vasco Gallego ; por es- cribano, Martín Méndez; maestre, Antonio Salomón; contra- maestre, Miguel de Rodas; alguacil, Diego de Peralta, y, ade- más, despensero, calafate, carpintero, once marineros, tres lombarderos, diez grumetes, dos pajes, cuatro criados, dos he- rreros, un tonelero y tres sobresalientes.

Per último, era capitán de la nao Santiago Juan Rodríguez Serrano ; escribano, Antonio de Costa ; maestre, Baltasar Ge- novés; contramaestre, Bartolomé Prior, y, además, un des- pensero, calafate, carpintero, nueve marineros, dos lombarde- ros, ocho grumetes, tres pajes y tres sobresalientes.

Ultra de los 239 sujetos mencionados en la relación oficial, se agregaron otros 26 individuos calificados de la manera siguiente: un carpintero, un despensero, un calafate, el maes- tre Pedro, un marinero, diez grumetes, cinco sobresalientes, los clérigos Pedro Sánchez de Reina y licenciado Morales, un hombre de armas, un herrero, el criado del capitán Mendo- za y el negro del piloto Juan Carballo. Total de individuos de esta expedición, 265.

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El coste total de la Armada ascendió a 8.334.335 marave- dises, de cuya cantidad sufragó S. M. 6.454.209 maravedi- ses, y el factor Cristóbal de Haro contribuyó con 1.880. 126 maravedises, que satisfizo a cuenta de las condiciones otor- gadas por S. M.

III

Hacia el Estrecho.

El día 20 de septiembre de 15 19 salió la expedición del puerto de Sanlúcar de Barrameda; el 26 del mismo mes fon- dearon en la isla de Tenerife. Provistos de agua y leña, dié- ronse de nuevo a la vela, y el 3 de octubre pasaron por en- tre las islas de Cabo Verde, y costeando la Guinea, se diri- gieron al Brasil, entrando en Río Janeiro a 13 de diciembre en el puerto que por este motivo llamaron de Santa Lucía. Refrescados los víveres, levaron anclas el 2y, y prosiguieron su derrota pegados a la costa, hasta doblar el Cabo de Santa María, por donde se introdujeron en el mar dulce, denomi- nado por ellos río de San Cristóbal y hoy de la Plata. Cos- teando luego con rumbo al Oriente, descubrieron el 10 de enero de 1520, según dice Albo en su diario "una montaña hecha como un sombrero, al cual le pusimos nombre Monte Vidi (corrutamente llaman ahora Santo Vidio; y Navarrete. en su tomo IV", donde reproduce este diario, puesto entre pa- réntesis, dice : ahora Montevideo) ; y en medio del cabo Santa María, hay un río que se llama Río de los Patos, y por allí ade- lante fuimos todavía por agua dulce; y la costa corre lessueste a oesnoroeste diez leguas de camino; después corre nordes- te sudoeste hasta 34 grados y 1/3, en fondo de 5 y 4 y 3 bra- zas; y allí surgimos y enviamos al navio Santiago de longo de costa por ver si haba pasaje, y el río está 33 grados y 1/2

PARTE PRIMERA g

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al nordeste, y allí hallaron unas isktas y la boca de un ríe muy grande (era el rio de Solís), é iban al Norte, y así to- maron las bueltas de las naos; y el dicho nabio estuvo lejos de nosotros obra de 25 leguas, y estuvieron en venir 15 días, y en este tiempo íbamos otras dos naos á la parte del Sur á ver si había pasage para pasar, y ellos fueron en espacio de dos días, y allí fué el capitán general y hallaron tierra al sursurueste, kjos de nosotros 20 leguas, y estuvieron en ve- nir 4 días; y en viniendo, tomamos agua y leña, y fuímonos de allí, voltando de un bordo y otro con vientos contrarios hasta que vinimos en vista de Monte Vidi, y esto fué á 2 días del mes de Febrero, dia de Nra. Sra. de la Candelaria; y á la noche surgimos á 5 l^uas del monte, y nos quedaba al sues- te cuarta del este, y después á la mañana á 3 del dicho nos hizimos á la vela la vuelta del sur...", y costeando siempre hacia el polo antartico hasta los 47°, surgieron en las islas de los Penguines y los Leones, ambas situadas en el Puerto De- seado, donde abastecieron las cinco naos de penguines y lo- bos marinos. Salidos de aquel puerto fueron a invernar dot grados y medio más al sur, y el último día de marzo entra- Ton en el puerto de San Julián, donde permanecieron fon- deados hasta el 24 de agosto, día de San Bartolomé, en 49* y dos tercios, según el mismo diario de Albo.

Por muchos días se imaginaron la tierra despoblada ; pero a los dos meses se les presentó un hombre de gigantesca esta- tura, bailando con mil aspavientos y muestras de asombro y respeto. Ordenó Magallanes a un marinero que desembarcase y remedase las acciones del indio ; tomólo éste a señal de amistad, y se dejó llevar a las naves, que contempló estupe- facto. Los días siguientes acudieron indios en buena canti- dad, siempre dóciles y amigos, medio cubiertas sus carnes con cueros de antas, "que son dice Albo como camellos sin' combas, y traen unos arcos de caña muy pequeños como tur- quescos y las flechas como ellos, y en la punta traen un pe-

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dernal por hierro, y son muy livianos corredores y hombres muy cumplidos y bien aficionados".

Por la grande huella de sus pies llamólos Magallanes pa- tagones (i).

(i) Algunos niegan esta etimología asegurada por Pigafcta, y quie- ren derivar patagón de la lengua pampa, en la cuall pa indica la idea de venir, y thagón, la de quebrarse, romperse, despedazarse. Según esto, patagón significaría el que lltga destr osado, y potagonia, tierra rota despezada por las riolertta* conmociones seísmicas ocurridas en remota ant^üedad.

IV

La tragedia de San Julián.

De siniestros recuerdos quedó en la hisioria de aquella bahía : la primera visita que la civilización hizo a aquellos mares y a aquellas playas, manchada quedó de sangre ; ilustres capitanes terminaron allí la jornada con tan risueñas esperanzas de glo- ria y de riquezas comenzada.

No debía Magallanes mirar con ojos amigos al Juan de Cartagena ; de sobra echaría de ver que el dárselo como con- junta persona, implicaba cierta desconfianza y lo constituía en cierto modo síndico de sus hechos, aparte de la mengua de su autoridad en tener que consultar con él las disposiciones del viaje.

Según las declaraciones tomadas a los testigos en las in- formaciones que se hicieron en los puertos de San Julián, Sanlúcar de Barrameda y Valladolid, consta que ya a la al- tura de Canarias, Juan de Cartagena pidió con los demás ofi- ciales al capitán general que, pues estaba obligado a con- sultar con ellos las cosas relativas al viaje, según las instruc- ciones de S. M., se atemperase a ellas, y les comunicase la de- rrota que debían llevar. Dióla Magallanes de mala gana, y aún mediaron palabras de enojo.

En la costa de Guinea varió el adelantado la derrota ; pre- guntóle Cartagena el motivo, y le contestó Magallanes que no tenía que darle cuenta de sus actos, que sabía muy bien lo que bacía; por tanto, callase y siguiese.

yo

Más tarde, hallándose en calma a la altura de Sierra Leo- na, saludó cierta noche Cartagena a Maga:llanes por medio de un marinero, diciéndole: "Dios os salve, señor capitán y maes- tre, e buena compañia."

Amonestóle Magallanes por medio del piloto Esteban Gó- mez y del maestre de la nao San Antonio, Juan de Elorriaga, "que no le saludase de aquella manera, salvo llamándole ca- pitán general". A lo que respondió Cartagena: "que con el miejor marinero de la nao le había saludado, y que quizá otro día le saludaría con un paje". Y añade la carta del contador Juan López de Recalde al Obispo de Burgos, de donde toma- mos estos datos: "Y diz que dende en tres días el dicho Car- tagena no le tornó a saludar."

Pasados algunos días "hizo botar Magallanes fuera el es- quife y mandó llamar a su nao al dicho Cartagena y a los otros capitanes e pilotos de las otras naos, c juntos pasaron entre ellos muchas palabras sobre la dicha derrota e manera de salvar, en que el dicho Magallanes echó mano del pecho al dicho Cartagena, diciendo : "Sed preso."

"Y el dicho Cartagena requirió a algunos otros capitanes e pilotos que enJe se halhron, que le diesen favor para prender al dicho Magallanes ; e no le acudieron, e quedó preso el di- cho Cartagena de pies en el cepo. Y en esto los dichos oficiales rogaron al dicho Magallanes que lo entregase a uno de ellos preso, y así lo emregó al tesorero Luis de Mendoza, tomándole pleito hítnenaje de se lo volver cada e cuando que él se lo pi- diese, preso ; y con tanto siguieron su viaje adelante, e puso por capitán en su lugar a Antonio de Coca, contador."

Con esta tirantez de relaciones llegaron, víspera del Do- mingo de Ramos, al referido puerto de San Julián, y al día siguiente llamó a tierra Magallanes a los capitanes, oficiales y pilotos para oír misa, después de la cual les invitó a comer •« su nao, v sólo asis^^ió Alvaro de la Mezquita.

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Creían los capianes inútil navegar por la costa de América y deseaban dejarse de rodeos y descubrimientos e irse derecha- mente a las Malucas por el Cabo de Buena Esperanza e isla de San Lorenzo. Alentados por Juan de Cartagena quisieron imponerse a Magallanes, y una noche se dirigieron, con Gas- par de Quesada y treinta hombres armados de la nao Concep- ción a la de San Antonio, de la cual era capitán Alvaro de Mez- quita, que había reemplazado a Antonio de Coca en la costa del Brasil, por orden de Magallanes, y apuntándole al pecho las espadas, le intimaron a dicho capitán de la nao San Antonio sus propósitos.

Negóse Alvaro de Mezquita a cooperar en tan crimina- les excesos de Quesada y Cartagena; prendiéronlo y lo ence- rraron, con grillos echados, en el camarote de Gerónimo Gue- rra, personal hábil y suficiente, a quien, por su experiencia en las cosas del mar. había agregado el Rey a la Armada con sueldo de 30.000 maravedises por Real cédula de 20 de julio de 1519.

Presenció estos hechos el clérigo Pedro de Valderrama, y viendo a Gaspar de Quesada junto a Cartagena, le reprendió con la autoridad que le daba su sagrado ministerio y le dijo:

Cum sancto, sanctus cris; et cum perverso, perverteris.

¿Quién aprueba eso? preguntó Quesada.

El Profeta David.

A lo que replicó aquél :

No conocemos Padre, agora, al Profeta David.

Destituido Alvaro de Mezquita, envió Quesada a la nao Concepción por el maestre Juan Sebastián del Cano, para que mandase la artillería a bordo de la nao San Antonio. Obedeció del Cano, por ser Quesada su capitán, y cebó los cañones ; y a los que rehusaban obedecerle, ks ponía Quesada su puñal al pecho y metíales en grillos.

No se intimidó el maestre de la nao. íuan de Elorrlag^a;

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antes se opuso valkiií-emente a Quesada, requiriéndole en nombre de Dios y clamando a voces ¡ favor al Rey !

Furioso Quesada, arremetióle puñal en mano y dijo: "¿Aun. por este loco se ha de dejar de hacer nuestro hecho?", y dán- dole seis puñaladas, lo dejó por muerto.

Dueños eran 3a los sublevados de las naos San Antonio, Concepción y Victoria; pasóse Cartagena a la segunda, quedó- se Quesada en la San Antonio y Mendoza continuó en el go- bierno de la Victoria. Además se apoderaron de los bateles de las demás naos. Por Magallanes quedaba su nave Trinidad; la Santiago permanecía neutral, algo alejada

Los amotinados, seguros de su fuerza, enviaron un men- saje a Magallanes requiriéndole, en nombre del Rey, que se atuviera a las provisiones reales recibidas en Sevilla.

Detuvo el adelantado el batel del mensaje a su bordo, y en el esquife de su nao envió al alguacil Espinosa con cinco o seis hombres armados secretamente, a la Victoria^, de que era capitán el tesorero Luis de Mendoza, para que de sii parte le dijese que "se fuese e pasase a la nao capitana"; lo cual dir que le envió a decir por una carta con el diclio Espinosa; e dada la dicha carta, leyendo e sonriéndose, como quien dice no me tomará allá, el dicho alguacil Espinosa dio una puña- lada al dicho Mendoza ix)r el garguero, y otro marinero una cuchillada en la cabeza en el mismo instante, de que cayó muer- to; y en esto, como hombre que estaba sobre aviso, envió el dicho Magallanes a Duarte Barbosa con quince hombres y entraron en la dicha nao Victoria, e la señorearon e alzaron la bandera, sin que nadie les resistiese, sin les decir nadie "¿por qué habéis hecho esto?". Y a la dicha nao llevaron al bordo de la capitana; y luego trujieron bien a si al bordo la carabela menor, nombrada Santiago.

Por la noche del siguiente día a.saltó Magallanes la nao San Antonio y la rindió a discreción. Prendió a Quesada, al conta- dor Antonio de Coca y demás sobresalientes que con el pri-

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Puerto de San Julián.

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mero habían pasado a dicha nao ; los puso en prisiones debajo de cubierta, y envió hiego por Juan de Cartagena, a quien puso igualmente preso con los demás debajo de cubierta.

AI otro día mandó sacar a tierra el cadáver de Mendoza e lo fizo cuartizar pregonándolo por traidor ; y al dicho Que- sada hizo que un criado suyo, que se llamaba Luis del Molino, le cortase la cabeza, como se la cortó, e cuartizó dándole por traidor."

A Juan de Cartagena y al sacerdote secular Pedro Sán- chez de Reina, condenó a ser abandonados en la costa de Pa- tagonia, "con sendas taleguitas de bizcocho, e sendas botellas de vino; perdonando a más de quarenta, por no extremarse en el castigo y ser necesarios para el servicio de las naos" (i).

(i) Para apreciar !a verdad de estos tristes acontecimientos, con- súltense 'los documenitos siguientes del Archivo general de Indias Sevilla, dados a luz a mediados de Junio de este año de 1920, en el tercer tomo de su Colección, sobre Magallanes, por la Compañía Ge- nera' de Tabacos de Filipinas en Barce'Iona : "Información hecha por mandato de Hernando de Magallanes para averiguar Jo ocurrido en la nao San Antonio. Puerto de S. Julián, 26 Abril 1520. Patronato: Si- mancas: Est. I, Caj. 2, Leg. i/i.

Carta del Contador Juan López de Reca'lde al Arzobispo Fonseca, dándole cuenta de la llegada aJl puerto de las Muelas (Sevilla) de la nao San Antonio, una de 'las cinco que llevó Magallanes, etc. Sevilla, 12 de Mayo de 1521. Patronato: Simancas: Esfc. i, Caj. 2, Leg. i/r.

Carta del Obispo de Burgos a los Oficiales de Sevilla contestando a otra en que éstos ¡e avisaban ila llegada de la nao San Antonio. Bur- gos, 26 de Mayo 1521. Indiferente: genera'.: Est. 139, Caj. i, Leg. 6.°

Carta del! Licenciado Matienzo y Juan López de RecaJde a S. M. dán- dole cuenta de la llegada a Sevilla de la nao San Antonio y de lo que dicen sus tripulantes sobre el motivo de la vueflta. ^Sevilla. Mayo 1521. Patronato: Simancas; Est. i, Caj. 2, Leg. i/i.

Información hecha arrte el Alcalde de Valladolad, Díaz de Legui- zano, sobre varias ocurrencias de la x\rniada de Magallanes durante eí. ■viaje. Valladolid, 18 octubre die 1522. A. áe I. 1-2- i/i.

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V ¡Estrecho avante al mar del Sur!

Ejecutado el escarmiento y apaciguados por el miedo los ánimos, ordenó Magallanes al nuevo capitán de la Santiago, fuan Serrano, que recorriese lo largo de la costa del sur para ver si aparecía el anhelado estrecho. A distancia de cerca 20 leguas halló el río de Santa Cruz ; mas un temporal furioso estrelló e! barco contra la costa, salvándose, empero, su carga- mento y la gente, que volvió con grandes trabajos por tierra al puerto de San Julián, para dar cuenta a Magallanes de la des- gracia ocurrida. Socorrióles el almirante como pudo, y el 24 de agosto, habiendo nombrado nuevos comandantes y arregla- do sus tripulaciones, diéronse todos a la vela ; y a los dos días surgieron en el río de Santa Cruz, donde estuvo la Armada a punto de perderse. Proveyéronse allí de agua, leña y pescado, y aguardaron cerca de dos meses mejores tiempos.

Según sus cálculos y lo señalado en el derrotero de Martín de Bohemia, estaban ya los expedicionarios tocando con la mano la meta de su carrera : el Estrecho debía andar muy cer- ca. Los hombres de aquella época, aunque en días borrascosos perdieron de vista la religión (testigos las tragedias recientes), en los momentos críticos buscábanla fervorosamente, y su cris- tiandad a veces amortecida, jamás muerta, daba edificantes muestras de sí.

Magallanes, para implorar el favor divino en la jornada

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decisiva, hizo desembarcar las tripulaciones, armó una tienda de campaña, y en ella confesaron y comulgaron todos. Luego dio una instrucción a los capitanes de las naos para seguir adelante hasta encontrar paso o el término de la tierra firme, que recorrían, aunque hubiesen de llegar a la altura de 75", con orden de no retroceder, a menos que por dos veces se les desaparejasen las naos, y aun en este caso emprenderían la derrota del Maluco por la vía del Cabo de Buena Esperanza e Isla de San Lorenzo, si bien con encargo de pasar muy lejos de ambos puntos, para no incurrir en falta con lo capitulado por S. M., de no tocar la jurisdicción y dominios del Rey de Portugal.

Jueves 18 de octubre, fiesta del Evangelista San Lucas, "partimos dice Albo del dicho río de Santa Cruz con vien- tos contrarios ; anduvimos dos días volteando de un bordo y otro, y después hubimos buen viento, y anduvimos al sursuroes- te dos días, y en este tiempo tomamos el sol en 50° ^/g y fué a los 20 del dicho.

"A los 21 del dicho, tomé el sol en 52° limpios a 5 leguas de tierra, y allí vimos una uberta como bahía, y tiene a la entra- da, a mano derecha, una punta de arena muy larga, y el cabo que descubrimos antes de esta punta se llama el Cabo de las Vírgenes, y la punta de arena está en 52° de latitud, y de lon- gitud está 52° y V2 i y de la punta de la arena a la otra parte habrá otra de 5 leguas ; y dentro de esta bahía hallamos un es- trecho que tendrá una legua de ancho ; y de esta boca á la pun- ta de la arena se mira leste oeste, y de la parte izquierda de la bahía hace un gran ancón grande, en el cual hay muchos ba- jíos ; mas, como embocáis, teneos en la parte del Norte, y como, vos emboquéis el estrecho, iros al sudoeste por media canal; y como vos emboquéis, guardaos de unos bajos antes tres leguas de la boca, y después de ellos hallareis dos isletas de arena y entonces hallareis la canal abierta, irvos en ella á vuestro pla- cer sin duda. Y pasando este estrecho hallamos otra bahía pe-

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quena, y después hallamos otro estredio de la misma manera del otro; y de una boca á la otra corre leste oeste, y lo an- gosto corre nordeste sudoeste ; y después que desembocamos las dos bocas ó angosturas, hallamos una bahía muy grande, y hallamos unas islas, y en una de ellas surgimos y tomamos el sol y nos hallamos en 52 grados y Vs X ^^ allí venimos al susu- este, y hallamos una punta á mano izquierda, y de allí á la pri- mera boca habrá obra de 30 leguas.

"Después fuimos al Suroeste obra de 20 leguas y allí toma- mos el sol y estábamos en 53 grados y dos tercios, y de allí volvimos al noroeste obra de 15 leguas, y allí surgimos en al- tura de 53 grados ; y en este estrecho, hay muchos ancones y las sierras son muy altas y nevadas y con mucho arbolado; y después fuimos al noroeste cuarta del oeste, y en este camino hay muchas islas; y desembocando de éste estrecho vuelve la costa al norte, y á la mano izquierda vimos un cabo con una isla y le pusimos nombre Cabo Fermoso y Cabo Deseado, y está en altura del mismo Cabo de las Virgines que es el i.° del embocamiento..."

Esta cita es preciosa, por describirnos sencillamente, sin alardes, el hecho portentoso que celebramos.

Veamos ahora algunos pormenores del descubrimiento.

Habiendo avistado el Cabo de las Vírgenes el 21 de octu- bre de 1520, envió Magallanes las naos San Antonio y Concep- ción, a fin de que dentro de cinco días reconociesen sus capi- tanes y pilotos si la bahía que se presentaba era estrecho y vol- viesen con la noticia al lugar de la entrada, donde aguardaría con las naos Trinidad y Victoria; y aquella misma noche so- brevino tan recia tormenta durante día y medio, que amagó destruir toda la Armada. Regresaron, sin embargo, las dos naos el de diciembre, dando cuenta los de una al Almiran- te, que sólo habían hallado algunos golfos con altísimas ribe- ras, y los de otra que era realmente estrecho, porque habían navegado tres días por él sin descubrir su salida.

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Por la relación de estos últimos juzgó Magallanes que, en efecto, él iba bien encaminado, y envió la nao San Antonio a nuevo reconocimiento; mas aunque anduvo 50 leguas, no le halló fin, y volvió a reunirse con la Armada; motivo por el cual antes de desembocarlo quiso Magallanes consultar con los ca- pitanes, pilotos y gente principal sobre lo que se debía hacer; quienes, visto que los viveres en todas las naos bastaban para tres meses, aconsejaron al animoso general pasar adelante y dar cabo a la demanda.

Disintió, sin embargo, el portugués piloto de la nao San Antonio, Esteban Gómez, quien dijo: *'Que, pues se había ha- llado el estrecho para pasar á los Malucos, se volviesen á Cas- tilla, para llevar otra armada, porque había gran golfo que pasar, y si les tomasen algunos días de calma ó tormentas, pe- recerían todos". Entonces Magallanes, que se reservaba para si la última resolución, quiso que le diesen los del consejo su parecer libremente por escrito ; y de este documento nos ha quedado el ejemplar que dirigió a Duarte Barbosa, capitán de la nao Victoria, y a los pilotos, maestres y contramaestres de ella, juntamente con la respuesta que dio Andrés de Sanmar- tín a la consulta, por venir registrados ambos escritos en un libro que entre sus papeles recogieron los portugueses, después que hubo fallecido en el Maluco, y del cual nos habla Juan de Barros en su Década 3.', lib. 5.°, cap. IX, págs. 639-646.

He aquí la orden-consulta de Magallanes :

"Yó, Fernando de Magallanes, Caballero de la Orden de Santiago, y Capitán General de esta Armada que S. M. envía al descubrimiento de la especiería, etc. Hago saber á vos, Duar- te Barbosa, capitán de la nao Victoria, y á los pilotos, maes- tres y contramaestres de ella, cómo yo tengo entendido que á todos os parece cosa grave estar yo determinado de ir ade- lante, por pareceros que el tiempo es poco para hacer este via- je en que vamos. Y por cuanto yo soy hombre que nunca des- eché el parecer y consejo de ninguno, antes todas mis cosas

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son platicadas y comunicadas generalmente con todos, sin que persona alguna sea afrentada de ; y por causa de lo que aconteció en el puerto de San Julián, sobre la muerte de Luis de Mendoza, Gaspar de Quesada, y destierro de Juan de Car- tagena, y Pero Sánchez de Reina clérigo, vosotros con temor dejáis de decirme y aconsejar todo aquello que os parece que es servicio de S. M., bien y seguridad de dicha Armada, y no me lo tenéis dicho y aconsejado; erráis el servicio del Empe- rador Rey nuestro Señor, é is contra el juramento y pleito ho- menaje que me tenéis hecho: por lo cual os mando de parte de dicho Señor, y de la mía ruego y encomiendo, que todo aquello que sentís que conviene á nuestra jornada, así de ir adelante como de volvernos, me deis vuestros pareceres por escrito, cada uno de por sí, declarando las cosas y razones por qué debemos de ir adelante, ó volvernos, no teniendo respeto á cosa alguna porque dejéis de decir la verdad ; con las cuales razones y pareceres diré el mío, y determinación para tomar conclusión en lo que hemos de hacer. Hecho en el canal de todos los Santos, enfrente del río del Isleo, en cuarta feria veintiuno de Noviembre en 53 grados de mil quinientos y vein- te años. Por mandado del Capitán General Femando de Ma- gallanes.— 'León de Espelece. Fué notificado por Martín Mén- dez, Escribano de dicha nao en quinta feria veinte y dos dias de Noviembre de mil quinientos y veinte años.^*

Contestaron todos unánimemente alentando a Magallanes para que no cejase en el propósito de ir adelante en la derrota emprendida; si bien unos optaban por seguir hasta el Maluco, otros se contentaban con explorar el estrecho y volverse a Es- paña con las noticias recogidas. Así opinó el astrólogo de la nao Victoria, Andrés de Sanmartín. Véase su dictamen razo- nado:

"Muy magnífico Señor: vista la orden de vuesa merced, que quinta feria veinte y dos de Noviembre de mil quinientos y veinte me fué notificada por Martín Méndez, Escribano de

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esta nao de S. M. llamada Vic loria, por la cual en efecto man- da que mi parecer acerca de lo que siento que conviene á esta presente jornada, asi de ir adelante, como volver, con las razones que para uno y para lo otro nos movieren, como más largo en dicha orden se contiene, digo : que aunque yo dude que por este canal de todos Santos, donde ahora estamos, ni por los otros que de los dos estrechos que adentro están, que va en las vueltas del Este y Esnordeste haya camino para po- der navegar á Maluco, esto no hace ni deshace al caso, para que no se haya de saber todo lo que se pudiere alcanzar, sir- viéndonos los tiempos, en cuanto estamos en el corazón del ve- rano. Y parece que vuesa merced debe ir adelante por él aho- ra, en cuanto tenemos la flor del verano en la mano ; y con lo que se halle ó descubra hasta mediados del mes de Enero pri- mero que vendrá, de mil quinientos y veinte y un años, vuesa merced haga fundamento de volver en vuelta de España, porque de ahí adelante los dias menguan ya de golpe, y por razón de los temporales han de ser más pesados que los de ahora. Y cuando ahora, que tenemos los dias de diez y siete horas, y más lo que hay de alborada, y después del sol puesto, tuvi- mos los tiempos tan tempestuosos y tan mudables, mucho más se espera que sean cuando los días fueren descendiendo de quince para doce horas, y mucho más en el invierno, como ya en el pasado tenemos visto. Y que vuesa merced sea desembocado de los estrechos afuera para todo el mes de Enero ; y si pudiere en este tiempo, tomada el agua y leña que basta, ir de punto en blanco en vuelta de la bahía de Cádiz, ó puerto de San Lúcar de Barrameda donde partimos. Y hacer fundamento de ir más en la altura del polo austral de la que ahora estamos ó tenemos, como vuesa merced le dio en ins- trucción á los capitanes en el río de la Cruz, no me parece que lo podrá hacer por la terribilidad y tempestuosidad de los tiempos, porque cuando en ésta que ahora tenemos, se camina con tanto trabajo y riesgo, ¿qué será siendo en se-

senta y setenta y cinco grados, y más adelante, como vuesa merced dice, que habla de ir á demandar Maluco en la vuel- ta del Este, Esnordeste, doblando el Cabo de Buena Esperan- za, ó lejos de él? Por esta vez no me parece, así porque cuan- do allá fuéremos, sería ya invierno, como vuesa merced sabe mejor, como porque la gente está flaca y desfallecida de sus fuerzas ; y aunque al presente tienen mantenimientos que bas- ten para sustentarse, no son tantos y tales, que sean para co- l>rar nuevas fuerzas, ni para comportar demasiado trnbajo, sin que lo sientan mucho en el ser de sus personas; y también veo de los que caen enfermos que tarde convalecen. Y aun que vuesa merced tenga buenas naos, y bien aparejadas (ala- bado sea Dios) todavía faltan amarras, y especialmente á esta nao Victoria, y, además, de eso, la gente es flaca y desfalleci- da; y los mantenimientos no bastantes para ir por la sobre- dicha vía á Maluco, y de allí volver á España. También me parece, que vuesa merced no debe caminar por estas costas de noche, así por la seguridad de las naos como porque la gente tenga lugar de reposar algún poco ; pues teniendo la luz clara diez y nueve horas, que mande surgir por cuatro ó cinco horas que quedan de noche ; porque parece cosa con- corde á razón surgir por cuatro ó cinco horas que quedan de la noche, por dar (como digo) reposo á la gente, y no tem- pestear con las naos y aparejos. Y lo más principal por guar- darnos de algún revés, que la fortuna contraria podrá traer, de que Dios nos libre. Porque cuando en las cosas vistas y ojeadas suelen acaecer, no es mucho temerlos en lo que aun no es bien visto, ni sabido, ni bien ojeado, sino que haga sur- gir antes de una hora de sol, que dos leguas de camino ade- lante, y sobre noche. Yo tengo dicho lo que siento, y lo que alcanzo por cumplir con Dios, y con vuesa merced, y con lo que me parece servicio de S. M. y bien de la Armada vuesa merced haga lo que le parezca, y Dios le encamine; al cual plazca de prosperarle vida y estado, como él desea."

PARTE PRIMERA 6

- Si

Habiendo recibido éste y otros pareceres, como la inten- ción de Magallanes no era de volver atrás, juró por el hábi- to de Santiago que tenía en el pecho, ir adelante, y por tan- to, mandó que todos le siguiesen, pues confiaba en la piedad de Dios, que les había traído a aquel lugar y les tenía descu- bierto aquel canal tan deseado, que los llevaría asimismo al término de su esperanza.

Observó el adelantado que el canal se bifurcaba. Perple- jo ante la incógnita, que era preciso despejar, envió las naos San .'Antonio y Concepción al reconocimiento del nuevo brazo, que riraba al Sur, con orden de regresar a los tres días ; y en él entrando fondeó la capitana junto al hermoso río que de- nominaron de las Sardinas por la abundante provisión que de ellas hicieron. Al otro brazo despachó una chalupa bien equi- pada y tripulada; ésta fué la afortunada; al tercer día regresó con la alegre nueva de haber llegado hasta el cabo en que ter- mina la costa meridional de la América del Sur por el lado de Oriente. Y este era en efecto, el referido Cabo Deseado.

El fin de la expedición quedaba logrado : el paso que unía los dos mares dejaba de ser un secreto. Las naves españolas tenían ante el mar, cerrado por América, y podían desple- gar í US velas y correr libres hacia la Especería sin tocar en los dominios portugueses.

Magallanes cumplió el compromiso contraído con el Rey de España.

De las do'S naos enviadas al brazo Sur del Estrecho sólo volvió la Concepción, a los cinco días de su salida.

La San Antonio, capitaneada por el sobrino de Magalla- nes, Alvaro de la Mezquita, tornó al punto de partida al ter- cer día, mas no viendo a las otras naos.

"Anduvieron dentro de la dicha bahía buscándolas cua- tro o cinco días, e como no las fallaron donde las deja- ron, acordaron de tomar la vuelta de España, e sobre que la dicha vuelta contradecía el dicho Alvaro de Mezquita vi-

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nieron a malas, en que el dicho Mezquita dio una estocadci por la pierna a Esteban Gómez, piloto, e otra él a dicho Mez- quita en la mano izquierda ; y en fin prendieron a dicho Mez- quita... E vinieron derechamente a este puerto (de las Muelas de Sevilla), comiendo tres onzas de pan cada dia por que les faltaron los bastimentos."

Los enemigos de Magallanes aprovecharon la ocasión para dejarlo, y librarse de su gobierno, que se les hacía duro en demasía. El haber desaparecido las naves les quitó el rece- lo de parecer desertores.

Pero les salió mal la cuenta: al llegar a Sevilla hiciéronse inforniaciones detalladas sobre el caso; prendieron al capi- tán ]\Iezquita, a quien se formó proceso, y se le embargaron sus bienes; tomóse declaración jurada a las cincuenta y cinco personas que iban en la nao, y el resultado fué que los ofi- ciales del Tribunal de la Casa de la Contratación de Sevilla prendieron a los cabezas de la deserción : Esteban Gómez, Je- rónimo Guerra, Juan Chinchilla, Francisco Ángulo y otros dos ; a los demás soltaron. Puesta a buen recaudo la nave y cuanto en ella venía, avisaron de todo al presidente del Con- sejo de Indias y a los gobernadores del Reino (i).

(i) Leemos en una Carta de Sevilla, Mayo de 152T, escrita a S. M. por el Dr. Matienzo y Juan López de Recalde : "En ocho de! presente aportó al molle desta Ciudad una nao nombrada Sant Antonio la mayor de las cinco naos que fueron all descubrimiento de 'a especieria con Fernando de Magallanes y en la cual vino por capitán Gerónimo Gue- rra que fue por escribano de una de las dichas naos y por piloto Esfc- van Gómez portugués... y... otras cinquenta é tres personas entre so- bresa'-ientes y marineros los quales truxieron preso a Alvaro de la Mes- quita primo carnal del d-'cho Magallanes que hera Capitán de la dicha nao puesto por el dicho Magallanes en lugar de Juayí de Cartagena los !os quales todos juntamente y cada uno por sy nos ynformaron y dixe- ron que su benida y buelta al puerto desta Ciudad avya sido porque el dicho Magallanes avia desterrado en una tierra mal aventurada syn gentes que es a los quarenta y nueve grados al dicho Juan de Cartagena con un capellán y avia echo matar a puñaladas a Luis de Mendoza t>

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Para gloria suya diremos los nombres de los primeros que saltaron en tierra en las playas del Estrecho: fueron Ocacio

sorero de ia dicha Armada y después de muerto le hizo quartizar dan- do'Ie por traidor á manera de justicia y a Gaspar de Quesada Capitán de una de las cinco naos le avian hecho degollar é quartizar aprego- nandolo por traidor y a Andrés de Sant Martyn y Hernando de Mora- les pilotos les hizo dar tratos de cuerda hasta haselles perder los myem- bros todo sobre que diz que le requerían con las prisiones de Vuestra Magestad para que se trayesen la borden y rregimiento que por Vues- tra Magestad les fue mandado dar para que llevasen la via de Maluco en descubrimiento de !a dicha especieria á cuyo fin se hordenó é hizo la dicha Armada por quanto no llevava camino para alia salvo yva,n y seguían la costa del brasil adelante por tierra fria ynutil y sin ningún provecho gastando los bastimentos y perdiendo el tiempo porque habia ya quar.orce meses menos seys dias que partieron de Sanlúcar en se- guimiento de su viaje quando esta nao' partió de !a conserva dell dicho Magallanes. El qual tes ynbió á descubrir un golfo y 'les mandó que bolbyesen al quarto dia á donde el quedaba y bolbyeron al tercero dia y lio le hallaron de donde acordaron de se bolber a España." A. de I.. T. 2. t/i. n.° 14.

El Sr. Arzobispo de Burgos Fonseca, escribió de aquella ciudad la fiesta de Trinidad, a los Oficiales de la Casa Contratación de Sevilla en contestación a la de/l Contdor Recalde, la Carta siguiente: "Reverendo y muy virtuosos señores. Ayer sábado bispera de la Trinidad llegó brizeño correo con el despacho que señores le disteis con el qual rres- cibi una carta de vos señor contador en que hazeis relación de fe ca- ravela llamada San Antonio que llegó en el rio de lias muelas de esta Ciudad que es una de las cinco naos de la armada que fué al descubri- miento de la especieria de que fueron por capitanes hernando de Ma- gallanes é Juan de Cartagena y todo lo Jemas que passado segund los dichos que se an tomado á la gente que en la dicha Caraveila vino ame puesto tanta turbación la maldad que aquel (Magallanes) á hecho de aver ansy pasSado aquellos ca valleros que quería hablar en ello ny se que me diga pero entre tanto que mas se piensa en la materia y se provee en todoi lo que convenga en rrescibiendo esta proveed seño- res en las cosas siguientes con muy grandísimo cuydado y diligencia.

"Primeramente por la mejor manera que señores os pareciere que se ponga muy buen recaudo á su muger é hijos de Hernando de Ma- gallynes y aunque se ponga en parte desonesta Se tenga sobre ello muy buen rrecaudo de forma que en ninguna manera se puedan yr a Portogal hasta que veamos que a sydo esto y hasta que Su aJteza otra cosa mande.

"Lo otro que á la ora enbyeis señores aqui a Mezquita prego y benga con el por guarda Gerónimo Guerra y Estevan Gómez piloto y otros

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Alonsíj y Hernando de Bustamante. En albricias les mandó Itagallanes 4.500 maravedises, que pagó la Real Casa de la

das ó tress de los mas principales que mejor razón tengan de los que vinieron en lia nao y Mezquita de venir á buen rrecaudo porque se ausente y benga á toda la mas prisa quc sea posible y mandad poner á muy buen recaudo las mercadurías y cosas que vinieron en la nao sin acodir á nadie con cosa alguna ni pagar salarios ni otra cosa hasta que se pueda tomar por cuenta con ios que tienen fornecido en el armada lo qual de acá se vos escribirá después de venydos Mezquita y los otros.

"Yo pienso que será menester enbyar alguna caravela á 'buscar á Juan de Cartagena por esto conbiene que los cinco mil ducados de oro que an benydo agora de la ysla de San Juan tomeys ailguna parte y de dos que más vinyeren para, tenerlos de respeto en esa casa que ya sabeys que la voluntad de su alteza siempre ha sido y es que en ella haya allgun dinero para las necesidades que cada ora se ofrescen y ansy haréis señores tener cuidado que Se haga de aqui adelante aunque en esa Casa se hagan libranzas paganlas de manera que ella no quede tan despojada de dinero?.

"Este brizeño que trajo estar cartas puso tan gentil rrecaudo en ellas que primero dio cartas á todos los mercaderes de esta Ciudad y se publicó esta buena nueva .por toda ella que acá supiésemos nada. Antes de que le paguéis di viaje le deveis castigar y poner recaudo en semejantes cosas y se le ha dado la certidmbre por la vellaqueria que hizo.

"En lo de la venida de Mezquita curéis de embiallo como arriba digo con los otros por ser sus contraríos sy mandalldo enbiar preso con personas de rrecaudo y á costa del dicho Mezquita por manera que venga a buen rrecaudo y los otros benganse por cuenta aparte." A. de I. 139. ^i. 6. ^L. 8, i." 294.

La nao San Antonio se entregó por orden del Arzobispo a D. Juan de Velasco, quien escribió el recibo siguiente: "Conozco yo Don Juan de Vdasco que recivi de vos los oñ:iales de sus magestades de la con- tratación de las ynlias que residís en la cibdad de seuilla una nao nom- brada Sant Antonio con toda la xarcia e velas e aparejos e armafs e artillerya e otras cosas en el ynventaryo de esta otra parte contenydas e porque es verdad firme aquy my nombre en diez e seys de julio de mili e quinientos e veynte e vn año. Todo lo dicho en este ynuentario es viejo y reviejo que ha seruido el viaje. Asy mysmo digo que reciui diez quintales e dos arrobas e trece libras de poluora en onze barriles ios quailes no entran en el aprecio que se hizo de la dicha nao.=Joan de Veilasco.=:(Con su rubrica)." Ibid. LaiS mercaderías se entregaron a Cristóbal de Haro para con su importe dar comienzo a la nueva arma- da que S. M. se proponía enviar al descubrimiento de La especiería, de

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Contratación de Sevilla a 30 de octubre de 1523. (A. de I. Contaduría-Armada, 3-1-7/15 núm. i, cua. III, fol. 57 vto.)

ías cuales mercaderías se hizo cargo Diego Díaz en virtud de poderes confirmados por dicho D. Cristóbal, en Burgos a 11 de Octubre de 1521; el inventario de las cuales, como recibidas, firmó Diego Díaz en Sevi- lla a 8 de Mayo de 1522.

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VI

Por el Pacífico.

Dos naves había costado el Estrecho a su descubridor: la Santiago, estrellada contra la costa, y la San Antonio, huida.

Detúvose algunos días Magallanes en buscar esta última, y como no pareciese, y el tiempo apremiase, prosiguió su via- je, saliendo al mar del Sur el 27 de noviembre, con solas tres naos: la Trinidad, la Victoria y la Concepción.

Según el Diario de Albo, "desembocando de este estre- cho vuelve la costa al norte, y a la mano izquierda vieron un cabo con una isla, al que le pusieron por nombre cabo Fer- moso y cabo Deseado, que está a la misma altura del de las Vírgenes".

Del cabo Hermoso tomaron rumbo al Noroeste y al Nor- te y al Nornordeste, y por esta vía anduvieron dos días y tres noches, y a la mañana siguiente, i de diciembre, a 48* gra- dos de altura vieron tierra, "uos pedazos como mogotes que corren Norte Sur a una distancia de 55 leguas del cabo Hermoso, y hasta los dos pedazos de tierra hacia ellos media- ría otra distancia de unas 20 leguas". Subiendo por la costa de Chile el 21 del mismo mes pasaron, sin verlas, entre las islas de Juan Fernández y las de San Félix y San Ambro- sio a 30** 40' la<-itud Sur. Allí torcieron las proas al Noroes- te, y se lanzaron por las inmensidades del Pacífico, jamás surcadas por quillas europeas.

8S

Navegaron con vientos favorables durante tres meses y veinte días, recorriendo más de 4.000 leguas, sin que cortara la linca del horizonte otra tierra que dos insignificantes isle- tas, tan desiertas como estériles, razón por la cual las apye- üidaron Islas Desventuradas. La primera, o sea la de San Pa- blo, lialláronla el 24 de enero de 1521 en 16° 15' de latitud austral; la segunda, el i de febrero, en 13°. Llamáronla de les Tiburones por la cantidad de ellos que pescaron, cuya car- ne dura y correosa no asquearon, porque las penalidades su- fridas en aquella eterna y monótona navegación fueron inde- cibles, pues agotado el bizcocho y el agua potable, se veían precisados a comer por onzas el polvo del primero, lleno de gusanos, y a beber la segunda hedionda y pútrida, guisando con la del mar el arroz, y cuando éste se acabó también, echa- ron mano, a falta de otro sustento, de las mismas durísimas pieles con que estaban aforradas las jarcias, que cocían, des- pués de bien remojadas en el mar durante cuatro o cinco días para ablandarlas.

Perecieron en esta ocasión 19 europeos y un patagón cau- tivado en las costas de San Julián ; enfermaron gravemente 25 o 30 tripulantes ; contados fueron los que conservaron la salud ; las fuerzas, todos las perdieron por el hambre y la fa- tiga. Si en aquellas circunstancias les asalta una borrasca, el naufragio hubiera sido cierto, y el descubrimiento del Es- trecho se hundiera con ellos al fondo del mar. Pero la pro- videncia de Dios mostróseles propicia, en darles durante la larguísima travesía bonanza y vientos prósperos, que les per- mitieron andar por término medio de 60 a 70 leguas diarias, 6Ín experimentar tormenta alguna. Bien mereció entonces aquel mar que lo llamaran Pacífico; no siempre y menos en aciuelí 'atitudes le cuadra el nombre.

Corearon la línea equinocial el 13 de febrero por los 147 grados 48' longitud Oeste de Cádiz, navegando hacia el Oes- noroeste más de cien leguas; cambiaron rumbo en los trece

grados hacia el Oeste, con intento de aproximarse lo más cerca posible al Cabo de Catigara (Statis sinarum, de Ptolo- meo); el día 6 de marzo descubrieron dos islas no muy gran- des, y pasaron en medio de ellas. Quiso el Capitán general surgir en la mayor, para descanso de su gente, y no pudo acercarse. En cambio los isleños se aproximaron, a la capi- tana en pequeñas y muy ligeras embarcaciones, dotadas de velas de palmas triangulares, que les permitían a su volun- tad hacer de proa popa y viceversa, y subiendo a las naos, lo curioseaban todo, escamoteando de paso cuanto les venía a mano. Desalojáronlos, al notar sus mañas, violentamente; pe- ro los isleños, irritados por que les impedían ejercitar su in- dustria, desde sus canoas la emprendieron a flechazos y pe- dradas contra las naves; unos cuantos arcabuzazos los ahuyen- taron. Entre las cosas echadas de menos estaba el esquife de la capitana, que a tanto llegó el atrevimiento; teníanlo ya va- rado en la playa, y para recobrarle bajó el Almirante a tierra en dos botes con cuarenta hombres armados ; en escarmiento y castigo les quemó cerca de cincuenta casas, destruyó sus embarcaciones y mató siete indios, ahuyentando a los demás. Entonces experimentaron por primera vez aquellos isleños la poderosa fuerza del fuego, que juzgaron ser el hálito de un terrible monstruo, pues jamás lo habían visto ni conocido, ni aun para los usos más necesarios de la vida.

La rapacidad de sus moradores valió a aquellas islas el título de los Ladrones.

Prosiguieron su viaje el i6 de marzo, y 300 leguas más adelante, a los 11° de latitud Norte, descubrieron la costa meridional de la isla de Samar.

"A los 16 del dicho mes, escribe Albo en su diario, vimos tierra y fuimos á ella al Noroeste, y vimos que salía la tierra al Norte y había en ella muchos bajíos, y tomamos otro bor- do del Sur, y fuimos á dar en una otra isla pequeña, y allí surgimos, y esto fué el mismo día, y esta isla se llama Suluan,

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y la primera se llama Yunagan; y aquí vimos unas canoas, j fuimos á ellas, y ellas huyeron, y esta isla está en 2/3 de la parte del Norte, y están en long, de la línea meridiana iSq", hasta estas primeras islas del Archipiélago de San Lázaro** (al cual dio más tarde Villalobos el nombre de Filipinas en obsequio a Felipe II).

"Partiendo (el 25 de marzo) de estas dos islas fuimos (pro- sigue Albo) al Oeste á dar en la isla de la Gada, que es desha- bitada, y allí nos fornecimos de agua y leña y es muy limpia de bajos.

De aquí partimos y fuimos al Oeste á dar en una isla gran- de llamada Seilani, la cual es habitada y tiene oro en ella, y la costeamos y fuimos al Oessudueste á dar en una isla peque- ña, y es habitada, y llámase Mazagva la gente es muy buena; y allí pusimos una cruz encima de un monte, y de allí nos mostraron tres islas á la parte del Oessuroeste, y dicen que hay mucho oro, y nos mostraron cómo lo cogían y hallaban pedacicos como garbanzos y como lentejas ; y esta isla está en y 2/3 de la parte del Norte (i).

Partimos de Mazagva y fuimos al Norte á dar en la isla de Seilani, y después costeamos la dicha isla al Noroeste has- ta 10°, y allí vimos unos tres Isleos, y fuimos al Oeste obra de diez leguas, y allí topamos dos isletas y á la noche repara- mos, y a la mañana fuimos al Surueste cuarta del Sur obra de 12 leguas hasta 10° 1/3, y allí embocamos una canal de dos islas y la una se llama Matan y la otra Subú; y Subú con la isla de Mazagva y Sulúan, están leste Oeste cuarta del Nor- oeste sueste, y entre Subú y Seilani vimos una tierra muy alta de la parte del Norte, la cual se llama Baibai, y dicen que hay en ella mucho oro y mucho mantenimiento y mucha tierra que no se sabe el cabo della.

De Mazagva y Seilani y Subú del camino á donde venimos

(i) Llámase Liloan.

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hacia la parte del Sur, guardaos que hay muchos bajíos y son muy malos; por eso no quiso pasar una canoa que nos apor- tó por este camino. Del embocamiento de Subú y Matan fui- mos al Oeste por medio canal, y topamos la Villa de Subú, en la cual surgimos y hicimos paces, y allí nos dieron arroz y millo y carne y allí estuvimos muchos días, y el Rey y la Reina de allí con mucha gente se hicieron cristianos, con bue- na voluntad."

Concordando lo que dice Albo con lo que refiere Piga- feta, diremos: que al amanecer del día i6 de marzo de 1521 descubrieron los expedicionarios, a 300 leguas de las islas de los Ladrones y a los 11° de latitud Norte, la costa meridional de la isla de Samar; al Sureste de la cual se halla situada la de Omonhon, que Pigafeta llama Humuno, y Francisco Albo, en su diario, Yunagan, que tal vez dirían los indios Uñaban; que aplicado a la isla significa la que se halla situada delante de las demás, por ser la primera que descubrieron del archi- piélago que denominaron de San Lázaro, en conmemoración de la semana de Cuaresma, en que se encontraban a la sazón. Esta última isla hállase situada muy cerca de Guiguan y Su- bían, en donde dieron fondo, pasando luego a la de Homon- hon, más cómoda para hacer aguada, en la cual isla mandó el general extender dos pabellones para comodidad de los en- fermos.

A los 18 de marzo, después de mediodía, se acercó a ellos una canoa, tripulada por nueve hombres, y el principal se dirigió a Magallanes para darle la bienvenida; cuatro de los que parecían más autorizados se quedaron allí con la Armada, y los otros cuatro fueron a su isla a llamar otra gente en lu- gar de los primeros para que les ayudasen a pescar; de esta suerte, acudieron muchos a ver al capitán general, quien les recibió muy bien, agradado del carácter humanitario y razo- nable de los indígenas, a los cuales mandó dar de comer y beber y agasajar con varios regalillos.

Para corresponder a la cortesía del capitán, ofreciéronle ios indígenas grandes pescados, un vaso lleno de tuba (vino de coco), un racimo de plátanos y otras frutas, manifestando por señas que carecían por entonces de cosa mejor, pero que dentro de cuatro días volverían con arroz, cocos y otras ofren- das en mayor abundancia.

Los suluanos, puluanos o isleños se familiarizaron muy pronto con los españoles, explicándoles el nombre de varias islas y lugares que alrededor se divisaban.

Llevaron consigo a Magallanes, a sus canoas, para ense- ñarle sus mercancías, que consistían en canela, pimienta, gen- gibre, nuez moscada, macia y oro labrado.

El capitán, por su parte, les invitó a subir a sus naves, don- de les mostró cuanto en ellas había; y para obsequiarles man- dó disparar una bombarda; de la cual recibieron tanto miedo, que quisieron arrojarse al mar desde la nave; mas, aquietados por los nuestros y regalados con algunas cosas, les permitie- ron retirarse, asegurando ellos que volverían; y así lo cum- plieron.

Esta fué la primera isla de Filipinas en que desembarcó Magallanes, atraído por dos ricos manantiales de agua clarí- sima, que era lo que por entonces más apetecían los expedi- cionarios. El buen recibimiento que les hicieron dióles espe- ranzas que hallarían buena acogida en todo aquel archipiéla- go; y así la denominaron Isla de Buenas Señas.

En 22 de marzo repitieron los indios la visita en dos ca- noas cargadas de cocos y naranjas dulces, un vaso de caña bambú de tuba y un gallo en señal de amistad. El principal de ellos era un viejo desnudo y pintorreado, de donde se originó el nombre de pintados que dieron a los Bisayas; adórnanse con dos palillos de oro pendientes de los pulpejos de las orejas y muchas joyas de este precioso metal en los brazos; en la ca- beza, un pañuelo a modo de turbante.

Once días, del i6 al 25 de marzo, descansaron los españo-

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les entre aquellos benévolos naturales; y observa Pigafeta que aquel día 15, cuando levaron anclas, era Lunes Santo y que. gobernando la nao entre el Oeste y Suroeste, pasaron en me- dio de cuatro islas, llamadas Cerralo, Huinangan, Hibusson y Abarien. El 28 de marzo por la mañana pusieron la proa a una isla, de la cual habían divisado luz de noche, y a poca dis- tancia de ella se les aproximó una pequeña embarcación o ba- roto tripulada por ocho hombres, quienes se llegaron a la nave capitana, y por medio del intérprete malayo, esclavo de Ma- g-allanes, llamado Enrique, se entendieron perfectamente, sin subir a bordo de ella. Regalóles Magallanes algunas prendas de vestir, con las cuales fueron a sus Reyezuelos a darles cuen- ta del buen agasajo y acogida que les habían hecho los espa- ñoles. No pasaron dos horas, cuando bogaban hacia la armada dos barangayanes abarrotados de gente; en el mayor de ellos iba metido en su camareta el Harí-harí, o Reyezuelo del lu- gar. Abordaron la capitana, y, habiéndose entendido por medio del intérprete Enrique, el Rcyezudo ordenó a algunos de sui sácopes o vasallos que subiesen a la nave, mientras los demás quedaban con él algún tanto alejados. Acogióles el capitán con singulares muestras de cariño. El buen indio, con arranque de generosidad poco común, ofreció al Almirante su grueso bas- tón, que era de oro. El Almirante estimó la merced como era razón, pero no quiso recibir el presente.

En cambio le significó, por conducto del intérprete Enrique, la satisfacción con que vería se acudiese con vituallas al apro- visionamiento de las naos, en la inteligencia de que se paga- ría íntegramente el im.porte de los víveres. Estimulado con el mensaje, subió el Rey con ocho hombres a bordo de la capi- tana, y abrazando a Magallanes, le presentó tres grandes ti- najas cubiertas de hojas de palma, llenas de arroz, y dos grandes pescados, con otros frutos de la tierra; en trueque recibió dos vestidos de grana y una gorra encarnada para sí. y los demás acompañantes del reyezuelo, cuchillos y espejos.

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invitándoles a todos a comer en prueba de amistad. Mostróle la artillería , y mandó disparar en su obsequio algunos tiros, y armando luego de punta en blanco a uno de los soldados, hizo Gue se defendiera de oíros tres que le acometieron con las espadas desnudas, con no pequeña estupefacción del ré- gulo, la cual subió de punto al oír de boca del esclavo Enri' que cada una de aquellas tres embarcaciones podía de repente lanzar al combate doscientos hombres acorazados como el que había visto salir ileso de los tajos y mandobles de sus formidables adversarios.

Ma.'; el asombro del indio llegó al colmo cuando, conduci- do al castillo de popa, enseñóle el comandante la carta de na- vegar y la brújula, y le explicó cómo aquellos dos sencillos instrumentos los habían guiado sin pérdida a través del Atlán- tico y del Estrecho, y les habían marcado la ruta fija por el vasto Océano Pacífico, hasta el punto donde a la sazón es- taban,

Hízoles devolver Magallanes la visita por dos individuos de las naos, uno de los cuales fué Antonio Pigafeta, autor de una relación de este primer viaje de circunvalación del mun- do, cuyo original se halla actualmente en el Archivo de Mi- lán. Este cacique o hari-hari tenía dos hijos: Raja Colambú y Raj'i Siagú; el primero vivía ordinariamente en la provincia de Calagan (i), y el segundo, que era el menor, en la de Bu- túan, lugares al Norte y Este de la isla de Mindanao. Ambos hermanos habían llegado a ver a su padre, y al amanecer del día siguiente acompañaron a los dos españoles a la is'.a Ma- zagua, donde se hallaba el general, quien les retuvo y sentó a su mesa.

Al otro día, último de marzo, era Domingo de Resurrec- ción; Magallanes quiso ce.ebrar la fiesta con todo el esplen- dor del culto. Previno al régulo y a sus dos hijos por medio

(i) Provincia de Caraga, actualmente de Surigao.

Oí,

del intérprete para que le dispusieran y adornaran el sitio del altar; desembarcaron 50 hombres con sus mejores ves- tidos y sus armaduras limpias de la herrumbre, y el resto de la tripulación, fuera de los indispensablemente necesarios para la custodia de las naos, saltó asimismo en tierra. Antes de varar en la playa, hizo la capitana seis disparos de bom- barda en señal de paz.

Apenas tomó tierra Magallanes, abrazáronlo los dos her- manos hijos del régulo, y llevándolo en medio, anduvieron, en orden con toda la comitiva hasta un punto no muy distante de la playa, donde se hallaba preparado el altar para la cele- bracióki de los divinos misterios. Antes de empezar el santo sacrific'o de la misa roció el capitán el cuerpo de los dos jó- venes con agua almizclada. Al llegar al ofertorio fueron los españoles a adorar la santa cruz, y quiso el general que lo hicieran con él ambos Príncipes, aunque sin ofrecer cosa al- guna, como lo hacían las cristianos. Al acto de la consagra- ción todos se arrodillaron y adoraron al Señor, y hecha salva desde tierra, respondieron los de las tiaos con otra salva de toda la artillería.

Acabada la santa misa, en la que algunos soldados comul- garon, quiso Magallanes que presenciasen los dos Príncipes «n simulacro de combate entre los que allí estaban armados, cuyo valor y destreza admiró grandemente a aquellos indí- genas.

Así tomó posesión el Rey de los reyes y Señor de los señores de aquel archipiélago, y con el emblema sacrosanto de la redención tomóla también Magallanes a nombre del Rey de España de aquellas islas, el día de Pascua Florida, o sea el 31 de marzo de 1521.

Hizo, pues, conducir una cruz con los clavos y la corona de espinas, y habiéndola adorado con reverencia todos los españoles allí presentes, les dio a entender el general por me- dio de su intérprete a los indígenas que esta era la bandera

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que le había entregado su Rey y Señor, razón por la cual doquiera que iban la enarbolaban como prueba de la protec- ción de Dios en la tierra nuevamente descubierta ; que, por tanto, era su deseo colocarla también por su propia mano en aquel lugar, para provecho de sus naturales ; cualquiera nave de cristianos que por allá discurriese, al divisarla entendería que habían estado allí los españoles, y por esta sola señal se abstendrían de causarles daño alguno ; y que si por acaso hu- bieran tenido con ellos algún choque y caído algunos prisio- neros, que les mostraran la Cruz, y por el mero hecho los dejarían ir libres. Importaba, por tanto, colocarla en la cúspi- de del monte más alto, a fin de que se divisase desde muy le- jos; y que esta misma Cruz, si la adorasen e invocasen con fervor, les ampararía de desdichas y calamidades.

Dieron los Príncipes gracias a Magallanes por tamaño be- neficio, y prometieron cumplir fielmente sus instrucciones.

Tal fué la primera toma de posesión de ajquel archipiéla- go a nombre del Rey Católico hecha por Magallanes, cuyas legítimas consecuencias debían ser a su tiempo la conquista, civilización y cristianización realizada por España en el Ex- tremo Oriente.

Ocho días más tarde levaron anclas y se dirigieron a Cebú.

De lo dicho por Albo y referido por Pigafeta en su rela- ción, claramente se deduce que para ir Magallanes a Cebú tuvo que costear la isla de Leyte hasta Baybay, y que luego se dirigió a las islas Camotes, entre las cuales se cuentan las de Poro y Posong, donde les alcanzó el reyezuelo de Mazaua ; desde allí, con rumbo al Suroeste cuarta al Sur, embocaron por la entrada Sur del canal que forman las dos islas de Mactan y Cebú.

A media noche del 7 de abril de 1521, Domingo de Quasi- modo, anunció su llegada a este puerto una descarga general de artillería; saltó en tierra un emisario con el intérprete, y

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manifestó al Rey de Cebú que Miagaillanes, en nombre de los Reyes Católicos, recorría los mares para descubrir por aque- lla vía las islas Malucas, y en compañía del Rey de Mazaua, esperaba en el puerto su beneplácito para yisitanle y asentar con él paces y proveerse de vituallas por su justo precio, a cuenta de sus mercancías.

Contestó con arrogancia Raja Humabo que vinieran en buena hora; mas que antes de poner pie en tierra, era preciso pagar derechos de anclaje, según costumbre de todos los mer- caderes que arribaban a aquel puerto.

Replicó el español que el Rey su Señor no conocía en este mundo a quien rendir homenaje más que al Rey del cielo; que escogiese, pues, entre la paz y la guerra, lo que mejor le aco- modase ; que si guerra quería, guerra tendría.

Tomó entonces la palabra un mercader moro de Siam, y acercándose al Rey, le dijo : "Guárdate, señor, que estos hom- bres son los que han conquistado a Calicut, Malaca y la India toda, y quienes les hacen bien reciben bien, y quienes mal, mal y peor todavía."

Entendió la frase el emisario, y dijo que el poder del Rey sobrepujaba con mucho al de los portugueses, a quien el moro se refería; y que si los enviaba con ánimo hostil, naves y gente le sobraban para destruir la isla. Al oír tal, pidió el régulo tiempo durante toda aquella noche para pensar la respuesta, que enviaría sin falta al capitán la mañana siguiente.

I^abida en las naves la resolución, desembarcó el Rey de Mazagua, y presentándose a Humabon, le refirió la cortesía con que el capitán general de los castillas había tratado a to- dos los naturales de su isla.

Amaneció el lunes, y el escribano de la nao capitana bajó por la respuesta del Rey de Cebú, quien se adelantó a recibir- lo junto a la playa, acompañado de su principalía. Las ame- nazas del intérprete y la mediación del de Mazagua le tenían por completo trocado.

PABTE PRIMERA 7

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Lo primero que dijo al mensajero de Magallanes fué que no solamente perdonaba los derechos de anclaje, sino que, si lo deseaba el capitán general, se haría tributario del Rey de Es- paña; a lo que respondió el escribano que el intento de los es- pañoles era sólo el de alcanzar privilegio exclusivo del comer- cio, cambiando sus mercancías con las de aquella tierra.

Expuso entonces el régulo de Cebú que la señal de que el Almirante solicitaba su amistad sería enviarle un poco de san- gre de su brazo derecho, y que él haría otro tanto; esta cere- monia sellaría el pacto entre los dos, a más de algún presente, en cambio de otros suyos, como era uso entre los capitanes amigos que allí fondeaban.

Replicó el escribano que toda vez era aquella la usanza del país, comenzara él por hacerlo. Accedió el Rey, y así se lo significó el moro mercader de Siam a bordo de la capitana a Magallanes, quien aprovechó la ocasión de hacerle presenciar un simulacro de combate, a fin de que se lo comunicase luego al Rey de Cebú.

Al día siguiente el sobrino de éste subió a bordo con el Rey de Mazagua, el moro indicado y ocho principales, para pactar amistad con Magallanes. Los recibió éste sentado en un sillón de terciopelo encarnado, y ofreció sillas de la misma tela al Rey de Mazagua y ai Príncipe heredero de Cebú. Pla- ticóles las utilidades de esta alianza, tomó entre sus manos las del Rey y del Príncipe, y dijo : "Que por la fe que tenía en Dios, por la fidelidad que debía al Rey su señor y por el hábito de Santiago que vestía, establecía y prometía una paz per- petua entre el Rey de España y el de Cebú" ; y asimismo lo- prometieron ambos Embajadores. Agasajó Magallanes al Príncipe y a sus acompañantes con un almuerzo, después del cual entregó aquél, de parte del Raja Humabón, grandes cestas llenas de arroz, puercos, cabras y gallinas. Correspon- dió Magallanes regalando al Príncipe varios vestidos, abalo- rios y un vaso de vidrio dorado; y al Rey envió un traje de

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seda a la turca, un gorro de grana, abalorios de cristal y dos vasos dorados, todo en una bandeja de piala, presentado a noanbre del Adelantado por Pigafeta y otro compañero.

El domingo inmediato, 14 de abril, desembarcó Magalla- nes con cincuenta hombres armados y el estandarte real, en- tre las salvas de la artiJIeria.

Renovóse la amistad con el régulo, y antes de oír misa, le exhortó con celo indiscreto a que se bautizase aquel mismo día. Fuese por política, o por respeto al capitán o por devo- ción a lo que los españoles veneraban, se bautizó el Rey con quinientos indios aquella misma mañana, verificándolo por la tarde la Reina, sus hijas y ochocientas personas más ; y antes de una semana casi toda la gente de la isla estaba bautizada. El Régulo llamóse Carlos en obsequio del Rey de España.

Bautismo y conversiones tan a la ligera y sin conocimien- to de causa, poco eran de fiar.

VI

Muerte de Magallanes.

La gloria de Magallanes estaba en su cumbre: dejaba su nombre inmortalizado en el Estrecho; había surcado felizmen- te los inacabables abismos del Océano; a dos pasos de las Ma- lucas, blanco final de la expedición, hallaba indios amigos que lo surtían de víveres y le brindaban su apoyo; casi sin traba- jo ni diligencia por su parte, veía el pendón de su Rey ondear en nuevas islas y en mares, cuya hegemonía se abrogaba hasta entonces Portugal.

Pero acaeció lo de siempre: que junto a la cima más alta está el precipicio más hondo. El héroe que luchó y venció en trances peligrosos, vino a acabar miserablemente cuando más aferrada creía la fortuna.

En sus conversaciones con el Rey de Cebú, contóle éste cómo se hallaba en guerra con el de Mactan, insignificante isleta que se divisaba no dejos, el cual habíase negado a los requeri- mientos de Magallanes de bautizarse y prestar homenaje a Su Majestad.

Creyó Magallanes propicia la ocasión de mostrar al de Cebú lo que podía valerle la amistad de los españoles, y alar- dear de la fuerza que le daban la superioridad de sus armas y el arrojo de sus soldados. Comprometióse, pues, a castigar al atrevido cacique, y desoyendo las advertencias ded de Cebú y las representaciones de sus capitanes, que le requirieron con

las ordenanzas de Su Majestad, en las cuales se le mandaba no arriesgar inútilmente su persona, decidióse a ir él mismo a la empresa, que sin duda se le hacia fácil a su ánimo. El Rey de Cebú, que tenía bien conocidos el poder y bríos de los con- trarios, ya que no logró disuadir la expedición, quiso ayudar- la con su persona y mil guerreros. Pero Magallanes, sobrado de ánimo (al fin portugués de cepa), creyó el socorro mengua de su honor; y si consintió en que fueran, prohibióles termi- nantemente que pelearan ; no deseaba aliados, sino testigos de sus hazañas.

A media noche del 27 de abril salió con unos sesenta hom- bres en tres bateles con dirección a dicha isla; acompañábanle el Rey de Cebú y sus indios de guerra en treinta juncos. Serían las tres de la madrugada cuando llegaron a Mactan.

Antes de desembarcar envió Magallanes al moro siamés para que repitiese sus requerimientos a Calipulapu, que así se llamaba el osado reyezuelo, y le ofreciese paz y amistad a cambio del homenaje a España y tributo al Rey de Cebú ; de lo contrario, que aprestase sus lanzas para combatir.

Contestóle Calipulapu que él no tenía lanzas, sino cañas y palos aguzados al fuego ; y que si tanto fiaba de sí, difirie- se el ataque hasta que fuese de día, porque esperaba refuerzos.

Era éste un ardid para incitarles a que atacasen inmedia- tamente y cayesen en los pozos de lobo que tenía preparados.

Al 'alborear saltaron al agua treinta y nueve españoles, y fueles preciso andar dos tiros de ballesta en medio de ella, antes de pisar tierra enjuta.

Los de Mactan, que juntos compondrían un ejército de mil quinientos o dos mil hombres, se dividieron en tres es- cuadrones ; y tan luego se les acercaron los nuestros, hicieron un movimiento envolvente, corriéndose un escuadrón a un flanco y otro al otro, mientras el tercero atacaba de frente; visto lo cual por el capitán, dividió los suyos en dos grupos, y comenzó el combate.

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Desde el principio debió correr por el puñado de espa- ñoles el pánico y la turbación. No se explica (^e otro modo que espingardcros y ballesteros desperdiciaran los tiros, dis- parando sin orden ni concierto por casi media hora, cuan- do los enemigos aún estaban muy lejos. En balde les gritaba el capitán que no tirasen: la confusión no dio lugar a la obe- diencia.

Entre tanto, los contrarios, con horrible gritería, se enar- 'leciaví más y más, y lanzaban nubes de flechas, lanzas, leños puntiagudas, piedras y hasta tierra seca contra el capitán, que apenas podía defenderse y guardarse. Para intimidarlos man- dó Magallanes que fuesen algunos a incendiar las cabanas; ejecutáronlo en el acto; mas la vista de las llamas los enfu- reció, y, según atestigua Pigafeta, "su número parecía au- mentar al par del coraje con que se arrojaban contra nos- otros".

Acabóse la pólvora, y los salvajes se llegaron a la lucha cuerpo a cuerpo; una flecha envenenada hirió a Magallanes en la pierna.

Ordenó éste la retirada en buen orden a los bateles, y a fuer de buen caballero y esforzado capitán, quedóse atrás para proteger a los otros, con seis u ocho hombres tan sola- mente; con lo cual, viéndole los enemigos casi abandonado, arremetieron a él con más furia, dirigiéndole los golpes a las piernas, que estaban desarmadas.

Una piedra le derribó la celada, y en tal estado, después de haber combatido más de una hora sin querer jamás retirarse, por juzgarlo caso de honra, un indio le hirió en la frente con una lanza de bambú; revolvióse contra él Magallanes, y lo atravesó con la suya, que no pudo retirar. Quiso entonces sa- car la espada, pero le fué imposible desenvainarla, por ter.er el brazo derecho gravemente herido.

En aquel trance, hombre desarmado era hombre muerto; abalanzáronse sobre él, diéronle una cuchillada con un alfan-

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je en la pierna izquierda, y no pudiendo tenerse en pie, cayó- de bruces, y alli lo remataron a golpes y lanzadas.

Así sucumbió el héroe contra el cual nada habían podido las tempestades de dos Océanos, ni el hambre, la sed, el frío, el calor, las traiciones de falsos amigos, ni las armas de ene- migos declarados.

Pereció el héroe ix)r un puntillo de honra en el acometer la empresa, y por un sentimiento digno de caballero cristiano en el rehusar salvar su persona con riesgo de sus compañeros: frase suya fué que como buen pastor no debía desamparar su rebaño

A su lado lucharon y cayeron como buenos el capitán de la nao Victoria, Cristóbal Rabelo; el marinero Francisco de Espi- nosa, el grumete Antonio Gallego, el sobresaliente Juan de Torres, el criado de Juan de Cartagena. Rodrigo Nieto; el del alguacil Gonzalo de Espinosa, Pedro Gómez. Antón de Escobar, herido en el combate, murió de resultas a los dos días. Hubo además 24 heridos. Ocho solamente resultaron ile- sos de tan desastroso como desigual combate, los cuales, por orden del capitán, protegieron la retirada de los heridos a sus bateles.

Un monumento modestísimo, levantado en el lugar donde sucumbió el insigne descubridor del Extremo Oriente, recuer- da a los pasajeros que viajan frente a la isla de Mactan que en ella quedaron los restos, insepultos tal vez, del más grande acaso de los marinos, del que logró primero unir por derrotero conocido los dos hemisferios, separados antes por el verdadero mare ignotum y la cordillera Andina.

VII

Vuelta de la nao ** Victoria " .

Al observar los veinte españoles restantes que custodiaban los tres bateles, la falta de Magallanes, su capitán general, la consternación fué terrible, y subió ésta de punto al echar tam- bién de menos al capitán de la Victoria. Volviéronse a toda prisa a Cebú, y allí i'ombraron en lugar de Magallanes a Duar- te Barbosa, sobrino del comendador Diego de Barbosa, tenien- te de alcaide de los reales alcázares de Sevilla; y por capitán de la Victoria a Luis Alfonso, portugués, vecino die Ayamonte y sobresaliente de la nao Trinidad.

La fortuna, tan propicia dos días antes, se les iba a mos- trar cada vez más hosca.

Los neófitos de Cebú, testigos de la derrota, perdieron, con el miedo a los españoles, el respeto y amor de la víspera ; per- suadiéronse que nada les ganaría tanto la voluntad de los de Mactan, soberbios y vengativos, como ayudarles en rematar traidoramente a los decaídos expedicionarios, y hurdieron una conjura para lograrlo.

Con motivo de una joya que pretextaba el Raja de Cebú presentar a Su Majestad, ofreció un banquete a Duarte Barbo- sa. Aceptólo éste inconsideradamente, acaso para no dar mues- tras de temor ante los bárbaros. En vano le representaron los demás, muy principalmente Juan Serrano, que no convenía en aquellas circunstancias desamparar las naves, fiándose de un

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aliado de ayer, soliviantado por la reciente derrota. Duarte contestó con arrogancia que no dejaría de bajar; que quien sintiera miedo podía quedarse a bordo. Herido Serrano en su amor propio, lanzóse el primero al batel.

Cuando más descuidados se hallaban en el convite, que fué a primero de mayo, asaltólos una multitud de indios puestos en acecho. Barbosa y veinticuatro compañeros cayeron bajo las lanzas y alfanjes de aquellos baganis o fieros asesinos (i).

Refiere Pigafeta que el esclavo Enrique, al cual, estando ligeramente herido, obligó con alguna aspereza Barbosa a le- vantarse, fraguó el plan de la traición que acabó en tan ho- rrible tragedia.

Desde las naves oían los españoles los lamentos de las víc- timas y vieron cómo destrozaban los indios la cruz colocada días antes sobre un árbol. Y lo que más debió conmover sus corazones fué ver a Serrano maniatado y arrastrado hasta la playa, que a voces les contaba el triste fin de sus camaradas, y les pedía de rodillas no lo abandonaran ; antes dieran por su

(i) En dicho convite perecieron, con Duarte Barbosa : Juan Serra- no, capitán de la Concepción; Luis Allfonso de Gois, capitán de la Vic- toria : Andrés de San Martín, piloto de S. M. ; Sancho de Heredia, es- cribano ; León de Ezpeleta, ídem ; Pedro de Valderrama, clérigo ; Fran- cisco Martín, marinero; Simón de úa Rochdla, callafate; Cristóbal Ro- dríguez, despensero ; Francisco Diez, natural de Madrid, sobresaliente, hombre de armas ; Hernando de Aguilar, sobresaliente, criado de Luis de Mendoza; Guillermo Taneji, lombardero de da Trinidad; Antón Ro- dríguez, marinero ; Juan de Segura, ídem ; Francisco Picora, ídem ; Francisco Martin, ídem ; Antón de Goa, grumete ; Rodrigo de Herrera, ídem: Pedro, herrero, sobresaliente; Hortiga, ídem; Juan de Silva, portugués, ídem; Ñuño de Montemayor, criado de Magallanes; Enri- que de Malaca, ídem; lenguaraz (intérprete); Pete Juan, francés, ídem; Francisco de la Mezquita, ídem; Francisco Ante, criado de Juan Se- rrano y Antonio de Goaloro, grumete, criado dell Marqués de Monte- mayor.

Herrera, sin embargo, en su Década HI, lib. I, cap. IX, pág. 14, dice que esta traición del rey de Cebú, fué motivada a instancias de otros cuatro régulos que le amenazaron con la muerte y la destrucción de su tierra, si no mataba a los castellanos y se apoderaba de sus naves.

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vida el rescate que los bárbaros exigían : dos cañones de bronce.

Por primera vez la cobardía ahogó la compasión en el pe- cho de aquellos marinos. Cierto que no sin riesgo podían de- tenerse a estipular el rescate ; cierto que de quien acababa de cometer tal felonía no era de esperar sino otra que acabara con todos. Mas el honor les obligaba a correr cualquier aven- tura antes que dejar en poder de aquellos salvajes al infeliz compañero y capitán.

No lo hicieron así : apresuráronse a levar anclas, endere- zaron las proas a la isla de Bohol y fondearon en Malabohoc, donde eligieron por general de la armada a Juan Carvallo, quien, vistas las mermas de la marinería, ordenó quemar la Concepción y dividir entre las otras dos naves su gente; de la nave quemada transbordaron las armas, velamen y pertrechos.

De Bohol pasaron a Negros, frente a Dumaguete, y de allí a Quipit (Mindanao) ; luego a Cagayán de Joló ; después, a la isla de la Paragua, hacia el Nordeste; los muchos bajos los forzaron a retroceder hacia el Sudoeste, y por el estrecho de Balábac se trasladaron al Sudoeste de Borneo, y, corriéndose al Nordeste de la isla, entraron por la barra de un río el 8 de julio, siendo aparatosamente recibidos en la ciudad por los cortesanos del Rey Siripada. No se dejó éste ver de los em- bajadores que le envió Carvallo d 21 de dicho mes, y los ex- pedicionarios entraron en recelos, que aumentaron cuando el 29 por la mañana vieron acercarse más de cien piraguas y varios juncos. Para prevenir el ataque hicieron fuego los de la Tri- nidad y Victoria, matando mucha gente y apoderándose de cua- tro juncos, en uno de los cuales hallaron al hijo del Rey de Luzón, capitán general de Siripada; Carvallo lo soltó a cambio de una fuerte suma de oro (i).

(i) En Borneo, según carta de Antonio de Brito al Rey de Portu- gal: "se le escaparon (a Carballo) dos griegos Juan y Mateo, de la nao Victoria, el 15 de Junio de 1521 para hacerse moros. Otro día por la

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Salidos de aquel puerto, fueron a surgir entre la punta Nor- te de Borneo y la isla Cimbonbón, donde repararon sus naves,; y dados de nuevo a la vela, cautivaron al reyezuelo de la isla Poloan, gobernador del Rey de Borneo, llamado Tuan Ma- amud; a su hijo, Tuan Maamad, y su hermano, Arguntail. Juraron estos prisioneros guardar paces con los españoles "po- niendo el dedo en la boca e luego en la cabeza según su uso e costumbre de moros" ; en consecuencia les dieron libertad, y les trocaron por las mercaderías que traían a bordo 400 medi- das de arroz, 20 cabras, 20 puercos y 150 gallinas.

Regresó la armada a Cagayán de Joló, repasando el canal de Balabac, con derechura a las Malucas; en este crucero des- cubrieron las isilas de Joló y Taguima, llamada hoy Isabela de Basilan, pertenecientes a la sazón al Rey de Borneo; de allí pasaron al puerto de la Caldera de Mindanao, a una legua, poco más o menos, de la actual Zamboanga ; hallaron algunas rancherías de Súbanos y probaron la buena calidad de la ca- nela que allí con abundancia se cría. Logrado buen viento para proseguir su viaje, se metieron por el estrecho de Basilan, cer- ca de la isleta de Manalipa, y, dejando al Nordeste la punta más occidental de Mindanao, se dirigieron a la ciudad de Ma- guindanao (Río Grande) para averiguar nuevas de las Malucas.

Antes, empero, de dejar el puerto de la Caldera tuvo lugar un acto de capital interés en la historia de este portentoso via- j«: allí fué elegido Capitán General, en lugar de Juan Carballo, Gonzalo Gómez de Espinosa, y Capitán de la Victoria Juan Se- bastián DEL Cano, natural de Guetaria, hijo de Domingo Se-

manaria enviaron a tierra tres hombres, uno de ellos un hijo de Juan Carvallo ; y en esto vieron venir muchos paraos; y como andaban rece- losos de otra traición... se hicieron Juego a la vela sin esperar por los otros tres." A dos de éstos recogió la nao de Simón de Abras, al regre- sar de Mailuco a Malaca por Borneo, después de capturada por los portugueses la Trinidad. Bl uno se llamaba Domingo de Barrutia y e4 otro Gonzalo Hernández, portugués.

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bastían del Cano y de Catalina del Puerto, vecinos de dicha villa.

Entre el seno de Sibuguey y la bahía Illana apresaron un parao, con muerte de siete de sus tripulantes y prisión de los demás, uno de los cuales era hermano del Rey de Maguinda- nao, el cual les informó dónde paraban las Malucas.

Encamináronse a ellas, aunque tocando de pasada en las is- las de Saranganí, Tumánao y un grupo de ocho islas ; doblada la última de ellas, llamada Sanguir, pusieron proa a la isla de Siao, y de allí a Panguinsara, y por entre las de Suar y Mean- guis, con rumbo al Sudeste, divisaron al cabo las Malucas, fin y meta de su expedición.

Gobernando hacia el Este embocaron entre Mari y dore, con dirección al puerto de esta isla (i), donde echaron ancla el 8 de noviembre de 1521, viernes, a las tres de la tarde (2).

(i) Del "Libro de ías pazcs e amistadles que se an hecho con los Re- yes « Señores de las Ysilas e tierras donde hemos llegado siendo los Capitanes gongalo gomez despinosa e juan Sebastian del Cano e e! maes- tre Juan batista govcrnadores del Armada quel emperador nuestro señor envia ail descubrimiento de la especieria e yo Martin Méndez Contador della:=:Año de 21=" entresacamos la siguiente relación de todo lo que les pasó, desde que llegaron a la isla de Cebú hasta 3a de Tidori, hecha por di piloto Juan Carvallo por orden de los dichos Capitanes y Contador, al Rey de Tidori Suratan Mangor : "La armada deíl empera- dor nuestro Señor que venia en busca de Has yslas de Aíaluco vino a aportar a la ysla de gubu donde un Capitán generaJl que venia en la di- cha Armada e otras personas fueron muertos por traigion que en ía dicha ysla de gubu les higieron por quantoi el dicho Capitán general avia hecho paz e amisitad con d Rey de .la ys!la de ^ubu y después de matar esta gente salimos con tres naos dell puerto de gubu c a causa de aver poca gente en las naos dehisimos una nao e venimos por la ysl!a de quepit en busca de piloto para l'as yslas de maluoo' e después fuymos asta buruque dbnd'e hezimos paz con el Rey de btirney salieron de bur- ney muchas canoas e paraus (paraos) para tomar las naos si pudieran e áe que nosotros vimos esto hezimos vellas ¡las naos porque la gente estaba doliente e flaca e no estaba para pelear e tomamos de cinco jun- cos qustabn en la canal de burney un junco e un parao e luego otro dia tomamos otro junco en 6l cuall venia el hijo del Rey de logon de los cuales juncos tenemos en la nao Vitoria ciertos hombres para el Rey nuestro señor e para que vean las cosas de Castilla en los quales juncos

Fué tal el júbilo que se apoderó de todos, que saludaron el puerto con saiva general de la artillería ; espontánea y natural expansión si se considera que llevaban dos años y tres meses, menos dos días, en busca de aquel Áureo Quersoneso, vecino a la península de Malaca, a que dieron ese nombre los romanos.

no hallamos pi'loto ninguno para mailuco e después viniendo a la ysla de polcan tomamos otro junco en el cua! venia el Señor de la ysta de po- loan di quall dixo que queria ser amigo del emperador nuestro señor y nos dio una carta para el emperador nuestro señor y nois dio cierto aRoz para vastimento de ¡la naos e nosotros Je soiltamos a el e los que con el veniam e l'e dúmos su junco e desta ysla de poiloan partimos para mendanao porque allí decia un moro que teniamos en la nao Vitoria que hallaríamos piloto para maluco yendo medio camino junto a !a ysüa de quepit vino un parao azia das naos é¡! cual parao tomamos con veynte personas e por tomallo se quemaron dos hombres de las naos de que murieron e luego como tomamos estos hombres preguntamos por algún piloto para maluco e un hombre dellos dixo que sabia alia ell cual según después pareció mintió e después nos llevo este hombre a las yslas de andigar e garragany donde tomamos dos pilotos para venir a su ySla de tidori e el uno Se huyo una noche en ell camino con otros dos hombres en la ysla de sangil e el otro nos truxo donde agora estamos el qual pi- loto tenemos en la nao Vitoria con los otros hombres que tomamos en el parao de mendanao e que nosotros todo esto que avenios hecho lo hizimos por venir a las yslas de maluco e a su tierra donde agora esta- mos y no por hazer mal a ninguno e agora nosotros por le servir le queremos dar los hombres todos que tomamos en d parao de mendanao e el piloto que tomamos a garrángany (Sarangani) para que el los envíe a sus tierras salvo dos hombres de los de mendanao que queremos llevar a Castilla e asi mesmo (le queremos dar tres mugeres que en las naos traemos dell junco que tomamos del Rey de logon cabe burney las quales mugeres los governadores e oficiales del Armada se las presenten en nombre del emperador e Rey de Castilla nuestro señor e le entregue aquellos hombres de mendenao para que los envien a su tierra porque la boluntad deil emperador nuestro señor es de tener paz e amistad con quien la quiere tener con el." A. de I. 145. 7. 7. Ms. 16 hojas en folio. Dicha entrega hicieron el 14 de noviembre.

(2) "En viernes ocho dias del mes de noviembre de myl e quinien- tos e veinte e un años surgimos en las naos trinidad e Vitoria que Dios salive en la ysla de tidori ques una de las yslas deil maluco donde ay el clavo de giroflé e luego que las naos fueron surtas en el puerto de la dicha ysla vinieron a la nao trinydad dos hombres criados del Rey de la dicha ysla e dixeron que el Rey de la dicha ysla ilos enviaba a las naos a saber que de donde eran las naos y que gente eramos á lo quail les fue respondido a los dichos mensajeros del Rey de tidori por los Capitanes

Recibióles el Sultán Almanzor con sinceras demostraciones de anior, y quiso que su isla se llamase desde entonces Casti- lla; cargó de especiería las naves, y, después de mil protestas de verdadera y fidelísima amistad con el Rey de España, se- llada con afectuoso abrazo al Capitán General, dióles práctico

e governadores goiiíjailo gomez despinosa e juan Sebastian del Cano e el maestre juan batista e mi el contador martin mendez que las naos e gente que en ellas venian heran del emperador e Rey de Castilla nues- tro señor don Carlos Reyes t Señores della a tratar (¡as mercadurías que ay en das dichas yslas e que con este pensamiento salieron de Cas- tilla las naos e gente que ellas venian e con esto Se despidieron los di- chos mensageros de los Capitanes e oficiales susodichos.

"E luego a un poco volvieron «los dichos mensageros del Rey de ti- dori a la dicha nao trinydad e digeron que ya avian dicho al Rey de^ tidori todo lo que loS Capitanes e oficiales le avian dicho e que el Rey de tidori dezia que fuesen muy bien venidas las naos e gente que en ellas venian quel holgaba mucho de tener a)l emperador e Rey de Castilla por amigo e que asi tenia a sus cosas quel vernia a las naos que ya el sabia que era gran Rey el de Castilla a lo qual fue respondido por los dichos governadores e oficiales que las naos e gente toda estaban a s'ervicio del Rey de tidori e que podia azer dellas lo que quisiese porque asi lo manda el emperador e Rey de Castilla nuestro señor.

"Sábado nueve dias del mes de noviembre del dicho año envió el Rey de tidori un mensagero de los dos ya dichos el qual se llama daul a la nao trinydad el qual dijo a los Capitanes e governadores gonzalo gomez despinosa e juan Sebastian del Cano e el maestre juar. batista en presencia de mi martin mendez Contador del Armada que el Rey de tidori queria benir a las naos e que mandase decir a los Capitanes que ninguno truxese armas en las naos porque el ni los suyos que con el venian no trayan armas porque donde ay paz e amistad no a menester traer armas a lo qual fue respondido por los dichos governadores que asi se aria como el Rey de tidori lo enviaba a mandar e que asi lo tenian los Capitanes e governadores e genct. toda de las naos a el como verdadero amigo del emperador e Rey de Castilla nuestio señor.

"E luego dende a un poco vino el dicho Rey de tidori en una canoa con otros muchos hombres principales de su ysla en otras canoas a bordo de la nao trinydad e dixo a los Capitanes e governadores gongalo gomez despinosa e Sebastian del Cano e el maestre juan batista de ponseron en presencia de mi martin mendez Contador del Armada quel era amigo del emperador e Rey de Castilla y que asi lo tenia en su coragon e que ya tenia noticia el del Rey de Castilla que era gran señor que dos años abia que soñó destas naos que venian a su ysla e que después lo saco por astrologia e por la luna

para la isla inmediata. Correspondió d general a los buenos oficios del Rey con algunas escopetas y cuatro barriles de pól- vora que le regaló.

El 1 8 de diciembre zarparon de nuevo las dos naos; mas advirtiendo que la Trinidad hacía mucha agua, acordaron se adelantase la Victoria camino de España, por el Cabo de Bue- na Esperanza, llevando el cargamento de clavo y las cartas de los Reyes del Maluco para Su Majestad; la Trinidad, luego de carenada, daría la vuelta a Panamá y descargaría el clavo para que lo transportasen a la contracosta y lo reembarcasen para España.

Aquí comienza la segunda parte de la expedición; los ma- rinos de la Victoria fueron los únicos que gozaron los frutos completos de ella, ganados a través de innumerables peligros y sacrificios.

El 21 de diciembre se puso en derroía Sebastián del Cano con cuarenta y siete españoles y trece indios de tripulación, en- derezando el rumbo hacia el Suroeste.

Arribó a Mailúa, situado a ii° de latitud austral, y salió ©1 20 de enero, fondeando el 27 cerca de Timor, donde se pro- veyó de víveres y cortó enérgicamente una pendencia del equi- paje que costó no pocas vidas. Delcano ajustició a los promo- tores de ella y perdonó a los demás ; Bartolomé de Saldaña y

como estas naos abian de venir a su ysla por lo qual dava gracias a dios que asi lo abia hecho en traellos asi a su ysla e los dchos Capitanes e oficiales ofrecieron al dicho Rey de tidori las naos e gente que en ellas abia para su servicio diziendole que el emperador e Rey de Castilla nuestro señor asi lo mandava e los dichos gover- naidores e oficiiales le hizieron un presente en nombre del emperador e Rey de Castilla nuestro señor al dicho Rey de tidori de ciertas ropas e cosas de seda e otras de 'as de Castilla de lo qual dio las gracias el dicho Rey de tidori e asi mesmo hizo otras muchas ofertas al emperador e Rey de Castilla nuestro señor e asi mesmo fueron dados otros muchos presentes e cosas a los governadores e hombres prin- cipales de la dicha ysla que con el venian en presencia del dicho Rey de tidori." Ibid.

Juan Sebastián del Cano

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Martín de Ayamonte se huyeron a nado el 2 de febrero de 1522 por la noche.

El 1 1 d'e dicho mes levó anclas, gobernando su embarcación por aquel gran golfo del mar Indico llamado Laut-chidol, en- tre Oeste y Sur, para evitar el encuentro con los portugueses; apartándose, por consiguiente, de Sumatra, Pegú, Bengala, Ca- licut, Goa, Ormuz y de toda la costa de la India mayor, ba- jando hasta 42° de latitud austral para doblar con más facili- dad el Cabo de las Tormentas o de Buena Esperanza.

Logrólo tras continuados esfuerzos y siete semanas de bre- ga; propusieron algunos recalar en Mozambique para refres- car los víveres ; mas del Cano se negó resueltamente, secunda- do por la imayor parte de los castellanos, que preferían morir antes que desviarse del rumbo que los había de traer derecha- mente a España.

Doblado el Cabo, navegó la Victoria al Noroeste durante dos meses continuos sin tocar en puerto alguno; murieron en este tiempo unos veinticinco entre indios y españoles, y, si Dios no les favoreciera con buen tiempo, perecieran todos sin re-, medio.

Obligados al fin por la necesidad, y extenuados por la fati- ga y el hambre, dirigiéronse a la isla de Santiago de Cabo Verde, frente al pueblo de Rivera Grande, jurisdicción del Rey de Portugal ; en un esquife bajó a tierra el contador Martín Méndez con doce hombres (i) para exponer al gobernador sus infortunios y obtener de él el socorro apetecido.

(i) Consta este número de la carta del Emperador (Valladoílid, 13 de Septiembre 1522) a Sebastián del Camo, donide dice: "En los trece hombres que vos fueron tomados en las islas de Cabo Verde, yo he mandado proveer para su deíiiberación ílo que conviene." Herrera no cuenta más que los doce siguientes : Martín Aléndez, Pedro de Tolosa, Ricarte de Normandía, Roldan de Arbot, Maestre Pedro, Juan Martín, Simón de Burgos, Fe'ipe de Rodas, Gómez Hernández, Ocacio Alonso, Pedro Chindurza y Vasquito Gallego. Década HI, libro 4°, cap. i.°. -pág. lio.